Boric no imaginó que su capacidad política de luchar y unir podía ser el mal menor para electores que ni amarrados votarán por JAK. Esto ya ocurrió en Chile. Anteriormente, candidatos presidenciales demócrata cristianos también fueron calificados como un mal menor por quienes sin abjurar de su ideario de izquierda, votaron por ellos sin dudar y sin hipotecar la esperanza en una sociedad justa y tolerante.
En pocos días el candidato Boric recibió un amplio respaldo de personalidades, fuerzas políticas y movimientos sociales, lo cual, junto a una masiva y simpática ofensiva en las redes constituyen un refuerzo anímico para la segunda vuelta presidencial.
Este nuevo arcoíris electoral puede crear una dinámica política que hay que observar sin descartar nada por adelantado. Esta acción positiva puede abrir un camino que, eludiendo un pantano de recriminaciones obvias, nos permita reflexionar y rebasar las limitaciones políticas y de ideas que impiden aislar a la ultraderecha, y frenar sus intentos de arrasar con las urgentes aspiraciones democráticas, reformistas y transformadoras de nuestro tiempo.
La ultraderecha chilena aspira a instalar un estado policial como ocurre en Hungría, Polonia, Turquía, Daesh (Estado islámico), Filipinas, India y Colombia. Y como intentaron en EE.UU capturando a Trump entre sus redes. Ahora lo ensayan en Brasil, Austria, y se perfilan en nuestro territorio con un candidato que no es una caricatura de la ultraderecha. Él es la cara pública de quienes buscan consolidar en Chile un estado policial con un nuevo gobierno conservador.
El autoritarismo, en sus variadas versiones, representa a parte importante del empresariado global asustado, confuso, y sin nacionalidad. Que huye con su capital de un continente a otro. Viendo con pavor cómo se reduce su margen de maniobra y nuevas industrias tecnológicas les disputan el poder financiero, mientras nuevas tecnologías crean sistemas financieros paralelos que ya no pudieron neutralizar. Con horror se ven desplazados a sus pretenciosos rincones, haciendo una resistencia estéril a un cambio climático que obliga y obligará a transformar los sistemas de producción, distribución y consumo.

En tanto la inestabilidad provoca malestar en la población en general que protesta y reclama contra quienes condicionan sus aspiraciones. Léase, la elite estatal con sus autoridades civiles y militares y las grandes empresas con sus directorios cuasi anónimos y una legión de abogados y comunicadores. Ellos mismos acondicionaron su existencia en un confort con índices de diferencias y desigualdades tan grandes que, ante la primera incapacidad de realizarlos, generalmente por la resistencia de la gente, se martirizan sicológicamente y se autodestruyen, sintiéndose amenazados por cualquier manifestación de descontento: sea esta una acción o una opinión. Entonces, iluminan el escenario, normalmente un estudio televisivo, y salen a escena las policías agudizando los conflictos para justificar su existencia con el terror. Instalando la tragedia del miedo y del poder, inutilizando la democracia, cediendo el mando real a policías concentradas y omnipresentes en todas las actividades del país.

JAK es el brazo de hierro de la derecha conservadora. Los jóvenes no le tienen miedo, lo desprecian. Lamentablemente muchos jóvenes luchadores, al igual que grupos nihilistas, creen que sus demandas se convertirán en realidad si la lucha es más aguda. Esa posibilidad es lejana y se distancia de los cauces masivos. Los cambios reales son los que más mayorías social y política necesitan. La inestabilidad prolongada sin resultados frustra y despierta el miedo en sectores que terminan optando por los autoritarios, aunque los hayan ninguneado y maltratado.
El pasado no es la única fuente de inspiración. Al contrario, estamos diseñados para cambiar la realidad con otra historia. Enfrentando lo que viene, para desarrollarnos y no frenarnos en la nostalgia. La existencia humana subsiste en su capacidad de predicción que no es otra cosa que tener un sueño. Y no en dormirse en los laureles. Es mejor para todos ganar esta elección, especialmente para los que nunca dejan de luchar.