¿Qué cantan los poetas?
Sánchez, Reyes, Ramírez, Núñez, Álvarez.
Estos nombres son como los cimientos de Chile.
El pueblo es el cimiento de la patria.
Si los dejáis morir, la patria va cayendo,
va desangrándose hasta quedar vacía.
…Hoy es el humo del incendio, ayer fue el gas grisú,
anteayer el derrumbe, mañana el mar o el frío,
la máquina y el hambre, la imprevisión o el ácido.
No es el gas: es la codicia la que mata en Sewell.
Ese grifo cerrado de Sewell para que no cayera
ni una gota de agua para el pobre café de los mineros,
ahí está el crimen, el fuego no es culpable.
Por todas partes al pueblo se le cierran los grifos
para que el agua de la vida no se reparta.
Pero el hambre y el frío y el fuego que devora
nuestra raza, la flor, los cimientos de Chile,
los harapos, la casa miserable,
eso no se raciona, siempre hay bastante
para que cada minuto haya un herido
y cada hora un muerto.
Fragmento de Catástrofe en Sewell, Pablo Neruda, Canto General.
Hace pocos días, el 19 de junio, se conmemoraron los 75 años de la Tragedia del humo ocurrida en Sewell el año 1945, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, donde todo o prácticamente todo giraba en torno al final del conflicto. Con todo, ésta, considerada la mayor tragedia minera del planeta, impactó en Chile y el resto del mundo.
Eran las 7.30 de ese frío día martes cuando cerca de un millar de mineros entró a trabajar en el turno A de la mina de propiedad de Braden Copper Company. Eran los tiempos en que nadie presagiaba la nacionalización de nuestro mayor recurso natural: el cobre. Nada, tampoco, presagiaba la brutal tragedia de ese día. 355 hombres, mineros, fuertes y esforzados encontraron la muerte entre el humo y las tinieblas. Otros tantos, lograron sobrevivir con heridas de diversa consideración, dañados física y mentalmente de por vida.
355 hombres, mineros, fuertes y esforzados encontraron la muerte entre el humo y las tinieblas.
A las 7.30 de esa mañana, el combustible utilizado para aceitar los carros del interior del yacimiento se calentó y explotó. El accidente provocó una humareda tóxica que recorrió los túneles de la mina, provocando la asfixia de aquellos que intentaban encontrar una vía de escape, sin lograrlo y que fueron hallados durante los días siguientes, en socavones y vías de escape donde intentaron refugiarse.
La carencia de agua, la falta de implementos para apagar el fuego y la ausencia de buenas vías de escape contribuyó a alimentar la tragedia. A Sewell solo se podía acceder por vía ferroviaria y la información sobre el hecho tardó en ser conocida tanto en Machalí como en Rancagua. Al mediodía de ese aciago día, pese al silencio de la dirección de la empresa, ya el rumor se había extendido por las ciudades pues se había hecho subir un par de autocarriles con elementos médicos, personal de identificación y administración. Fue un día de espanto, de angustia y preguntas de padres, madres, hijos y esposas que demoraron días en tener respuesta porque fue difícil extraer desde los túneles los cuerpos muertos y también los heridos. Más difícil aun, fue la identificación de los mismos. Se publicaron listas con los muertos y los sobrevivientes. Nunca, ni antes ni después, se ha vivido una tragedia minera de esas proporciones y eso que los mineros consideran parte de sus vidas los accidentes y tienen al respecto una mirada fatalista y resignada.
Nunca, ni antes ni después, se ha vivido una tragedia minera de esas proporciones
Los compradores locales de la empresa extendieron órdenes telefónicas de compra de ataúdes desde Santiago a Talca, solicitaron todas las existencias disponibles. Otro tanto hizo el personal de equipaje ferroviario completando carros cargueros con aquel tétrico contenido que debía remontar hacia la cordillera para hacer bajar cuerpos por decenas o cientos de aquellos esforzados mineros que habían sentido en un momento sorpresivo, que sus pulmones reventaban por el agotamiento de arrancar escalas arriba o abajo, en procura de algo de aire que no estuviera contaminado por el humo y los gases del incendio. En la tarde de ese fatal martes, la desesperación y el pánico fue general, no solo entre los familiares de los mineros, pues, de una u otra forma, en la zona, todos estaban asociados a las actividades mineras.
…
Cuajada en una raza de audacia y sentimiento.
Eran tierra morena transfigurada en hombre
Eran la cordillera labrada por el viento.
Yo, que los vi gozosos comenzar la jornada,
Les vi después la cara de piedra enmudecida,
y les miré las manos rotas y torturadas
en el gesto tremendo de agarrarse a la vida.
Al fondo de sus ojos todavía flotaba
quién sabe qué recuerdo, qué evocación postrera.
Y en los labios abiertos aún se adivinaba
el nombre de la madre o el de la compañera.
Elegía de humo y tinieblas (fragmentos manuscritos de Oscar Castro)
Sin embargo, durante el día o los días que vinieron, se inició la historia de esfuerzo y soledad de mujeres, esposas y madres, quienes tuvieron el coraje y la fuerza para sacar a sus familias adelante, a pesar de la adversidad y las dificultades a que se enfrentaron cuando la empresa no solo las desalojó de sus casas, sino que se demoró 4 años en responder por los daños entre los que se logró la construcción de una población para todas aquellas familias que quedaron sin padre. Esta se bautizó con el nombre del poeta Oscar Castro, pero es conocida hasta hoy como la población de las viudas
…el fantasma del desalojo
se hizo presente…
Para el gringo las casas
ya no podían ser para la muerte,
tenían que traer nuevos trabajadores
a ocupar el vacío presente;
era una pena, pero sobraba
para ellos tanta gente.
…
…la empresa las vigilaba todo el día,
¡hombres no querían,
serian viudas de por vida!
los privilegios que en Sewell tenían allá se quedarían…
Las viudas (fragmentos) Nelson Carrizo, poeta minero
Mucho se podría escribir de esta tragedia, de la falta de seguridad en el trabajo y de cómo, de alguna forma, este hecho marcó muchas reformas posteriores para mejorar las normas en el trabajo. Esta historia trágica que los poetas narraron y narran sigue siendo una herida abierta en la región minera y, cada año se reabre cuando un nuevo 19 de junio trae las voces de todos aquellos que murieron allá arriba, en la cordillera.
cuando un nuevo 19 de junio trae las voces de todos aquellos que murieron allá arriba, en la cordillera.
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