“No hay otra que se la igualen,
aunque la busquen con vela”
Clara Solovera
Una historia en común
Vivimos tiempos convulsos, en los que conviven seres de distintos orígenes y la información, verdadera o falsa, puede llegar, inmediatamente, a cualquier lugar del mundo. Desde nuestra casa en Chile podemos seguir la guerra de Ucrania, ver los goles de Alexis Sánchez en Canadá y saber de la salud del Papa en Roma. Esto es lo que el filósofo canadiense Marshall Mc Luhan (1911 – 1980) llamó, en 1962, la “aldea global” que muestra una comunidad interconectada. Lo anterior, como toda acción humana, tiene virtudes y defectos, puede informar o desinformar.
Una de las cosas que definen a una comunidad es que comparte un relato, real o ficción, que puede tener una función histórica, religiosa, moral, social o existencia. Esas narraciones son mitos. Estas existen en todos los pueblos, se transmiten de generación en generación, tienen un valor colectivo y, aunque no poseen un valor científico, permiten comprender la creación del mundo. Los mitos han sido estudiados desde distintos enfoques, siendo el antropólogo francés Claude Levis Strauss (1908 – 2009) quien los profundizó desde la “antropología estructural», que busca descubrir las relaciones y reglas que organizan una cultura y no se centra en estudiar los elementos que lo componen sino como se relacionan y forman un todo. Los mitos no son sólo cuentos fantásticos, son sistemas de pensamiento que tienen una lógica y permiten a las sociedades hacerse preguntas sobre la naturaleza, la vida, la muerte y las relaciones humanas.
El método para estudiarlos parte de unidades mínimas, que se relacionan con otras, funcionan en pares ordenados y forman una cadena de significados. Estas unidades se llaman “mitemas” y no son cualquier acontecimiento del relato sino que cumplen una función para comprender un mito, No basta conocer la historia, sino que se debe saber cómo se organizan sus elementos, qué función cumplen y qué tipo de relación establecen con los otros mitemas
Muchas veces se confunde el mito con la leyenda, sin embargo, aunque ambas son relatos que transmiten valores y creencias, el mito está relacionado con la creación del mundo y sus personajes son dioses o súper hombres, mientras que la leyenda son historias extraordinarias, vinculadas con lugares y personas y le ocurren a seres comunes y corrientes. A pesar de que se cree que los mitos sólo muestran historias antiguas, la verdad es que también narran relatos contemporáneos. El mito del personaje, hombre o mujer, que sale de su casa, sufre avatares en su viaje y vuelve transformado en un o una héroe, lo vemos a diario en la literatura, el cine y la televisión.
El tiempo de la fantasía y la expresión poética.

Chile es una comunidad y, aunque estemos peleados todos con todos, compartimos nuestros mitos. Uno de los más conocidos es el del Trauco, un ser sobrenatural vinculado a los bosques chilotes y a la fertilidad. Este personaje ejerce un encantamiento especial sobre las mujeres jóvenes y ha servido para justificar un sinnúmero de embarazos ocurridos fuera del matrimonio. En el otro lado de nuestra geografía está La Pachamama, que representa la tierra, la fecundidad y las relaciones humanas, En diversas comunidades se le hacen ofrendas para agradecer la propiedad y pedir la protección. Otros de los mitos que forman parte de nuestro día a día son La Pincoya, el Caleuche y la Calchona.
Algunos de nuestros mitos tienen origen en la cosmovisión mapuche, que se sustenta en cuatro grandes ideas fuerza: el equilibrio de la naturaleza, la lucha entre fuerzas opuestas, las relaciones con los antepasados y los espíritus y el respeto al territorio. El propósito de estos mitos es enseñar el origen y la transformación del mundo, la relación entre la naturaleza y la espiritualidad, el equilibrio y la reciprocidad y la relación de los vivos con los antepasados.

El mayor estudioso de la mitología chilena es Oreste Plath (1907 – 1996) que recorrió todo el país recopilando relatos orales, costumbres, creencias y tradiciones concluyendo que la imaginación del pueblo tiene que ver con el paisaje, la historia local y las experiencias de cada comunidad. Propone que el hombre entiende que los fenómenos de la naturaleza no son una consecuencia natural del ecosistema sino que son resultados del actuar de personajes divinos o sobrehumanos con poderes.
Estas creencias pertenecen al tiempo de la fantasía y la expresión poética.
En tiempos de poetas míticos.
El año 1992, la periodista, escritora y académica Faride Zerán pública La guerrilla literaria, donde investiga y analiza el

enfrentamiento entre algunos poetas de la primera mitad del siglo XX: Neruda, De Rokha y Huidobro. La disputa muestra la influencia de la poesía en el ambiente intelectual chileno y, consecuentemente, el afán de estos escritores por el reconocimiento. El texto establece que, durante esos años, la literatura ejerce un centro de poder, establece un canon literario y estético y transforma a los poetas en personajes míticos creadores de un universo.
Huidobro era vanguardista, De Rokha proponía una lírica popular y de gran intensidad verbal, mientras Neruda postula una poesía más intimista y una épica social.
En esta guerrilla queda claro que este trío de escritores crearon un personaje en torno a su persona, a tal punto que Neruda recibe el Premio Nacional y el Nobel, De Rokha sólo el Nacional y Huidobro ninguno, sin embargo, este último se presenta como candidato presidencial en 1925, luego de vivir una prolongada estadía en París, estableciendo una conexión entre vanguardia y política. Es proclamado por la juventud progresista que expresa de esa manera, su crítica a los partidos políticos.
La historia vuelve a repetirse.
Estos tres personajes se transforman en un mito, entendiendo este como una historia, real o ficticia, con seres humanos, animales, fenómenos naturales o divinidades que intentan explicar la creación del mundo y las costumbres de una comunidad.