Estamos viviendo en un mundo cada vez más impredecible y convulsionado, están ocurriendo guerras en muchas partes del mundo, donde el genocidio en Palestina y los enfrentamientos en el Estrecho de Ormuz son protagonistas, mientras en Europa las protestas estudiantiles cada vez toman más fuerza, al mismo tiempo que en varios países de Latinoamérica la extrema derecha llega al gobierno. Todo esto en un escenario en que los data center se multiplican en los países del tercer mundo, y al mismo tiempo la población mundial, particularmente los menores de 40 años, se sube al carro de la inteligencia artificial cada vez con más intensidad, sin cuestionarse los impactos que esta genera.
Con un panorama donde predominan los conflictos, cambios tecnológicos, las crisis de los combustibles y protestas estudiantiles, por solo nombrar algunas cosas, donde por ahora el cambio climático ha dejado de ser un tema relevante, más bien lo que se divulga son sus efectos devastadores, el drama que se genera por incendios forestales, inundaciones, olas de calor, etc. Pero sin plantear caminos de salida.
Estamos viviendo en un mundo donde la mayoría de las personas no tiene la disposición o capacidad de observar de forma integral el escenario mundial, las guerras necesitan armas y las armas se fabrican con minerales que se extraen en distintas partes del planeta. El proceso de extracción genera daños o perdidas en los ecosistemas, lo mismo que las guerras, ambas acciones no solo impactan en la biodiversidad, también generan contaminación, daños en la salud y emisiones de gases de efecto invernadero.

Por su parte, los data center ocupan territorio, consumen altas cantidades de agua y energía, generando otros impactos en los ecosistemas y por tanto en la biodiversidad. Pero a muy pocas personas les interesa esto, lo importante hoy es tener acceso a la inteligencia artificial, que necesita de los centros de datos para alimentarse, al igual que otros muchos procesos que se llevan a cabo en el mundo actual, donde estar conectados e interactuando en el espacio virtual parece ser la opción prioritaria.
Con este telón de fondo entre el 19 y el 30 de octubre se realizará en Armenia la COP 17 sobre Biodiversidad, un tema poco atractivo para difundir por la prensa. Las Conferencias de las Partes de la convención sobre Biodiversidad se realizan cada dos años, la anterior ocurrió en Cali, Colombia el año 2024. Esta tiene como precedente el acuerdo Kunming -Montreal el cual fue acordado durante la COP 15 el año 2022, el cual actualizó compromisos de los gobiernos, estableciendo nuevas metas para la protección y conservación de los seres vivos.

En la cita que ha comenzado en estos días se reunirán representantes de 196 países para analizar los avances de los compromisos adquiridos en 2022, pero también esta reunión tiene un foco importante en promover la reducción de subsidios por parte de los gobiernos a aquellas actividades que generen un impacto directo sobre la pérdida de biodiversidad, básicamente en relación a los a los combustibles fósiles. También otro foco de esta conferencia estará centrado en la promoción y respeto de los derechos humanos.
Sin embargo, con una agenda internacional tan compleja como la que se vive en la actualidad, es poco probable que haya grandes acuerdos o se muestren avances relevantes. En este sentido es importante tener presente que el solo hecho que se junten representantes de 196 países para hablar de biodiversidad ya es relevante, si bien el informe de PNUMA señala que a mitad del camino hacia las metas 2030, el cumplimiento de las metas nacionales no va por buen camino y la ambición d ellos países sigue por debajo de conservar el 30% de los ecosistemas terrestres y marinos al 2030. Esta COP17 que se inició en Ereván, Armenia deberá hace la primera revisión global del avance del marco Kunming- Montreal.
Parece un poco decepcionante que se asuman compromisos que no se puedan cumplir, pero también debe ser entendido como una forma de empujar hacia estándares más exigentes de protección de la vida, generar conciencia hacia los gobiernos y empresas, e ir generando cambios culturales en la población.
Desde Armenia a Chile hay una gran distancia, nuestro país no ha difundido quienes van a esta reunión ni cuál será su posición. Lo que sí sabemos es que con la llegada del gobierno del presidente Kast ha habido un retraso en la implementación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), pues aún no contamos con los reglamentos que viabilizan la implementación de esta nueva institución pública, estos son parte de los 43 decretos que fueron retirados en marzo del presente año. También una preocupación importante por los compromisos adquiridos y la gestión actual dice relación con que no ha habido avances para definir sitios prioritarios históricos, y que en la discusión del presupuesto de la nación varias glosas que tienen que ver justamente con estos temas no tienen asignación presupuestaria.
No sabemos todavía a ciencia cierta cual será la presencia de Chile en la COP17, sin embargo, nos parece relevante poner al centro el rol que juega la biodiversidad para nuestras vidas. En ese sentido parece ineludible reiterar que el planeta está constituido por organismos vivos y no vivos que de una forma u otra interactúan y han servido para el desarrollo de los seres humanos, por ello es necesario darnos un espacio para reflexionar cómo estamos ligados y atados a la naturaleza, a los otros seres vivos de los cuales dependemos, nos abastecemos, todo esto resulta ser relevante en un momento de tanta turbulencia mundial.