Por qué escriben los poetas

por Dante Cajales Meneses

Por qué escriben los poetas. Es una pregunta a la que me veo enfrentado cada vez que visito una escuela, un liceo. Muchos poetas se han visto interrogados por la misma pregunta. Podría reflexionar en torno a un marco teórico o elaborar un estado del arte de por qué escribimos los poetas. Pero no, es mucho más simple. En estas líneas podría responder por qué yo, Dante Cajales Meneses, escribo poesía.

Escribo poesía porque cuando la escribo siento un placer enorme. Es la entrega a ese goce que provocan las palabras con sus significados, su sonido, su grafía. Colocarlas en una línea junto a otras palabras para intentar nombrar algo en un contexto, en una musicalidad, en una imagen. El solo hecho de someterme a este ejercicio me ayudó primero a superar el trauma de cuando aprendí a leer y a escribir en tiempos de metodologías duras y autoritarias. Creo ser parte de una generación que tuvo que aprender a leer y escribir de nuevo. La poesía me dio esa otra oportunidad. Y segundo, me ayudó a ilustrar sobre el arte de pensar como elemento de valor. Más sencillo aún, escribo poesía para ordenar las ideas, para recordar, para entender, para visibilizar la disconformidad de un mundo con sus iniquidades, para reivindicar, cambiar la realidad, por simple diversión. No coincido ni comparto esa idea romántica de que se escribe para embellecer el ser. Escribo simplemente porque no puedo no hacerlo. 

Cuando escribo un poema, no lo hago pensando que voy a escribir sobre algo determinado. Siempre que escribo un poema, termina dirigiéndose a un lugar inesperado, distinto, que nunca pensé o busqué. Tengo poemas que, cuando comencé a escribirlos, eran manifiestamente de amor, de amor erótico, de pareja, pero durante su escritura terminaron en poemas definitivamente de una temática opuesta. Poemas eróticos que acabaron en poemas sobre la discriminación, la inequidad, la esclavitud, el sinsentido, los genocidios. Creo que ese es el misterio de por qué los poetas, y yo personalmente, escribo poesía. Es como caminar por una cuerda floja sin el soporte de una red que te sostenga en caso de caer. Absolutamente a ciegas. Hacer de las palabras un hecho estético y ético es quizá uno de los juegos más costosos que puede hacer el ser humano. Supone el uso de todas las facultades intelectuales y de sensibilidad que poseemos como seres humanos para nombrar aquello que necesitamos decir.

Allen Ginsberg en el Washington Square Park de Nueva York (1960)

Hay una etapa en este oficio de duda permanente, y es cuando la propia palabra es insuficiente. Uno se pierde en la ausencia de palabras y silencios en los significados. Es el punto de inflexión más importante cuando te das cuenta de que necesitas dialogar con otras escrituras. Es cuando se comienza a leer de forma descomedida a otros poetas. Podría tener una segunda respuesta a la pregunta por qué escriben los poetas. Escribo también porque leo poesía, porque el canto de una utopía ya no abriga y los significados puestos en las palabras por otros autores te mueven dándole un sentido a la propia escritura. Este es para mí uno de los territorios de la poesía.

En este punto no he podido afirmar, por fin, que esa dualidad escritura-lectura me haya permitido ser más solitario gracias a la escritura y en la lectura gracias a la escritura. Sin este retiro no habría poema alguno. No todo lo que uno escribe es publicable, por eso hay que darle un buen uso al papelero que uno tiene cerca, a la goma que permanece en silencio, siempre.

Dante Cajales Meneses (archivo personal, 1990)

Tengo la sensación de haber escrito esta nota en un momento adecuado, durante la entrega de mi próximo libro Jazz de los afectos, un habitar poético del jazz. O como escribiera Francesca Ancarola en la contratapa del libro: Una travesía donde la palabra y la música improvisan juntas. Este libro no solo se lee: se escucha, se siente… se toca.

La única cosa más difícil para mí es no escribir.

(*) Imagen de entrada: Dante y Virgilio en el infierno por Gustave Doré 

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