De relatos y dinosaurios
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” escribe el escritor hondureño Augusto Monterroso (1921 -2003) y este texto, “El dinosaurio”, considerado el microcuento más breve de la lengua hispano parlante, es una historia que, por muy corta que sea, es universal y, como tal, tiene millones de interpretaciones. Cada lector tiene su propio dinosaurio y puede recordar qué pasó por su mente cuando lo vió al despertar.
No hay que ser peyorativos con los dinosaurios, ya que puede ser un placer despertar y encontrar uno de estos prehistóricos animales
El microcuento es un relato que se caracteriza por la elipsis y la ironía, tener un final abierto y un lector muy activo. Estos se clasifican en fantásticos, metaficcionales (sobre la escritura), humorísticos y simbólicos. Recordemos que todo texto es sólo la propuesta de un autor que termina de ser escrita por un receptor. La literatura siempre es un juego. Escritores como Borges, Cortázar y Galeano han jugado con este género literario. En Chile destacan nombres como los de Vicente Huidobro, Pia Barros, Diego Muñoz y Adolfo Couve.
Más allá de conocidos escritores, desde siempre el microcuento ha sido usado para la enseñanza. Esopo hizo de estas narraciones, el siglo V AC, algo que todavía se usa en la educación básica y prebásica. Muchas veces estos relatos se han transmitido oralmente de generación en generación.

Dentro de estos relatos, uno de los más conocidos, en nuestro país, es “El roto que engañó al diablo”, que cuenta la historia de Bartolo Díaz, un huaso pobre y hábil que le vendió su alma al diablo a cambio de riqueza. Bartolo firma un papel en que se compromete que mañana se irá al infierno. Cuando, al día siguiente, el diablo va a buscarlo, Bartolo le recuerda que se lo debe llevar mañana. Así ocurrió todos los días y el diablo nunca se lo pudo llevar. Según se cuenta, este relato se repite en diversas culturas cambiando sólo el protagonista.
Animales y niños

Muchos de los microcuentos tienen como protagonistas a animales antropomorfizados, es decir, animales con características humanas. Otro género, ampliamente difundido, es el de aquellos relatos protagonizados y focalizados por niños. Entre estos cabe destacar el del escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez (1932-2014) quien, en su relato “Un niño como yo”, cuenta que: “Un niño de cinco años que ha perdido a su madre dentro de la muchedumbre de una feria, se acerca a un agente de policía y le pregunta: ¿No ha visto a una señora que anda sin un niño como yo?” En este texto el niño es el protagonista, sería muy distinto que fuera la madre la que preguntara. Tampoco sabemos qué le contestó el policía, por tanto tiene el final abierto y también es un relato breve con síntesis. El juego literario cumple con todas sus normas.
Todos los años, en distintas partes del mundo, se realizan diversos concursos de microcuentos, lo que hace que muchos jóvenes se interesen en la literatura.
El microcuento como recurso ideológico
Desde siempre estos pequeños relatos han sido un espacio para dar un mensaje de enseñanza o moral. Se habrá de recordar que, según los evangelios, Jesús utiliza las parábolas para predicar su mensaje. Estas parábolas son microcuentos que tienen una función educativa y son parte del ideario cristiano hasta el día de hoy. Recordemos que la Vicaría de la Solidaridad se fundamentó en la parábola del buen samaritano.

El cristianismo no es la única ideología que predica con microcuentos. La cultura oriental narra que iba Lao Tse caminando, muy concentrado, por el campo, cuando de pronto escuchó una voz que le decía: ”deja pasar a los hormigas”, al mirar hacía abajo vio que estaba a punto de matar a una hormiga y retrocedió. Miró hacia atrás para ver quién le había hablado, no vio a nadie, entonces escuchó la voz de su maestro que le decía que no lo veía porque sólo miraba con los ojos de la cara, ni siquiera veía donde caminaba, que necesitaba mirar con los ojos del espíritu.
Este microcuento ha sido usado por diversas espiritualidades a través de la historia.

En el Chile más reciente, también se usó de estos microrrelatos como una forma de dar cuenta de lo que fue la dictadura. La escritora Pía Barros (1956) publica el año 2000 su microcuento Golpe. “Mamá -dijo el niño – qué es un golpe. Algo que duele muchísimo y deja amoratado el lugar donde te dio. El niño fue hasta la puerta de su casa. Todo el país que le cupo en la mirada tenía un timbre violáceo.
Como se puede observar el microcuento es un género literario que forma parte de nuestra cultura, que está vigente desde hace miles de años y permite despertar junto a un dinosaurio, no matar una hormiga o engañar al diablo.
2 comments
Magnífica muestra de lo que es un microcuento.Toda mi admiración por Pía Barros y por Monterroso.
Buen punto enumerar algunas de las utilidades de los microcuentos Watón (R)