Por Héctor Casanueva
Académico y ex embajador
Si una imagen vale más que mil palabras, una sola frase, dicha de manera espontánea, pre reflexiva y auténtica, desde el fondo del subconsciente, vale más que un tratado de sociología y ciencia política. Es lo que hemos podido percibir en uno de tantos encontronazos de estos días entre compatriotas, a veces con gruesos epítetos, empujones y mechoneos de por medio. La frase espetada hace unos días por uno de nuestros compatriotas en un Mall de La Dehesa: “ándate a tu población de mierda, roto CTM”, merece ser analizada, porque es toda una antología de las relaciones sociales en una sociedad desintegrada como la nuestra. En esa frase y sus componentes, radica con toda exactitud lo que ha sido la historia de una centenaria convivencia mentirosa, un apartheid tolerado y estable mientras cada uno se mantenga en su lugar y no se traspasen los límites geográficos, culturales, educacionales o estéticos. Salvo tal vez, si los patrones de consumo se universalizan desde un sector privilegiado hacia los demás, y la poca movilidad social no llega a alterar sustancialmente la composición de los conjuntos que se rozan, pero no se mezclan. Vamos viendo: empezar lanzando un “ándate” significa claramente que no le corresponde a la persona destinataria estar donde ha llegado a importunar, y por lo tanto debe abandonar ese espacio que es mío en todo lo que representa simbólicamente, donde no le corresponde entrar. “a tu población”, es decir, a ese conjunto apartado, en la periferia, reducto pobre de infraestructura y de áreas verdes, precario y masificado, propio de personas de menor nivel. No le dice “ándate a tu condominio” o “a tu edificio” o, incluso, “a tu parcela”, no, es “ándate a tu población”, a lo que es propio del pueblo. “de mierda”, o sea, ya no se trata sólo de que me he dado cuenta que eres de las poblaciones, sino que en concreto de una población de mierda -todas lo son por definición- en la que vives y de la que no deberías haber osado salir para venir a esta dorada zona santiaguina. Oro y mierda no se mezclan, intrínsicamente incompatibles. Población de mierda en la que pululan las moscas, las calles no tienen suficientes árboles ni resumideros, la delincuencia y la droga son habituales, y tienen escuelas de mierda para gente como tú, que por lo visto y tal como te comportas viniendo acá, son lo que les corresponde. “roto”,persona non grata en estas catedrales del consumo y la beautiful people, ordinario y mal vestido, flaite, mal educado, que pronuncia distinto las palabras, de tez morena natural o curtida por el sol, o tal vez pálida por las tres o cuatro horas arriba de un bus o metro sin ver el sol desde la madrugada a la noche para ir y volver del trabajo, al que yo voy en una 4×4 o en un taxi ejecutivo, que por lo demás me lo merezco, para eso trabajo mucho. Y que sepas que yo venero al roto chileno, pero ese que peleó en la Guerra del Pacífico y se tomó el Morro de Arica, que invadió Lima y todo el Perú, porque ese roto peleó por mí sin exigirme nada, y gracias a él nuestra clase pudo mantener y acrecentar sus privilegios. No como tú, roto CTM que no haces nada por mí ni por mi gente, solo te dedicas a exigir y protestar y lo quieres todo gratis. Y finalmente, “CTM”, el summun, la guinda de la frase expulsatoria, porque CTM no es sino lo mismo de antes pero peor, es decir, “ándate de donde viniste existencialmente y de donde nunca debiste haber salido”, así que “ándate a la CTM, vuélvete a tu origen de mierda en tu población de mierda, no nos fastidies con cacerolas estridentes ni contamines nuestro entorno con tu presencia indeseable.”
La frase espetada hace unos días por uno de nuestros compatriotas en un Mall de La Dehesa: “ándate a tu población de mierda, roto CTM”, merece ser analizada, porque es toda una antología de las relaciones sociales en una sociedad desintegrada como la nuestra.
un apartheid tolerado y estable mientras cada uno se mantenga en su lugar y no se traspasen los límites geográficos, culturales, educacionales o estéticos.
“ándate” significa claramente que no le corresponde a la persona destinataria estar donde ha llegado a importunar,
“a tu población”, es decir, a ese conjunto apartado, en la periferia,
al que yo voy en una 4×4 o en un taxi ejecutivo, que por lo demás me lo merezco, para eso trabajo mucho.
“ándate a la CTM, vuélvete a tu origen de mierda en tu población de mierda, no nos fastidies con cacerolas estridentes ni contamines nuestro entorno con tu presencia indeseable.”
Si la pobreza ahora se mide por factores de multidimensionalidad, la desigualdad tiene que medirse también multidimensionalmente, porque no estamos hablando del índice de Gini sobre desigualdad de ingresos, ni del umbral de la pobreza del Banco Mundial, ni siquiera solo de la equidad, estamos hablando de que el abismo cultural y sobre todo de solidaridad es un componente, incluso tal vez el mayor y más radical, de la desigualdad. En Chile nunca hemos logrado tener una sociedad más integrada. Los grandes avances en crecimiento no han venido acompañados de esa parte fundamental que es el verdadero respeto y consideración por el otro. Es muy triste reconocerlo ahora viendo como la ira se ha hecho parte de lo cotidiano en dos meses de protestas. La verdadera movilidad social es la que logra romper los diques y exclusas culturales y de privilegios que nos tienen divididos centenariamente hasta el día de hoy. Y así seguirá siendo mientras ese pensamiento despreciativo y despreciable evidenciado por la frase en comento no desaparezca. El pacto por la paz tendrá que estar acompañado de mucha pedagogía social a todos los niveles, pero muy especialmente en aquellos en los que persisten el desprecio y la incomprensión hacia los diferentes y más débiles.
En Chile nunca hemos logrado tener una sociedad más integrada.
Es muy triste reconocerlo ahora viendo como la ira se ha hecho parte de lo cotidiano en dos meses de protestas.
Y así seguirá siendo mientras ese pensamiento despreciativo y despreciable evidenciado por la frase en comento no desaparezca.