La derecha siembra vientos de tormenta

por Marcelo Contreras

Pese a los avances en diversas materias respecto de la reforma del sistema previsional y al controlado optimismo expresado por el ministro de Hacienda, su destino parece mas que incierto. Subsisten diferencias algo insalvables entre la propuesta del gobierno para destinar un 1 % de la cotización adicional del 6 % de cargo patronal a equidad de género y un 2 % a financiar el pilar solidario, en tanto que el otro 3 % iría a la capitalización individual. Una propuesta inaceptable para la derecha que, a lo más, aceptaría destinar un 0.5 % a solidaridad de género. Y eso, con serias dificultades con sus aliados republicanos. Incluso la fórmula que garantizaría 0.5% a la equidad de género y un 2 % como un préstamo a 20 años para financiar el pilar solidario, ha sido cuestionada abiertamente por la oposición. Como era previsible, la comisión de expertos designada para analizar el tema, no se pronuncia por ninguna fórmula especifica, limitándose a analizar diversos escenarios (entre otros, la alternativa de destinar el 0,5 % a equidad de género y un 1,5 % como préstamo a 20 años, con un 4,5 % a capitalización individual).

Para la derecha, el tema de la reforma previsional se ha transformado en un verdadero test no tan sólo respecto de su capacidad de construir acuerdos sino también de actuar unida, como les ha solicitado cuidadosamente Evelyn Matthei a los parlamentarios de su partido, e inevitablemente eso lleva a que Chile Vamos continué tentada a coincidir con republicanos, que ha elevado a la categoría de principios destinar íntegramente el 6 % a capitalización individual,  en contrapunto de sectores de Renovación Nacional, en donde parece haber una mayor disposición a llegar a un acuerdo que zanje este tema y no deba ser asumido por el próximo gobierno.

La diferencia no es baladí. A fin de cuentas, roza con temas de principios. Con visiones de la vida en una sociedad democrática. La solidaridad y cooperación se contraponen con el individualismo extremo, en donde cada uno se rasca con sus propias uñas (la plata es mía y de mi cuenta no sale ni un peso). En verdad, la derecha está a punto de farrearse una gran oportunidad de resolver el complejo tema previsional. La propuesta gubernamental, aún bajo la fórmula del 1 % para equidad de género y un préstamo a 20 años de un 2 % para subir las actuales y futuras pensiones, es una fórmula de compromiso, con bajo costo político y que beneficia a la inmensa mayoría con muy escasa o nula capacidad de ahorro, además de los actuales pensionados. Y se financia con una parte de la cotización adicional, de cargo patronal. Su eventual rechazo tan sólo podría ser explicado por un extremo ideologismo, la defensa de intereses minoritarios y miopes cálculos políticos, frente al temor que el gobierno pueda capitalizar electoralmente el limitado éxito en la materia.

 Enfrascada en una dura disputa por la hegemonía y el liderazgo futuro, los diversos sectores de la derecha compiten por cual es más duro con el gobierno. La llamada política de los acuerdos ha sido reemplazada por la confrontación (“de que se trata, que me opongo”; a qué ministro (a) podemos acusar; cuáles presuntas irregularidades podemos investigar). Sin duda, es una visión cortoplacista, que no considera el complejo escenario que deberá enfrentar el gobierno que suceda al actual, cualquiera sea su signo, en donde ningún sector puede aspirar a contar con mayoría parlamentaria.

Todo esto apunta a la fragmentación opositora en disputa por la hegemonía futura. Evelyn Matthei es la figura mejor aspectada en las encuestas, pero dista mucho en ser una figura de consenso que permita aglutinar a los diversos sectores en que hoy se divide. Bien pudiera ser que Renovación Nacional resuelva proclamarla como su candidata a la presidencia. Y otro tanto podría hacer Evopoli (una vez que resuelva el bochorno de su accidentada elección interna). En cualquier caso, la opción de una primaria interna está vigente, más allá de las pretensiones del exalcalde Carter u otro (a) eventual postulante.

Las posibilidades de incluir en esas primarias a José Antonio Kast, como aspirarían los dirigentes de Chile Vamos, son prácticamente nulas. El líder republicano ha reafirmado su decisión de competir en primera vuelta por la nominación presidencial. Y todo apunta a que esa confrontación Será “a cuchillo” como ha sotenido la senadora Paulina Núñez. Sin descartar que Johannes Kaiser decida seguir su ejemplo y otro tanto haga Rojo Edwards.

Si la reforma previsional terminara frustrada en la puerta del horno, pese a los denodados esfuerzos del gobierno por construir un consenso, la derecha no tan sólo deberá asumir los costos políticos por este nuevo fracaso sino también corre el riesgo de heredar un complejo tema que puede explotar en las manos del próximo gobierno. Así ocurre con las otras demandas insatisfechas que se manifestaran durante el estallido social y que siguen plenamente vigentes, como lo señala el reciente informe del PNUD.

El ruido de la movilización social

Ciertamente en el oficialismo se encienden luces rojas respecto del futuro de esta reforma postergada por más de una década. El Frente Amplio lo hace en consonancia con lo sostenido por el Ejecutivo valorando aquel 3 % de la cotización adicional para mejorar las pensiones actuales y futuras, además de introducir una mayor competencia en la administración de los fondos previsionales, con la participación de un actor estatal. Una postura que podría unificar las posiciones al interior del oficialismo, con la convicción que un mal acuerdo no resolverá el sensible tema de las pensiones en nuestro país.

Dirigentes del Frente Amplio han convocado a un “volanteo”, como expresión de movilización social en apoyo a una reforma del sistema previsional, en consonancia con aquel llamado del senador comunista Daniel Núñez, de poner los dos pies en el gobierno y dos en la calle. Una convocatoria que la derecha califica vociferantemente como antidemocrática, sosteniendo que se pretende imponer por la fuerza lo que no es posible alcanzar por los mecanismos democráticos. Pero, en verdad, la movilización social es parte de la democracia (como no lo son los actos de violencia o vandálicos que algunas veces los acompañan). No se puede intentar demonizar esa movilización, Bastante menos democrático es el despliegue de poderes fácticos, con millonarios recursos económicos y mediáticos, en defensa de intereses de una minoría. Nadie está llamando a un nuevo estallido social. Tan sólo a la movilización de sectores sociales en defensa de sus intereses. La interrogante es la capacidad que tengan estos partidos para convocar a una movilización efectiva en estos tiempos marcados por la lejanía y desconfianza de la ciudadanía con los actores políticos.

Los desafíos del progresismo

Pero el oficialismo y mas allá, el conjunto del progresismo, enfrentan un problema tan serio como el que tiene la derecha, no tan sólo para viabilizar la agenda gubernamental sino también para proyectarse a futuro. Gabriel Boric ganó en segunda vuelta, pero no alcanzó una mayoría parlamentaria para apoyar a su gobierno. El esquema de un gobierno apoyado por dos coaliciones y un centro representado por la DC, que se declara no oficialista, ha funcionado con sensibles déficits y no pocos errores no forzados. Al igual de lo que sucede en la derecha, el mundo progresista no tiene la capacidad de sumar la amplia diversidad que se alberga en su interior. Y no aparece un liderazgo capaz de unificarlo. Es su mayor debilidad, y la mayor fortaleza de la derecha.

El reciente Consejo Nacional de la DC, ha afirmado que no integrará una misma coalición con el Frente Amplio y el PC, reiterando el llamado al socialismo democrático para romper los lazos que lo unen con esa izquierda, para integrar una coalición de centro izquierda, declarando que levantará un candidato (a) presidencial para competir en primera vuelta (lo que supone su propia lista parlamentaria).

Por su parte, tanto el Partido Socialista como el Frente Amplio han anunciado que levantarán un(a) candidato (a) presidencial de sus filas para competir en primarias lo mas amplias posibles del progresismo, que se sumarían a la postulación del líder del Partido liberal, Vlado Mirosevic, que ya ha anunciado su decisión de competir. Y presumiblemente, otro tanto haría el partido comunista, que se encuentra en la etapa final de su congreso, que debe decidir su línea estratégica, incluyendo su política de alianzas.

En verdad, este congreso, que se desarrolla desde la base hacia arriba, para culminar con la aprobación del documento final y la elección de su nuevo comité central, ha recibido una escasa cobertura periodística, pese a la trascendencia de una deliberación que ha enfrentado a la vieja guardia con las nuevas generaciones y sectores que impulsan una renovación programática y consolidación de una amplia política de alianzas.

Sin que haya trascendido mucho de ese debate, ciertamente se reflejan contradicciones evidentes y más visibles que en el pasado histórico del PC, con una ortodoxia marxista leninista clásica, que se refleja más rudamente en los alineamientos internacionales difíciles de digerir en el resto de la izquierda y el progresismo del país. Así se manifiesta en los vínculos cercanos con el régimen de Maduro en Venezuela, con Cuba, e incluso con la descompuesta dictadura de Ortega en Nicaragua. Menos defendible resulta la simpatía con Putin en Rusia y más recientemente el rechazo al derrocamiento de la dictadura siria. Todas posturas que empantanan un acuerdo fluido en la política nacional con el resto del progresismo, incluida ciertamente la DC.  

En verdad, es muy compleja la unidad en la amplia diversidad que se reconoce en una vertiente progresista en nuestro país. Una diversidad que va desde la DC, que se declara no oficialista, hasta el PC, pasando por el llamado socialismo democrático, que no ha logrado cuajar, hasta el momento, un proceso de convergencia orgánica y una nueva renovación, como proponen algunos sectores.

Con todo, es más que evidente que tan sólo una amplia unidad del progresismo, más allá de los estrechos límites partidarios, puede permitirle levantar una propuesta competitiva y convocante para enfrentar a la también difusa derecha, con alguna proyección de futuro. El vacío de liderazgo se llena, mal o bien. Por ahora, el tema de las encuestas son apenas datos referenciales. Lo verdaderamente relevante, es la propuesta que se ofrezca al país (un debate retrasado ciertamente), la amplitud de fuerzas que la respalde y, por cierto, la credibilidad del liderazgo que asuma su conducción. Y esa es una asignatura pendiente del progresismo, con tiempos muy acotados para resolverla.

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