La mentalidad genocida, aún existe ¿sobra decirlo?

por Dante Cajales Meneses

Quién cubre el turno de noche para impedir el secuestro del corazón del mundo. Nosotros, los poetas, las poetas. Escribe el poeta bosnio- herzegovino Izet Sarajlić al escritor italiano Erri de Luca

Mañana viernes 21 de marzo es el día internacional de la poesía. Si hay un motivo en esta nota, son infinitos los motivos, o ninguno. Reclamar justicia es reclamar paz. Me conmueve profundamente los 120 conflictos armados simultáneos que están ocurriendo en este momento en el mundo. Según cifras de la ONU, el número más alto desde que concluyó la Segunda Guerra Mundial. ¿Cuántos más deben existir que no sabemos y los medios no informan?, lo cierto es que todos son económicos, territoriales, ideológicos, religiosos, políticos, filosóficos, que dejan cientos de miles de muertos, y millones de refugiados. Mientras escribo, Spotify selecciona aleatoriamente Imagine de John Lennon. Detente un segundo, escúchala, mientras lees esta nota. Y con ese grado de inconsciencia te pregunto: ¿cuántas noches de amor te quedan?

La memoria y la soledad del ser humano ante su propia muerte es el vacío más grande que uno puede experimentar antes de morir, decía mi madre en su lecho de enferma de cáncer, en su etapa terminal en agosto de 1994.  Esta noche es el turno del poeta chileno Rafael Rubio. Me acompaña cuando las palabras que busco no pueden nombrar: solo / más solo que una lágrima / en el párpado / de un muerto.  Los que vamos quedando, al menos una vez en la vida, haremos de sepulturero.

Tal vez la poesía ha sido para mí, esa soledad, ese silencio que una vez escribí en un poema dedicado a los cuarenta y tres estudiantes normalistas asesinados y hechos desaparecer en Ayotzinapa, México el año 2014; Cada uno con su propio silencio / cada uno con su propio miedo / cada uno con su propia muerteAnte el horror, la palabra se vuelve indecible. Me escucho respirar en el silencio y la belleza de la música, y lo perturbador que me resulta el hilarante liderazgo de quienes hoy gobiernan o pretenden gobernar el mundo. 

Refugiados sirios en el Mediterráneo. El País.

Podría continuar relatando historias de odio y exterminios, de refugiados, de niños muertos en una playa del Mediterráneo o en cualquiera de los océanos y mares interiores de nuestro planeta. Intentando de atravesar el desierto de Argelia, la valla de Melilla, la selva del Darién, el río Bravo. Podría describir una tierra desgarrada recurriendo a la mirada fría de la geopolítica. Esto es el resultado de la tiranía ejercida por la intolerancia y el desprecio al pulso de la vida. 

Todos los seres humanos buscamos una vida mejor. Otros arriesgan la suya en una geografía hostil, llenas de trampas naturales, y a menudo controladas por traficantes de personas. A pesar de los riesgos, muchos inmigrantes ven en estas rutas la única forma de escapar de circunstancias aún peores de pobreza y violencia en sus países de origen. Todas las personas que mueren intentando llegar a “algún lugar”, todas las personas que son «nadie«, en definitiva, nunca formarán parte de ninguna historia. 

La utopía es un hueso hueco / para que pase el viento y se lleve su música a otra parte 

En estos “Huesos” los huesos de Ernesto Guevara encontrados en Valle Grande, Bolivia, el año 1996, que inspiró estos versos del poeta Jorge Montealegre, también están los Huesos de Choctaw, el camino donde nosotros lloramos (EEUU 1831), La conquista del desierto (Argentina 1870), Santa María de Iquique y Ranquil (Chile 1907 y 1934). Katyn (URSS 1940), Baby Yar (Ucrania 1941), Jaffa, muertos en la Nakba(Palestina 1948), Operación Cóndor (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela 1968 – 1980). Tutsi (Ruanda 1994), Srebrenica (Bosnia y Erzegovina 1995), Ayotzinapa (México 2014), bajo los escombros de la ciudad de Alepo (Siria 2018). Tantas otras masacres colectivas y solitarias, como la desaparición de la activista medioambiental Julia del Carmen Chuñil Catricura desaparecida hace tres meses en la región de los Ríos, Chile.

Sin los sentidos no hay memoria. Y sin memoria no hay pensamiento, leí una vez junto a un busto de Voltaire en la Biblioteca Nacional de Santiago. Tenía apenas catorce años, la edad actual de mi hija. Tan niño, comprendí que sin memoria no habría justicia para la humanidad. Hoy tengo 59, nada ha cambiado. Especialmente las cifras de muertos de niñas y niños en el primer cuarto de siglo del XXI. Me aturde, no sé qué hacer.

¿Será la palabra la responsable de buscar y exigir justicia para estos muertos y los por venir? Será un memorial levantado con versos para toda la humanidad, el que recuerde a las víctimas de las masacres ejercidas a nombre de la intolerancia racial, religiosa y política de seres humanos que administran poder, sobre otros seres humanos; más débiles y vulnerables. A las víctimas del genocidio de los pueblos originarios de América, Asia, África y Oceanía. A las víctimas de los genocidios de Europa Central. A seres humanos enterrados, vivos o muertos en fosas comunes, lanzados al mar, atados a un riel, o en su intento por deshacerse de los cuerpos, quemados o hechos desaparecer. Te pregunto a ti: ¿podemos hacer algo?

El mundo continúa su faena

Mientras busco un final para esta nota, callar contra toda evidencia pareciera ser la consigna. Recuerdo a mi hija Amanda de pequeña una tarde de verano en la playa de Cau-Cau jugando con su amiga Clarita a lavar una inmensa piedra amarilla. Sacaban agua del mar en pequeños baldes de colores y la vaciaban sobre la roca, cepillando una y otra vez la piedra con una escobilla plástica que había arrojado la mar. En ese momento sentí que la purificación de la humanidad, a pesar del intento de las niñas, me parecía algo inútil.

“El poeta pobre”, de Carl Spitzwegs

Mañana es el día internacional de la poesía. Todo vuelve. Veo hundirse el día en los colores de una nueva puesta de sol, casi de otoño. Lo cierto es que ningún camino lleva al fondo del mar. Abandono mi búsqueda y estas palabras y otras palabras, son la voz en el desierto, en la sal, bajo el mar, junto a las raíces negras de los bosques. Vuelvo otra vez la mirada al recuerdo de las niñas que juegan llenas de arena. Todavía podemos aspirar a la generosidad, a la otra cara de la humanidad, mirar la humildad que hay en la intención de querer mejorar nuestra humanidad, de aquella que se resiste al fuego, a las mareas, a la sal, al peso de la tierra, los escombros, al hormigón armado, a la amnesia colectiva, a las políticas de exterminio, a los estados que amnistían crímenes de lesa humanidad.

Qué le corresponde al arte

El año 2016 La comisión española de ayuda al refugiado convocó a una orquesta para dar un concierto sorpresa en un parque de Barcelona. Poco a poco muchas personas se acercaron atraídas por una melodía conocida por todos; Mediterráneo de Joan Manuel Serrat. Junto a los músicos había atriles con pancartas cubiertas por mantas celestes. Mientras las personas tararean la canción, una joven vestida de negro retira las mantas y las gentes que observan y escuchan, van cambiando la mirada y las expresiones del rostro. (Lo puedes ver pinchando aquí Mediterráneo) No me pidas, tu lector, tu lectora, que no sienta en voz alta, que no escriba esta nota. Porque también creo que un poeta paga sus versos con la vida que lleva, y yo, no tengo nada que ofrecer, solamente escribir:


Les dedico toda la poesía

a quien quiera leerla.

No poseo más, es todo lo que tengo.

Es lo más personal que puedo 

tener para compartir contigo, lector,

lectora, de esta nota.

Al cierre de esta nota leo con estupor que el gobierno de Israel rompe la tregua en Gaza y sus ataques causan más de cuatrocientos de muertos en una sola noche. En su mayoría niños. Mañana es el día internacional de la poesía. El poeta ruso Aleksandr Blok no podía prever ya en los años 20 que la incompetencia, la soberbia y la estupidez de la especie humana estuviera tan consolidada de como lo está afianzada hoy, noventa años después, estos versos son de una vigencia que me aterra: El poeta muere porque ya no / hay nada que respirar… y yo, y tú que lees esta nota, poetas o no, alguien que tiene un pequeño derecho de audiencia pública, huelgo a decir: debemos continuar respirando para seguir cubriendo el turno de noche e impedir el secuestro del corazón del mundo, ¿Sobra decirlo?

(*) foto de entrada/ Mediterráneo. Pere Mas Pascual.

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