Cavernícolas
El jueves 26 de marzo, un grupo de personas puso una placa en General Salvo 87. En dicha casa funcionaba, hasta hace poco, una imprenta, sin embargo, la placa no recordaba la imprenta sino que rememoraba el lugar donde había vivido, entre fines de los 70 y 1983 el artista Enrique Lihn. El evento fue convocado por Andrea Lihn, actriz y presidenta de la fundación que lleva su nombre.
Lihn tuvo una historia y prehistoria en un mundo de ficción. Según le contaba a Pedro Lastra, “me crié en la casa de mi abuela, lo que me transformó en el confidente metafísico de sus preocupaciones y angustias”. En esos años convive con su tío Gustavo Carrasco, el primer artista de carne y hueso que conoce y entra a estudiar pintura a los 13 años, lo que le permite dejar el colegio. Luego de un tiempo comienza a perder el interés por el dibujo y la pintura y se dedica a la literatura, las perfomances y los cómics
Entre los años 1949 -1955 escribe un ensayo sobre la obra de Nicanor Parra y, en 1952, publica el collage “Quebrantahuesos” junto a Parra, Jodorowsky, y Luis Oyarzún. Al revisar su obra se puede percibir que abarcó diversas manifestaciones artísticas (poesía, narrativa, ensayo, teatro, dirigió dos películas) y, además, fue referente para un grupo de jóvenes escritores como Gregory Cohen, Jorge Ramírez, Roberto Brodsky y el pintor Oscar Gacitúa quienes fueron parte de este grupo de “Cavernícolas”, como se refería el crítico argentino Héctor Libertella (1945-2006) a la obra de Lihn.

Si algo caracterizó a Lihn fue su lejanía del poder. En los años 60, vivió en Cuba, se enamoró de una bailarina con quien se casó, trabajó en Casa de las Américas y escribió en el Granma, sin embargo, su amistad con Heberto Padilla (1932-2000) lo transformó en un autor peligroso para la isla. Años después, ya viviendo en Chile, lanza su poemario “Paseo Ahumada” y se instala con un megáfono en Ahumada con Alameda desde donde se dirige a los transeúntes diciendo “Su ayuda es mi sueldo/ su sueldo es la cuadratura de mi círculo que saco con los dedos para mantener su agilidad/su calculadora es mi mano a la que le falta un dedo con el que me prevengo de los errores de cálculo”. Lo que Lihn no calculaba, era que en ese instante sería detenido y llevado a la Primera Comisaría.
Una voz siempre presente
En 1971 escribe “Batman en Chile”, una novela experimental y paródica que narra la intervención de la CIA y Batman en la desarticulación de un gobierno de izquierda en Chile. Está novela incorpora recortes de prensa, tanto de Chile como del extranjero, y forma parte de la trilogía del poder, junto a “La orquesta de cristal” (1976) y “El arte de la palabra” (1980). La novela fue publicada en Argentina en junio del 73, sólo tres meses antes de la instalación de la dictadura que, evidentemente, prohibió su circulación. Esta obra fue considerada como premonitoria.

En 1978 publica “Lihn y Pompier”, en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile. El personaje, creado por Lihn y Germán Marín en 1969 para la revista “Cormorán”, fue considerado como: “el eslabón perdido de la literatura chilena y el genuino representante del surrealismo púdico”. Su nombre proviene del “Art pompier” que se refiere, peyorativamente, a artistas, validados por la Academia, que se hicieron famosos por sus lenguajes alegóricos e historicistas y terminaron en contubernios con el poder. Meses antes, el 28 de diciembre de 1977, día de los inocentes, realiza, con el mismo personaje, un happening en el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura.
Lihn, en plena dictadura, decide no callar y enfrenta la censura, sin embargo, no lo hace desde el panfleto o desde la postura de víctima, sino que, como dice el escritor peruano Daniel Rojas Pacha,”opta por saturar la maquinaria comunicativa y la hace chirriar con un caudal discursivo de palabrería impotente”
La casa de General Salvo

Por la casa de General Salvo, al subir una escalera, uno se enfrentaba con cientos, miles, de libros y un gran sillón de mimbre donde Lihn recibe a sus contertulios. Uno de los eventos más conocidos es cuando, un grupo de poetas jóvenes se reunieron y hablaron de poesía y algunos leyeron en dicho sillón. Entre estos últimos está Rodrigo Lira, que lee y es filmado por Carlos Flores. Esa cinta ha sido exhibida en numerosas oportunidades. Hay que dejar claro que la relación de Lira y Lihn, nunca fue de las mejores, sin embargo Lihn escribió el prólogo del grupo “Proyecto de obras completas” que se publica luego que Rodrigo Lira hubiese muerto.
Lihn nunca pierde la voz, incluso cuando el cáncer lo consume está creando y dice que sus peores momentos son cuando no tiene una idea nueva.