Escritores bajo asedio

por Diane Alméras

«Cuando se ataca el patrimonio literario y la libertad de expresión, se ve mermada nuestra capacidad para desarrollar las narrativas y las ideas necesarias para comprender y abordar los retos del mundo que parecen insuperables, lo que supone un costo que todos debemos asumir».

Ma Thida, presidenta del Comité de Escritores Encarcelados de PEN International

El 23 de abril pasado, con motivo del Día Mundial del Libro, PEN International presentó su Lista de casos anual titulada “Escritores bajo asedio: Desafiando el silencio”, el cual “documenta una preocupante tendencia mundial: el espacio para la expresión, la cultura y la disidencia se está reduciendo a medida que los gobiernos intensifican sus esfuerzos por silenciar las expresiones críticas y persiguen a los escritores por su obra”.[i]

La Lista de casos 2026 de PEN Internacional documenta la persecución de escritores y periodistas en todo el mundo, junto con la respuesta solidaria que esta despierta, narrando a su vez “una historia de resistencia y solidaridad internacional”. Solo en 2025, PEN Internacional fundamenta 140 casos de persecución en todo el mundo, entre ellos 32 escritores encarcelados, 26 sometidos a acoso, 23 que se enfrentan a acoso judicial y 12 víctimas de desaparición forzada. Felizmente, reporta también algunas victorias que han sido el fruto de la labor de defensa de la organización: “Entre ellas se incluyen la absolución y liberación del escritor mozambiqueño Alex Barga, la condena de Hadi Matar por el ataque a Salman Rushdie, la absolución de la escritora filipina Amanda Echanis, la liberación del periodista ucraniano Vladyslav Yesypenko y la liberación del escritor británico-egipcio Alaa Abd El-Fattah”.

Desgraciadamente, luego de décadas soñando democracia y libertad, hoy en día somos testigos de un creciente debilitamiento de las protecciones a la libertad de expresión, especialmente por la erosión de las salvaguardias internacionales que la protegen. PEN Internacional observa al respecto que, en muchos países, los gobiernos ya ni siquiera pretenden respetar los derechos humanos ni tampoco las normas que gobernaban el orden mundial, sin contar con “los recortes en la ayuda internacional por parte de los principales donantes están socavando el apoyo humanitario, la educación y la vida cultural”. 

Esta vida cultural está siendo aún más devastada por los conflictos armados en países como la República Democrática del Congo, Myanmar, Palestina, Sudán y Ucrania: “En Sudán, hasta el 90 % de las sedes de los medios de comunicación han sido destruidas, y 27 periódicos se han visto obligados a cerrar. El número de periodistas activos ha caído de 1 500 antes de la guerra a entre 250 y 300, y solo unos 70 siguen trabajando dentro del país. En Ucrania, las fuerzas rusas han asesinado al menos a 255 figuras culturales, entre ellas escritores, artistas e historiadores. En Gaza, los bombardeos israelíes han destruido hogares, bibliotecas y espacios culturales y han desplazado a escritores y artistas. En otros lugares, la violencia de las bandas en Haití ha restringido la vida cultural y el acceso a la información.”

La represión que pone en peligro el espacio cívico ha generado movimientos de protesta masiva, que a su vez han sido respondidos de manera violenta por las autoridades, que recurren a la fuerza excesiva, las detenciones masivas y otras restricciones, como los cortes de Internet, prohibiciones de las redes sociales o del uso de VPN para eludir la censura. Por ejemplo, en Cuba, el poeta y académico José Gabriel Barrenechea Chávez fue condenado a la pena máxima de seis años de prisión por participar en una protesta pacífica, como lo había sido la poeta María Cristina Garrido en 2021.

La lista de casos documenta como los gobiernos persiguen cada vez más a   escritores fuera de sus fronteras mediante la represión transnacional. Entre las tácticas utilizadas figuran los juicios en absencia del acusadolas amenazas de extradición y el acoso a los familiares. En nuestra región las autoridades nicaragüenses recurrieron a tácticas de intimidación, como la privación de la nacionalidad y la denegación de la renovación de pasaportes. 

El informe destaca también la creciente manipulación de los espacios de comunicación con el uso de información errónea y de la desinformación, a menudo amplificadas por la inteligencia artificial, que “se utilizan cada vez más para distorsionar el debate público y alimentar campañas de desprestigio contra periodistas y escritores”. En las Américas, dar abiertamente su opinión ha tenido cada vez más un alto precio. Además del acoso judicial, prohibiciones de libros, campañas de desprestigio, exilio y amenazas físicas que enfrentan escritores y periodistas, en 2025 “los asesinatos de periodistas alcanzaron su nivel más alto desde 2021, la mayoría de ellos cometidos con total impunidad”. En el mundo, “la censura de libros y la represión cultural están aumentando, especialmente en EE. UU. y Canadá, pero también en Cuba, México y Turquía, y se dirigen cada vez más contra obras que abordan cuestiones de género, igualdad racial y temas LGBTQI”.

¿Qué hacer? Si bien PEN Internacional tiene una lista de recomendaciones dirigidas a los gobiernos y a la comunidad internacional con vistas a “poner fin a los ataques contra la población civil, los escritores y las infraestructuras culturales, y garantizar la ayuda humanitaria y la reconstrucción de los sectores educativo y cultural”, lo que se necesita ante todo es la participación ciudadana en las campañas de consciencia de la organización y su difusión. Como lo dice bien el título de la Lista de casos 2026, es crucial “desafiar el silencio”, mantener la palabra viva en contra de la represión es nuestro primer deber colectivo. 


[i] El presente artículo se refiere al material de difusión publicado por PEN Internacional en ocasión del lanzamiento de su Lista de caso 2026. Véase aquí toda la información y la Lista de casos: https://www.pen-international.org/news/writers-under-siege-defying-silence-pen-international-case-list-2026

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