Las prioridades

por Jorge A. Bañales

Más del 60 por ciento de los estadounidenses usa, al menos, un medicamento bajo receta cada año y, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés), nueve de cada 10 personas mayores de 65 años dependen de esos medicamentos para el cuidado de su salud.

Los precios de esos medicamentos bajo receta en Estados Unidos son casi tres veces más altos que en otros países y, según el diario The Hill, en 2024 los estadounidenses tenían una deuda colectiva de por lo menos 220.000 millones de dólares por medicamentos. Catorce millones de personas debían más de 1.000 dólares y tres millones debían más de 10.000 dólares.

Esta carga responde al hecho de que algunos de los medicamentos de mayor uso en EE.UU, como los administrados por artritis reumática, osteoporosis, cáncer, coágulos sanguíneos y obesidad, entre otros, son importados. Estas compras han subido de 65.000 millones de dólares en 2006 a 151.000 millones de dólares en 2019.

El presidente Donald Trump, que esgrime las tarifas comerciales como arma doblegalotodo en las relaciones internacionales, ha anunciado su intención de imponer un arancel del 200 por ciento sobre los productos farmacéuticos importados, firme en su creencia de que ello hará que los fabricantes retornen su producción a Estados Unidos.

El presidente primero dijo que tales tarifas entrarían en vigencia dentro de un año y luego, como es ya habitual, indicó que podrían iniciarse con un arancel más bajo a partir del 1 de agosto para incrementarse a lo largo de un año.

Expertos de la industria farmacéutica y de las inversiones consideran que la mera amenaza de tarifas es ya perjudicial para los consumidores y que las empresas farmacéuticas necesitarían más de un año para armar en el país la infraestructura que pueda atender la demanda.

Las objeciones no molestan a Trump quien, durante una recepción con miembros del Congreso, afirmó que podría usar “un cierto talento” para lograr “cifras que ni siquiera se ha pensado que puedan lograrse”. 

Vamos a hacer que bajen los precios de los medicamentos”, añadió. “No un 30 por ciento o un 40 por ciento, lo cual ya sería tremendo, no un 50 ó un 60. Vamos a bajarlos un 1.000 por ciento, un 600 por ciento, un 500 por ciento, un 1.500 por ciento. Habremos reducido los precios de los medicamentos en un 1.000 por ciento, un 1.100 por ciento, un 1.200 por ciento, 1.300, 1.400, 700, 600, no 30 ó 40 por ciento sino en cifras tales que ustedes jamás han soñado antes”.

Los estudios de Trump hace seis décadas en la que entonces se llamaba Escuela de Finanzas, de la Universidad de Pennsylvania, no parecen haberle equipado contra los disparates de la aritmética.

La etapa de la guillotina

El primer viernes de cada mes en Estados Unidos el Departamento de Trabajo publica las cifras de empleo y desempleo del mes anterior, un indicador que los mercados aguardan con ilusiones y los economistas observan como criticones.

Este viernes el informe señaló que en julio el índice de desempleo se ubicó en el 4,2 % de la fuerza laboral, una décima de punto porcentual más que en el mes anterior.

Asimismo, el informe mostró que la economía de EE.UU. añadió el mes pasado unos 73.000 empleos, en comparación con la expectativa de los analistas que oteaban un incremento de 100.000 puestos de trabajo, y muy por debajo de los 147.000 nuevos empleos en junio.

Los datos malevos fueron adicionales: el ajuste de cifras que los estadísticos completan cuando tienen más datos, muestran que en mayo la economía creó unos 19.000 empleos, y en junio otros 14.000, bien por debajo de los datos anteriores.

Los políticos, los analistas, los economistas, los expertos y todos los demás tienen opiniones diferentes acerca de los datos sobre el mercado laboral en el primer semestre de la presidencia de Donald Trump.

Pero todas las especulaciones están equivocadas. En la era de Trump el caudillo tiene la verdad.

A pocas horas de divulgados los datos, Trump anunció la destitución de la directora de la Oficina de Estadísticas Laborales, Erika McEntarfer.

Necesitamos Cifras Certeras”, afirmó el presidente, con su peculiar abuso de las mayúsculas y en su red Truth Social. “He ordenado a mi equipo que eche a esta Designada Política (del expresidente Joe) Biden, INMEDIATAMENTE. Será reemplazada por alguien mucho más competente y calificado”.

Así de sencilla es el remedio para la situación laboral.

Y, por si la distracción no es suficiente, el presidente Trump anunció, también en su red social, el desplazamiento de dos submarinos nucleares cerca de Rusia, en respuesta a lo que calificó como declaraciones agresivas del expresidente y ahora subdirector del Consejo de Seguridad ruso.

La etapa napoleónica

El Centro Kennedy para las Artes Escénicas, inaugurado en 1971, es una de las instituciones culturales más famosas del mundo y, para los estadounidenses, su nombre ha sido por décadas un símbolo de lo que recuerdan como la época de oro de Estados Unidos a comienzos de la década de 1960.

A menos de un mes de su retorno a la Casa Blanca el presidente Donald Trump destituyó a varios miembros de la junta directiva del Kennedy Center y se designó como reemplazo.

Por toda explicación para la remoción de los directores de la institución Trump mencionó en su Truth Social la decisión del Centro de presentar en sus salas un show de travestis.

“ESTO DEBE TERMINAR”, escribió y mayusculinizó el caudillo.

La semana pasada un grupo de representantes republicanos en el Congreso inició una moción para designar la Casa de Ópera del Kennedy Center con el nombre de Melania Trump, la primera dama y tercera esposa del presidente.

Al día siguiente, el representante republicano Bob Onder, de Missouri, propuso darle a todo el complejo cultural el nombre de Donald J. Trump.

El Smithsonian Institute, una vasta colección de centros de investigación, museos y galerías que incluyen el Museo del Aire y el Espacio y el Museo de Arte Americano es otra de las instituciones estadounidenses más conocidas en el mundo entero, con el símbolo de su “castillo” al borde del parque central del Mall.

En marzo, y disgustado por las exhibiciones y galerías que presentan la historia de Estados Unidos con un enfoque multicultural, ofensivo para los tradicionalistas, el presidente Trump advirtió que su gobierno podría cortar los fondos que contribuye para el Smithsonian, cuyo presupuesto llega a los 1.000 millones de dólares

La semana pasada el Museo Nacional de Historia de Estados Unidos, una de las entidades del Smithsonian, retiró de su exhibición “Límites del Poder Presidencial” las menciones sobre los dos juicios políticos a los cuales ha sido sometido Trump.

En esos mismos días la presidencia anunció los planes para el inicio en septiembre de la construcción de un Salón de Baile de 8.361 metros cuadrados que, a un costo inicial estimado de 200 millones de dólares dotará a la Casa Blanca de una sala para recepciones y banquetes con adornos dorados de estilo décimonónico

No es la única huella edilicia que Trump, quien se jacta de ser un “constructor”, dejará tras su paso por la Casa Blanca.

En un proyecto compartido por Donald y Melania, en el famoso Jardín de las Rosas el amplio espacio de césped bien cuidado ha sido reemplazado por pavimento.

Trump había comentado que el césped causaba problemas para las conferencias de prensa y las recepciones y otros acontecimientos al aire libre, y añadió que los tacos altos de las mujeres podían hundirse en el suelo.

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