Lavín, el ilusionista, denominó el abogado Patricio Zapata, en una columna de opinión, al Alcalde de Las Condes. Así, por su propuesta de construir una torre de viviendas sociales en la comuna, aprovechando parte de los cuantiosos recursos que obtendrá de su vecina Vitacura, en pago de terrenos que pertenecían a Las Condes y el Alcalde Torrealba quería destinar a parques recreacionales, para lo cual requería cambiar el uso del suelo.
Enterado de dicha decisión, el ingenioso Lavín sacó del sombrero la propuesta de construir viviendas sociales, trabando un largo litigio que culminó con la decisión del municipio de Vitacura para comprar ese terreno a un precio más que conveniente para la rica comuna, evitando la reducción del valor que hubiese implicado el cambio del uso del suelo.
Con parte de esos recursos Joaquín Lavín financiará la construcción de una torre de viviendas sociales en la rotonda Atenas, reinstalando un viejo debate respecto de la extrema segregación de la ciudad capital. La misma que impuso la dictadura y, con singular energía, implementó Lavín en sus tiempos de alcalde designado. Basta recordar cómo fueron erradicados los pobladores de la Villa San Luis, en la Comuna de Las Condes, durante ese período para lanzarlos a los extramuros de la capital.
Ciertamente, los esfuerzos de integración urbana en Santiago y regiones no son nuevos en nuestro país. Diferentes gobiernos, de signo progresista, han desarrollado políticas para rectificar la segregación extrema. La misma que, entre otros efectos perversos, condena a trabajadores a viajar por larguísimas y extenuantes horas desde sus hogares en comunas que carecen de básica infraestructura que garantice una aceptable calidad de vida a sus familias.
Lo indiscutiblemente novedoso es que un alcalde de derecha asume, aunque parcial y acotadamente, la bandera de la integración urbana, respaldado por un ministro de la Vivienda que, entusiasta, sostiene que si su sector abraza esta causa, con políticas, recursos y real decisión gubernamental, la proyección en el poder estaría asegurada.
No pareciera relevante el dividendo mediático ganado por Lavín, al que contribuyen la mayoría de los medios, sin información de contexto. Tampoco que sus camaradas de la UDI lo vean como una futura opción presidencial (que bien la necesitan). Lo esencial es que ha puesto en la agenda un tema muy trascendente, que polariza posiciones confrontadas en la derecha.
Más vale tarde que nunca, reza el refrán. Y aunque la iniciativa es muy acotada, no deja de ser un avance, que podría beneficiar a familias de trabajadores que aún mal viven, precariamente en Las Condes y otras comunas.
No dejan de sorprender las reacciones y polémicas generadas con la decisión del Alcalde Lavín. Aunque parezca minoritaria, se manifiesta la fea cara de segregación, discriminación y exclusión, que aún se anida en un sector de nuestra sociedad. Similar a la que se manifiesta en otros ámbitos, como los vinculados a nuestros pueblos originarios y la inmigración.
Con todo, resulta alentador que un 87 % de los chilenos encuestados se pronuncien a favor de la iniciativa y sus implicancias. Un momento propicio para instalar, con seriedad, los cuantiosos efectos de la segregación urbana. Un desafío mayor, que requiere de vigorosas políticas públicas. En aquello profundiza una reciente propuesta de la ex ministra de Vivienda, Paulina Saball, acentuando en los avances conseguidos durante anteriores administraciones.
La palabra la tiene el gobierno, las bancadas parlamentarias, también alcaldes y concejales. Y, cómo no, la ciudadanía.
La segregación urbana y el estilo Lavín
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