Hace unos días, la noche del Viernes Santo, un canal de televisión mostró un reportaje sobre los copistas, es decir, aquellos que copian las obras de grandes artistas. La pintora chilena Carmen Aldunate (1940) reclamaba por qué se permitía que le copiaran sus cuadros y se vendieran. El reportaje terminaba con declaraciones de la octogenaria mujer que decía: “todo el país se enfurecería si alguien jugara con la camiseta y el nombre de Alexis Sánchez, pero nadie alega porque copian nuestros trabajos”.
En eso, Doña Carmen tiene razón.
En el mismo reportaje se entrevistaba a un copista que vendía sus trabajos en el Mercado Persa, donde trabajaba con su hija. Este se defendía diciendo: “A mí me llega gente del barrio alto con fotos y me pide que los pinte. Nosotros reproducimos la foto, no la firma, y gracias a eso vivimos” El reportaje finalizaba con funcionarios de la PDI requisando un ejemplar del Winnipeg, de Picasso, algunas obras de Carmen Aldunate, un boceto de Dalí y, de paso, detenían a la hija del dueño del negocio.
Antes que todo, se debe decir, aunque parezca un lugar común, que la culpa no es Alexis, ni de Doña Carmen ni tampoco del comerciante y su hija.

La copia está legitimada. Baste recordar que algunos de los programas más vistos de la televisión chilena, han sido imitaciones a grandes cantantes. (Yo soy. The covers) En otra arista del mismo problema, sabido es que las grandes editoriales publican una importante cantidad de libros para ser vendidos en la calle, si no cómo se entiende que novelas de Isabel Allende, como Afrodita (1997) e Inés del Alma mía (2006), hayan aparecido el mismo día en las librerías que en las veredas.
Una que otra pregunta

Frente a esta situación en la que se ven envueltas una pintora, una comerciante y su hija, entre otros, nacen algunas preguntas, que no por obvias, deben dejarse pasar.
La primera de ellas es ¿cuál es el respeto al patrimonio artístico que hay en nuestro país? ¿Cuándo el estado, a través de su Ministerio de Cultura o de otras instituciones se dedicará a defender el trabajo de los artistas?
En otro aspecto, ¿qué se debe hacer para que una joven, con capacidades pictóricas, de vuelo a su creatividad y produzca una obra propia y no deba ganarse la vida copiando los cuadros de Carmen Aldunate o intentando cantar como Raphael de España o Ricardo Arjona?
Nuevamente se nos asoma el derecho a la creatividad.
El tema parece ser reiterativo, cómo hacemos que, por intermedio de las organizaciones de la sociedad civil, se potencie la creatividad de todos los chilenos. Sólo así podremos tener diferentes Carmen Aldunate, Alexis Sánchez expresando su voz en un cuadro, una guitarra, una cancha de fútbol o en una población, como lo hizo Don Fernando Castillo Velasco en la Villa La Reina a fines de los 60.
No necesitamos al Ricardo Arjona chileno, al Fernando Castillo del Siglo XXI, se necesitan habitantes de este país, que potencien sus capacidades creativamente.

Un asunto de bingos
Se ha preguntado ¿cuántas veces ha recibido una llamada telefónica o un WhatsApp informándole que tal escritor, miembro de un coro o fotógrafo está enfermo y hay que hacerle un Bingo para que pueda pagar sus medicamentos o su estadía en algún hospital?
Muchas. Un ministro llegó a valorar la solidaridad de los Bingos o completadas.
Sigamos adelante y veamos que parte del problema radica en que nuestra tierra, aquella que se vanagloria con Neruda, Violeta y Mistral, no se considera a los artistas como trabajadores.
Haz algo en serio. El arte tómalo como un hobby.
Nadie justificaría que un Constructor Civil o a un Carabinero, no recibiera una jubilación por años de servicio y tuviera un sistema de prestación de salud. En el caso de los artistas es normal que los músicos, actores o malabaristas deban producir eventos solidarios. Muchos dirán, en el caso de artistas famosos, como Carmen Aldunate, Roberto Matta o Jaime Vadell, que no los necesitan, porque tienen medios para subsistir. Muchas veces se comenta que algunos que viven de propiedades heredadas mientras otros han contraído matrimonios con familias pudientes.
Eso no tiene nada que ver. Al Detective, al Carabinero y al Tecnólogo Médico, no se les pregunta si tiene plata para vivir, le dan su jubilación y Servicio de Salud, por exiguo que sea. El tema no es cuánto produce el marido de Carmen Aldunate o cuánto fue la herencia de Tomás Vidiella. Lo importante es que ambos entregaron al país años de trabajo y ayudaron a mejorar nuestra calidad de vida. El estado debe hacerse responsable de aquello.
Pensando un poco

Frente a estas situaciones, se nos vuelve a hacer presente la frase que dice que los seres humanos avanzamos gracias a las preguntas, no a las respuestas.
A pesar de lo anterior, sería bueno pensar en algunas ideas, por ejemplo: ¿Cómo hacer que la cultura deje de ser un compartimento estanco donde sólo caben algunos y se transforme en un bien común, asentada en un Estado y un cuerpo social capaz de cruzar transversalmente sus esferas? Para ello sería interesante de modo que todo ministerio y organismo contemple la cultura entre su conformación y necesidades.
Lo anterior debería provocar que no sólo los ciudadanos tengan derecho a la creatividad, sino que estos puedan interactuar con un estado creativo pluricultural y plurinacional, de bienestar.
Las Artes y la Cultura deben ser un Derecho en el acceso, en la libertad artística y en la creatividad.
Un estado cultural
Evidentemente esto no se puede hacer de un día para otro, pero debemos empezar a abrir nuestros cerebros para ver que es posible vivir en un país donde no haya artistas con temor a ser copiados ni jóvenes con miedo a ser detenidos por copiar fotos que deben reproducirlas para poder comer.
3 comments
Toda la razón,Francisco,la Cultura y el arte en general colaboran para que la sociedad se humanice,sensibilice y aporte para un bien común.Ojalá vayamos caminando para allá!
Gran Analisis
Grande pancho !