En medio del vértigo mediático parece no haber espacio para profundizar en dichos que sacan roncha y se suman al inventario de medias verdades o mentiras a secas que empobrecen la conversación ciudadana y acentúan el descrédito de los actores políticos.
Sólo para muestra algunos botones que exigen más que una explicación.
«Las decisiones no se toman pensando en los deseos de los príncipes de la Iglesia, que es lo que significa ser un cardenal«, respondió la ministra de la Mujer, Antonia Orellana, al arzobispo de Santiago, Fernando Chomalí, quien celebró la postergación del proyecto de aborto sin causales”. (Emol-28-12-2024).
No se entiende por qué los “deseos” de las autoridades eclesiásticas no pueden estar consideradas en las decisiones que adopten los poderes del estado, cuando implican materias que a ellos les importan.
Aquel aserto tradujo una suerte de “superioridad” moral. Quizás por razones etarias, la ministra no conozca suficientemente el papel relevante jugado por la Iglesia en materias de trascendencia en la historia no tan lejana de nuestro país, aunque algunos de sus “príncipes” posteriores hayan desdibujado aquel prestigio y credibilidad en buena parte de la ciudadanía.
Apenas designado Arzobispo de Santiago, Raúl Silva Henríquez se pronunció a favor de la reforma agraria y los derechos del campesinado bajo explotación extrema de latifundistas de entonces. Entonces el Obispo de Talca, Manuel Larraín, dispuso que tierras que pertenecian a la Iglesia fueran transferidas a los campesinos que allí trabajaban,
A poco de instalada la dictadura, el 6 de octubre de 1973, representantes de la Iglesia Católica; las iglesias evangélicas (Metodista, Bautista, Evangélica, Luterana, Ortodoxa, Metodista Pentecostal); de la comunidad Israelita y del Consejo Mundial de Iglesias dieron vida al Comité de Cooperación Para la Paz en Chile, denunciando 691 desapariciones de personas, entre otras iniciativas en defensa de los perseguidos. Cuando, a fines de 1975, el régimen impuso su disolución, a pocas semanas: el 22 de enero de 1976, el Arzobispado de Santiago, con el Cardenal Silva Henríquez a la cabeza, creó la Vicaría de la Solidaridad que se mantuvo activa hasta el fin de la dictadura. Esa trayectoria que llena páginas del drama histórico legado por el régimen civil militar está marcada por la dignidad y valentía de cientos de profesionales y miles de familiares defensores de los derechos humanos al amparo de aquella jerarquía eclesiástica.
La “imaginación” de Johannes Kaiser

En las antípodas del espectro político, otra joyita verbal estuvo a cargo del pretencioso diputado y aspirante declarado a La Moneda. Consultado si los actos cometidos por Pinochet eran condenables, partió por asegurar que “Bernardo O´Higgins también fue dictador de Chile”. Antes de reparar en la evidente ignorancia del locuaz Kaiser, valga consignar el resto de su respuesta en aquella entrevista (Cambio 21- 22/12/2024): “A ver, veamos, ¿Cuándo empezaron las violaciones de derechos humanos? ¿El 11 de septiembre? (…) Las milicias que armaban el gobierno del señor Allende, que violaban mujeres, que asesinaban agricultores, que estaban entonces conectadas con el gobierno, no violaban derechos humanos? El terrorismo, por lo demás, es una forma de violación de derechos humanos, está reconocido a nivel internacional”.
Johannes ignora que Bernardo O’Higgins nunca fue un dictador, su cargo fue el de Director Supremo, conforme a la legislación de la época y, al cabo de seis años renunció, en un Cabildo Abierto el 28-1-1823, con el propósito de evitar una guerra civil, dada la crisis económica e institucional producto de la guerra de independencia.
Francisco A. Encina consigna adicionalmente (…) ”en todos, el temor de dejar la suerte del país entregada a la arbitrariedad de un individuo, que mañana podía no ser de la estructura moral y cívica de O’Higgins y de Freire”.(Portales, Tomo-1, pág.36).
Y respecto de aquellas “milicias que armaban el gobierno del señor Allende…” Kaiser dispara al aire, basándose en el supuesto Plan Z. El Almirante Ismael Huerta, en discurso ante la ONU, el 10 octubre de 1973, se refirió al Plan Z, “sobre el cual 20 años después, aún no ha sido posible comprobar su veracidad”. (Qué Pasa, edición especial, 3-8-1996). De aquel invento mediático para justificar la represión criminal desde el 11 de septiembre de 1973, entregó contundente evidencia “El libro Blanco” del historiador Gonzalo Vial. Adicionalmente, el General Gustavo Leigh, en declaraciones al corresponsal del Corriere Della Sera, afirmó que “iniciamos los preparativos para el derrocamiento de Allende en marzo de 1973, inmediatamente después de las elecciones parlamentarias”
En suma, el pretendido patriota Johaness Kaiser, deshonra a O´Higgins al compararlo con el criminal Pinochet. Bastaría que el diputado releyera a su admirado capitán general: “No me acuerdo, pero no es cierto. No es cierto, y si fuera cierto, no me acuerdo”. (En respuesta sobre si como Presidente de la Republica era jefe directo de la DINA. (El Mercurio-lúnes 11 de diciembre-2006).
Kaiser apuesta a una herencia pinochetista que trascendió fronteras. Puede, entonces, refrescar su memoria, recordando los asesinatos del General Carlos Prats en Buenos Aires, de Orlando Letelier en Washington DC y el atentado en Roma contra Bernardo Leighton… y de aquellos tantos otros que su capitán general …no se acordaba.