Ramón Díaz Eterovic Premio Nacional. Heredia y Simenon también celebran

por Fernando Villagrán

Estas breves líneas no tienen más intención que celebrar un postergado reconocimiento mayor al talento narrativo que por largas décadas nos ha obsequiado Ramón Díaz Eterovic. Por lo mismo me he robado esta fotografía del premiado sonriendo de buena gana, una imagen que contrasta con la rigurosa seriedad que proyectan la mayoría de sus imágenes difundidas en los medios de comunicación.

Ciertamente la ya extensísima narrativa de Ramón no es para la risa, aunque Heredia, el icónico protagonista de buena parte de sus novelas, irradia un singular humor negro que lo acompaña en sus reiteradas andanzas por aquellos rincones de la capital donde algún sicario espera en cualquier esquina.

A la hora de brindar por el premiado, lo hago también por el escéptico Heredia, que observará con alguna incredulidad las alabanzas que recibe su mentado inventor. Y agrego a la escena al gruñón Simenon – así bautizado en singular homenaje al admirado escritor belga, creador del épico inspector Maigret– aquel gato compañero de mil aventuras y conocedor de tantos secretos de su leal protector en buenas y malas jornadas.

Mucho se ha dicho en estos días de los méritos del premiado en un género narrativo que captura crecientes seguidores desde aquellos tiempos en que sus progenitores lo abordaban desde el anonimato o el recomendable seudónimo. La mayoría de edad de la novela negra ya suma larguísimas décadas y exponentes tan cautivadores, universales y diversos como Osvaldo Soriano y el mismísimo Leonardo Padura.

La narrativa de Ramón Díaz Eterovic, no pocos se aproximaron a ella motivados por la serie televisiva Heredia y Asociados, fue derivando en un clásico del género que captura lectores de diversas generaciones. Claro, la secuencia narrativa, que me salto en sus decenas de títulos, extiende una actualizada crónica de la criminalidad que evoluciona en orígenes y protagonistas en la historia de la sociedad chilena. Se lee en los límites difusos de la realidad y ficción en un país convulso y pringado por desigualdades irritantes que desafían a Heredia y su mentor.

Como bien delata su hoy premiada narrativa quedan muchos criminales sueltos, algunos de ellos aún soterrados y con no poco poder, que seguramente continuarán llenando nuevos episodios de la obra literaria de Ramón Díaz Eterovic.

En fin, estas breves líneas solo pretenden celebrar aquella merecida sonrisa del nuevo Premio Nacional de Literatura. Ya era hora. ¡Brindo por ello!

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