Cartografía desde el Inframundo

por Juan Enrique Piedrabuena

Estoy dormido y mi mente flota,

desprendida en el inframundo,

contemplando la extensión de mi cuerpo

como si fuera un mapa

con sus secretos escondidos.

Cabeza de cabellos blancos

y pronunciada calvicie,

que delatan una edad

más allá del límite de los vivos.

Ojos un poco bizcos,

pero fijos en un solo punto,

denotan una concentración férrea.

Una nariz roma con aletas

que vibran al aliento

de un último viaje.

Patas de gallo en los bordes,

caminos a otra vida y otro tiempo,

labios delgados que aún sonríen,

y un mentón pronunciado

que se despliega en la papada

que desciende indecorosamente 

hacia el cuello.

La cabeza descansa en un cuerpo grande,

desproporcionado en su forma,

con sus presas rendidas

a las leyes de la edad,

y en el pecho un tatuaje antiguo

con un nombre semi borrado,

que el tiempo no pudo olvidar.

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