Viva la Democracia…Hasta un cierto punto 

por Mario Valdivia

Me encuentro con una entrañable vieja amiga. Antes antes, combativa luchadora izquierdista, antes después, valorada experta en planificación estratégica, después hoy, retirada en Calle Larga de Santa Clara ejerciendo de astróloga. Me lleva a ese improbable lugar la búsqueda desesperada de una vulcanización, necesidad provocada por mi amor malo de por vida a un viejo automóvil. Pasión desprolija que lamentablemente incluye a los neumáticos, tal como el amor a las casas con techo de tejas incluye la fatalidad de las goteras. Me quedo un par de días con ella, hace décadas que no nos veíamos, hablamos de la vida, de lo que hemos sacado en limpio. 

La democracia, dice de inmediato, ha aprendido a valorarla como lo más importante. Ese fue un giro profundo después de la derrota del gobierno de la Unidad Popular y el golpe de estado, una inesperada claridad. Más que exclusivamente estratégica, valórica. De Fondo. Su viejo izquierdismo no la tomaba suficientemente en serio, hoy la considera como lo esencial, y que todo avance de contenido socialista debe hacerse con ella, cuidándola, profundizándola. Más que renovación, para ella fue una verdadera reconfiguración que incluyó la capacidad de gozar de la vida en democracia, a la larga, liberándola de la política en serio. Ahora se limita a apoyar con cartas astrales al joven alcalde de izquierda del lugar.

Conozco el fenómeno. Me parece unilateral, cómodo y un poquitín reaccionario. No sé por qué me pica la guía, y me le voy en collera. ¿Qué ha hecho su amada democracia europea?, le pregunto. Es un golpe bajo, todo demócrata converso de izquierda admira y ama la democracia europea. Antes de que me salga con el Estado de Bienestar, le recuerdo la expansión de ese pacto agresivo – la OTAN – hacia el este después de la caída de la URSS, rompiendo promesas explícitas a Gorbachov, y que culmina con la guerra de Ucrania. En ella, un imperialismo democrático guerrea contra el autoritarismo de Putin, con cargo a sangre y sudor ucranianos. 

Es claro qué lado ha buscado la paz en Europa todos estos años, no precisamente el democrático. ¿Y qué decir del vergonzoso apoyo cómplice al genocidio de Israel contra los palestinos, especialmente entusiasta entre los socialistas democráticos europeos? ¿Y de la misma democracia israelita, empeñada con fervor en limpiar étnicamente Gaza y Cisjordania?

No le gusta, y me habla de los avances internos producidos por el Estado de Bienestar, esa joya civilizatoria de la democracia. Pero ella sabe, no es necesario explicárselo, que eso ocurrió con cargo al millonario subsidio de lucas y armas de Norteamérica, aterrada de perder a Europa en su enfrentamiento con el socialismo real en la guerra fría. Que vea dónde está su amada Europa democrática hoy día, cuando la música se detuvo y debe pagar la cuenta de lo bailado y gozado democráticamente porque el gringo ya no da para tanto, además de que le perdió el miedo al comunismo soviético. La astróloga renovada se ve forzada a reconocerlo: en la irrelevancia. Europa es una democracia irrelevante que los mismos europeos aman cada vez menos. Perdida recientemente la cómoda ceguera a su impotencia, se apresta a levantar por los aires el Estado de Bienestar y reemplazarlo por un agresivo Estado Militar, produciendo tanques, misiles y explosivos en las viejas plantas automotrices y químicas en las que se fundaba socialmente el acuerdo socialista – democrático. Es que Europa democrática es incapaz de producir nada en forma competitiva, y recurre al viejo truco del armamento.  

Así como la democrática Europa, aterrada de la resurrección rusa, desnuda su disimulado imperialismo agresivo una vez más, el democrático Estados Unidos, aterrado del surgimiento de China, pone al mundo entero en peligro existencial. Bueno, la ex izquierda siempre ha desconfiado de la democracia gringa, así que eso era, en parte, esperable. Izquierda que no se ha entendido nunca con el socialismo chino, del que no esperó un surgimiento tan revolucionario, después de todo la decadencia económica, tecnológica e innovadora de la URSS le pareció una fatalidad intrínseca del comunismo. 

Quizás esta fue la razón más honda para convertirse a la democracia, no cargar con el loser. Posiblemente un faux pas, porque el surgir chino no es solamente económico – militar, como el de la URSS, también, lo que es especialmente medroso para el demócrata gringo, y el universal, tecnológico y de innovación. Masivamente eficiente y con futuro. A diferencia de las democracias, tan sensibles al sufrimiento del pueblo y la humanidad, China no ha abandonado la preocupación por el calentamiento global, liderando la movilidad eléctrica, la generación energética no tradicional, la producción de generadores atómicos de última generación y la fusión nuclear; mientras está donde quiere en IA, producción de semiconductores y computación cuántica. Regresado de un frío más extremo que Putin, Xi también despliega una política defensiva en su vecindario, incluido Taiwán, y al igual que en Ucrania, el gringo demócrata quiere enfrentarlo ahí mismo, a tiro de cañón, dejando al mundo en riesgo de muerte. De nuevo, la democracia imperialista metida en cruzadas antiautoritarias.   

Le digo que lo lamento por el amor a la democracia y la fe en ella, pero Putin y Xi, viejos autoritarios, hace tiempo que proceden responsablemente a delimitar zonas riesgosas y a defender la paz frente a una democracia que hace correr la sangre sin escrúpulos urbi et orbi.  

Y si Europa democrática es irrelevante, ¿qué decir de Latinoamérica y sus meneos democráticos? Mi amiga astróloga no quiere entrar al camino de examinar la democracia sudaca, limitándose a suspirar sin esperanza. 

Se le ocurre a ella, no a mí, que quizás al enamorarnos de la democracia, sin darnos cuenta no fuimos más que un torbellino de cola del neoliberalismo que tanto decimos odiar, unas apasionadas del individuo y su libertad redescubiertos globalmente en esos años. Y ahora que aquel tambalea, nos percatamos de que, congeladas hace tiempo, miramos hacia atrás como mujeres de Lot auto descubiertas como estatuas de sal con décadas de retraso.

Mi amiga se alegra de no estar un poco más al sur, en el abismo del rio Laja, posiblemente optaría por lanzarse al barranco. No es verdad, solo una coquetería. La democracia nos ha enseñado ciertos placeres, bien miserables e ilusorios después de todo y, a fin de cuentas, pero que, ex ante, no dejan de atraer, así que nos dejamos seducir por un chacolí de Guariligüe que nos lleva lejos, a la excompañera astróloga y a mí.    

También te puede interesar

2 comments

Mónica mayo 1, 2025 - 9:31 am

Por favor, Sr. Escritor, si fuera Ud., tan amable de indicarnos, el nombre de la vulca y el pueblo ignoto de la adivina.

Reply
Silvia Gladys Mora mayo 1, 2025 - 2:32 pm

Excelente, un pensamiento reflexivo muy parecido al mío. Creía que mis años senescentes me hacías ver la vida un tanto gris y mi decepción por la democracia era producto de algún estado de depresión.

Reply

Deja un comentario