Columna de Luis Breull. El derrumbe (publicitario) de la prensa escrita

por La Nueva Mirada

Desde el año 2018 comenzó un violento declive de inversión publicitaria en la prensa escrita nacional – dígase el duopolio de los grupos El Mercurio y Copesa-, que hoy atraviesa su peor momento. Cientos de despidos, cierre de algunos diarios y revistas históricas, así como la prescindencia de funciones clave como los correctores de estilo, revelan la cara triste de un mundo que renuncia casi por completo a la impresión en papel… y que resiente de forma sostenida su calidad.

David Carr, un clásico y ya fallecido escritor/columnista de The New York Times, a comienzos de la década pasada solía defender el presente y futuro de la prensa escrita –incluyendo el suyo y el de su medio- con duras críticas hacia la industria respecto del aporte real y la calidad del periodismo impreso en el entorno digital. La fórmula de reconversión de este clásico periódico estadounidense, uno de los más plurales y respetados en el mundo, quedó plasmado en el documental Page One, en donde Carr y algunos de sus compañeros, como Bill Keller o Brian Stelter, reivindican un exigente modelo de trabajo que transita entre la gratuidad parcial y el pago por los contenidos premium. No obstante, el foco siempre radica en el peso de la información que se entrega y en el pacto de fidelidad frente a esta promesa con sus lectores.

¿Tradicional o anacrónico?

Salir a la calle y preguntar a los transeúntes hace cuánto tiempo que no leen un diario en papel puede llevar a respuestas sorprendentes. Los kioskos que antes llenaban sus frontis con las portadas de la prensa del día hoy lucen el reciclaje de viejas fundas corporativas para colocar a La Tercera y La Cuarta del día con periódicos, revistas y cuanto impreso tengan a mano. Incluso se da la paradoja de ver en esos plásticos transparentes con el logo de Copesa a las ediciones del día de LUN, El Mercurio o La Segunda.

La interrogante de leer aún o no los diarios en papel, donde La Tercera sólo se imprime para suscriptores los fines de semana, anticipa el cierre de una práctica que por siglos formó parte del ritual informativo de los chilenos: comprar y abrir un diario en papel. Olerlo, hojearlo, mirarlo y detenerse en los contenidos de mayor interés para cada uno. Pero no solo presenciamos un ritual en retirada, sino la interrogante de si realmente vale la pena seguir pagando por el acceso a estos contenidos en sus versiones digitales.

Para The New York Times el diagnóstico es claro. La prensa tradicional en Estados Unidos –sobre todo la de mayor prestigio- sigue nutriendo la recirculación masiva de sus contenidos en otras plataformas, redes y webs que suelen no pagan por esta apropiación. Y en vez de litigar contra quienes mantienen es robo como algo natural, se reorientaron a servir a sus lectores con versiones especialmente diseñadas para móviles, tablets y notebooks, así como segmentaron la oferta con secciones abiertas a todos los visitantes y otras pagadas. Un modelo que para ser efectivo debe asentarse en periodismo de investigación de máxima calidad, veracidad y contrastación de fuentes, sobre hechos relevantes que tendrán consecuencias en la vida pública. No en vano, se trata de un medio que pautea internacionalmente a todo el resto de la prensa.

¿El vaso casi vacío?

Sin pecar de falso optimismo, la lectura actual del escenario de los diarios nacionales es asfixiante. A su pauta ideológicamente sesgada cuando lo que está en juego es tratar temas económicos, políticos o valóricos de fondo, se suman tres años de declive acelerado de su inversión publicitaria.

De acuerdo al informe anual 2020 de Megatime, los diarios de El Mercurio concentraron el liderazgo de toda la compra en avisaje (52,4%), seguido por La Tercera (27,1%), Publimetro (6,7%) y Diario Financiero (6,1%).

Según consta en el reporte de abril 2021 de la Asociación de Agencias de Medios (AAM), existe una recuperación de la inversión publicitaria de todas las industrias mediales (TV abierta, TV de pago, radios, diarios, revistas, cine y vía pública). Comparadas las cifras de los primeros cuatro meses del 2019, 2020 y 2021 se aprecia una oscilación de $229 mil millones, $175 mil millones y $211 mil millones, respectivamente. De estos montos, casi el 50% se queda en los medios digitales (principalmente Google y redes sociales como Facebook, Instagram, Tik Tok y Twitter).

Al hacer un zoom in en la prensa escrita, esta recuperación del presente año no es tal y tiende a hacerse cada vez más crítica. El año 2019 la inversión cuatrimestral era de $24.778 millones, mientras que el 2020 cayó a solo $12.731 millones y este año está en solo $8.524 millones. Es decir, un 66% menos que hace dos años. En contexto general, los diarios se llevaban un 10,8% de share publicitario entre enero-abril 2019, un 7,3% el 2020 y apenas un 4,0% el 2021.

Lo que torna aún más crítico este contexto es la creciente concentración de recursos en el mundo digital, donde estos medios no han sabido levantar aún un modelo periodístico con información que se distinga por su capacidad de golpear al resto de los medios o de marcar agenda. Donde el periodismo de investigación sigue radicándose con mayor fuerza en equipos como los de Ciper y donde el periodismo de opinión e interpretativo asiste a una confluencia virtuosa entre nuevos medios y algunos consorcios radiales de alcance nacional.

¿Valdrá la pena pagar por lo que hoy transita dubitativo entre el papel impreso y el web, sostenido en los niveles de calidad y miradas de la realidad que se ofrecen? Sinceramente, lo dudo.

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