El calendario electoral Latinoamericano

por La Nueva Mirada

La crisis venezolana se ha tomado la agenda regional de manera casi completa y tal pareciera que no existen otras noticias que merezcan cobertura. Pero la realidad es tan amplia como diversa y la vida continúa. Los procesos políticos y sociales se siguen desarrollando por más que no consigan una debida cobertura mediática. Como sucede en Haití, los intentos de gobiernos de centro derecha por regresar a los alineamientos ideológicos que marcaron la guerra fría y los proceso electorales que vive la región.

En medio del silenciamiento generalizado en los medios nacionales, vale la pena pasar revista al calendario electoral de la región para el presente año y la manera como estos procesos marcarán América latina a futuro.

En medio del silenciamiento generalizado en los medios nacionales, vale la pena pasar revista al calendario electoral de la región para el presente año y la manera como estos procesos marcarán América latina a futuro.

El Salvador

El calendario electoral en la región se inició con la elección de  Nayib Bukele, ex militante del  Frente de Liberación Nacional, inscrito por la derechista agrupación  de la Gran Alianza Unidad Nacional (GANA) derrotando a las principales agrupaciones que dominaron la escena política tras la guerra civil que vivió ese país. Bukele asume el poder el próximo 1 de junio  y su principal bandera de lucha  es el combate en contra de la corrupción que ha marcado  históricamente a El Salvador.

Bukele asume el poder el próximo 1 de junio y su principal bandera de lucha es el combate en contra de la corrupción que ha marcado  históricamente a El Salvador.

Panamá

El próximo 5 de mayo los panameños concurren a las urnas para elegir Presidente bajo nuevas normas diseñadas para reducir el impacto del financiamiento privado en el proceso electoral. La corrupción  es un fenómeno presente en la historia política de Panamá, involucrando al ex Presidente Ricardo Martinelli quién, pese a enfrentar numerosas acusaciones vinculadas a la constructora brasileña Odebrecht, no descarta presentarse como candidato a la vicepresidencia, integrando la fórmula con Rómulo Roux.

La corrupción  es un fenómeno presente en la historia política de Panamá, involucrando al ex Presidente Ricardo Martinelli quién, pese a enfrentar numerosas acusaciones vinculadas a la constructora brasileña Odebrecht, no descarta presentarse como candidato a la vicepresidencia, integrando la fórmula con Rómulo Roux.

Por su parte el oficialista partido panameñista  presenta a  José Isabel Blandón luego de ganar las internas de su partido, en tanto que Laurentino Cortizo, que aparece con un lleve favoritismo, es el candidato del Partido Revolucionario Democrático fundado por Omar Torrijos.

Guatemala

En  el mes de junio Guatemala enfrentará los comicios para elegir al sucesor del mediático y populista Jimmy Morales quien, pese a su promesa de luchar en contra de la extendida corrupción en su país, se ha visto involucrado en numerosas denuncias que la Comisión Internacional en Contra de la Impunidad ha intentado investigar y cuya delegación el controvertido mandatario expulsó del país.

La ex magistrada de la Corte Suprema Thelma Aldana, reconocida por su lucha en contra de la corrupción, representa la principal opción de renovación y cambio en la política guatemalteca.

La ex magistrada de la Corte Suprema Thelma Aldana, reconocida por su lucha en contra de la corrupción, representa la principal opción de renovación y cambio en la política guatemalteca.

Uruguay

La República Oriental del Uruguay tiene el dudoso privilegio de contar con uno de los pocos gobiernos progresistas de la región (compartiría ese discutible privilegio con Cuba, Venezuela (¿) Nicaragua(¿) y Bolivia). En rigor un gobierno con intachables credenciales democráticas, que cumple el tercer mandato consecutivo del Frente Amplio, ante serias dificultades para proyectarse hacia un cuarto mandato, pese a liderar las encuestas.

Primero, por su natural desgaste en el poder. Tres períodos consecutivos (el inicial de Tabaré Vásquez, sucedido por Pepe Mujica y  la nueva reelección de Vásquez) han implicado un desgaste de la alianza de centro izquierda, pese a no registrar escándalos de corrupción como sucede en la mayoría de los países de la región, ni graves crisis económicas o políticas.

En segundo lugar porque  la ola de de gobiernos de derecha que han reemplazado a los de signo progresistas en la región, no puede menos que impactar a ese pequeño país con partidos tradicionales y conservadores ( Blancos y Colorados) que, sumados, superan la votación de los frente amplistas.

En el papel, con la suma de los votos colorados, Lacalle debiera superar al candidato frente amplista en una segunda ronda pero, al igual de lo que ha sucedido en anteriores elecciones uruguayas, la aritmética no calza con la política y el Frente Amplio, pese a todos los factores que le juegan en contra, mantiene una buena opción para proyectarse hacia un cuarto mandato.

La crisis venezolana, respecto de la que el gobierno de Tabaré Vásquez ha marcado neutralidad, negándose a reconocer al Presidente encargado y propiciando una salida negociada, le ha significado al gobierno y al propio Frente Amplio  todo tipo de ataques y acusaciones de la oposición de derecha, que se identifica con la postura dura y confrontacional asumida por la mayoría de los países que integran el llamado acuerdo de Lima.

En tercer lugar se ha producido un natural recambio generacional en los liderazgos frente amplistas luego que Danilo Astori, el histórico ministro de economía y vicepresidente de Mujica, a quién muchos visualizaban como  el candidato natural para suceder al actual mandatario, declinara presentarse como candidato presidencial.

El socialista Daniel Martínez, ex intendente de Montevideo y ex ministro, vinculado al movimiento sindical, aparece como la principal figura de recambio del Frente Amplio, pero aún deberá enfrentar en un proceso de primarias a otras figuras de la centro izquierda, como la ex ministra de Industria, Carolina Cose, el ex titular de Economía, Mario Bergara y el candidato comunista Oscar Andrade.

Con toda probabilidad, el candidato (a) que resulte electo para representar al Frente Amplio en la contienda presidencial, deberá enfrentar al candidato del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle Pou, que marcha en segundo lugar en las encuestas, pese al desafío de un outsider, el empresario Juan Sartori, casado con la hija de un magnate ruso, que busca disputarle la nominación.

Todo apunta a que la contienda se resolverá en una segunda vuelta, en donde Lacalle buscará capitalizar la votación del Partido Colorado, representado en esta elección por el histórico ex presidente Sanguinetti, que marca un muy discreto porcentaje en las encuestas, no superando el 8 % (por debajo de Sartori). En el papel, con la suma de los votos colorados, Lacalle debiera superar al candidato frente amplista en una segunda ronda pero, al igual de lo que ha sucedido en anteriores elecciones uruguayas, la aritmética no calza con la política y el Frente Amplio, pese a todos los factores que le juegan en contra, mantiene una buena opción para proyectarse hacia un cuarto mandato.

Argentina

Las elecciones presidenciales de 2019, al igual que en Uruguay, están previstas para el próximo 27 de octubre (con la posibilidad de cambiar la fecha) y representan una verdadera incógnita, entre las aspiraciones de Mauricio Macri para alcanzar la reelección y de Cristina Fernández para retornar al poder. En la mayoría de las encuestas ambos contendientes muestran un angustiante “empate técnico”, con escasas diferencias a favor de uno u otro, según quién las realiza.

No deja de ser curioso que Cristina Fernández, que abandonó el poder en medios de múltiples acusaciones de corrupción, crisis económica, cesantía y pobreza, mantenga vigencia política y la posibilidad de disputar las próximas elecciones presidenciales, pese a las amenazas de un eventual encarcelamiento

La Corte Suprema de Justicia ha ratificado una orden de detención en su contra, que no puede materializarse dado su fuero parlamentario que ganó en una disputada elección senatorial, en donde llegó segunda pero resultó electa.

En parte, ello puede explicarse por la defraudación de expectativas que ha significado el gobierno de Mauricio Macri, que no ha logrado su principal objetivo de recuperar la economía y detener la inflación, debiendo recurrir al auxilio del Fondo Monetario (FMI), de triste recuerdo para la mayoría de los argentinos.

Mauricio Macri gozó de un extenso “período de gracia” de parte de la mayoría de los argentinos que tendía a culpar al régimen kirchnerista y a la propia Cristina Fernández de todos los males que pesaban sobre el país. Pero ese período parece haberse agotado, al igual que la paciencia de un gran sector trasandino. Y la recuperación no llega pese a las reiteradas promesas del gobierno.

A escasos meses de la elección, la economía argentina registra un claro cuadro recesivo, el proceso inflacionario no cede, la pobreza se incrementa mientras sectores medios y populares enfrentan serios problemas para sustentar necesidades básicas.

Mauricio Macri gozó de un extenso “período de gracia” de parte de la mayoría de los argentinos que tendían a culpar al régimen kirchnerista y a la propia Cristina Fernández de todos los males que pesaban sobre el país. Pero ese período parece haberse agotado, al igual que la paciencia de la mayoría de un gran sector trasandino. Y la recuperación no llega pese a las reiteradas promesas del gobierno.

Y Cristina Fernández, que no ha dudado en victimizarse, atribuyendo todas las acusaciones que pesan en su contra a maniobras del gobierno para desacreditarla, representa una opción aún vigente. Pese a la división del justicialismo y los esfuerzos del peronismo oficial y disidente por levantar una tercera opción.

La reciente elección del gobernador de Neuquén representó un duro revés para la ex mandataria Cristina Fernández, que apoyaba al postulante que obtuvo la segunda mayoría, a gran distancia del gobernador reelecto. Sin embargo el macrismo llegó en tercer lugar.

En verdad, la elección de gobernadores que jalonarán la próxima contiende presidencial de octubre, representan verdadera mediciones electorales entre el oficialismo y la oposición. Y es muy difícil que surja una tercera opción verdaderamente competitiva para enfrentar a Macri o desplazar a Cristina Fernández. Y todo apunta a que la elección se resolvería en una ajustada segunda vuelta en donde los argentinos se verán enfrentados a la disyuntiva del muy discreto continuismo o una vuelta al pasado, con Cristina retornando en gloria y majestad al poder para retomar “el proceso”, que se vio abruptamente interrumpido por el triunfo de Macri y la derrota de Daniel Scioli.

 Bolivia

Aún queda Bolivia, en donde Evo Morales, pese a un referéndum adverso y mañosas interpretaciones constitucionales y judiciales (argumentando que el impedimento constitucional que le impedía postularse violaba sus derechos constitucionales), va en pos de su cuarte reelección consecutiva. La última según sus propias declaraciones, pero también la más difícil, al decir no tan sólo de las encuestas, que marcan “empate técnico” con el ex presidente Carlos Mesa, su principal contendor que, al decir de estas mismas encuestas, se impondría con amplia ventaja en una segunda vuelta.

A diferencia de otras experiencias “socialistas”, “populares”, o “populistas”, como Venezuela o Nicaragua, el legado  económico y político de Evo Morales es más bien positivo, con una importante tasa de crecimiento sostenida de la economía y un inédito proceso de estabilidad política y razonable paz social.

Y esa es la fuerza de Morales. Ese movimiento social integrado por pueblos originarios, mineros, sindicalistas, trabajadores y campesinos, que lo reconocen como uno de los suyos, su líder y principal conductor, movilizándose para mantenerlo en el poder. En un cuarto mandato o de manera indefinida si Evo lo decide.

Pero inevitablemente estos tres mandatos consecutivos implican un desgaste. Y pese a que no se han conocido graves denuncias de corrupción ni de enriquecimiento personal del mandatario, existen algunas acusaciones. Su propia cruzada en pos de una salida soberana al mar para su país, que lo llevó el Tribunal Internacional de La Haya, terminó con un aplastante y lapidario fallo adverso. Y el referéndum constitucional a través del cual intentó legitimar una nueva reelección, terminó en el fracaso.

Pese a todo, Evo Morales enfrentó un proceso de primarias en donde más de 380.000 simpatizantes del MAS (Movimiento al Socialismo), refrendó su opción como candidato, mientras la oposición se restó al proceso.

Tampoco es fácil para la variopinta oposición boliviana.

Y esa es la fuerza de Morales. Ese movimiento social integrado por pueblos originarios, mineros, sindicalistas, trabajadores y campesinos, que lo reconocen como uno de los suyos, su líder y principal conductor, movilizándose para mantenerlo en el poder. En un cuarto mandato o de manera indefinida si Evo lo decide.

Tampoco es fácil para la variopinta oposición boliviana.

También te puede interesar