Se critica a las izquierdas desde múltiples ángulos por los defensores del orden oligárquico -o por los que se someten a él- incluyendo las perennes reflexiones nihilistas contra la ilustración. Hay una crítica que se repite: el apego a la razón impediría a las izquierdas entender los fenómenos actuales. Por ejemplo, el autor español Amador Fernández-Savater postula que “hay un esquema muy racionalista en la izquierda, heredero de la ilustración”. Sostiene que, en cambio, el malestar de la sociedad seguirá siendo caldo de cultivo de una nueva derecha que sintoniza con el dolor y el resentimiento: “me parece que podríamos pensar que esta derecha que está surgiendo ahora, con Milei, Trump, tiene un punto de diferencia con respecto a una derecha de unos años atrás, en que solía ser liberal, conservadora, eran opciones de orden. Y ahora, sin embargo, la derecha juega a ser sistema y antisistema. Entonces, el propio presidente de Estados Unidos, es decir, la persona más poderosa del planeta se presenta como antisistema, anti-establishment. Y ese tono en el discurso sintoniza con malestares que hay en la sociedad. Mientras que quizá antes la derecha apelaba más a un deseo de orden, de autoridad, de tradición, de familia, de trabajo, y ahora, sin embargo, sintoniza con un rechazo, con una potencia negativa”.
Fernández-Savater describe del siguiente modo la situación actual:
“me parece que hay un malestar con respecto al mundo que vivimos que permanece como puramente en una esfera de victimización. Es decir, me pasa algo, tengo malestar, hay alguien culpable de esto que me pasa. Pueden ser los inmigrantes o pueden ser las mujeres que ya no son lo que eran, o pueden ser los trans. Se eligen chivos expiatorios. Y yo creo que la extrema derecha es muy hábil en ofrecer al malestar victimizado chivos expiatorios que le dicen a la gente que una vez eliminados estos sujetos todo volverá a la normalidad”.
Tomemos lo que está ocurriendo hoy por hoy en el mundo. ¿La respuesta al malestar que toma como chivo expiatorio las migraciones y las violencias del islamismo radical es la deportación violenta en un caso y buscar la exterminación de pueblos en el otro? ¿Qué más hay que entender para rechazarlo de plano y ofrecer alternativas constructivas de mejoría de las condiciones de vida de las mayorías y de respeto del derecho y la soberanía en la arena internacional? Lo que hay que reivindicar es el derecho internacional, por muy relegado que esté hoy y aparezca como insuficiente e impotente, y el de los inmigrantes en el marco de esquemas de integración viables y regulares.

La alternativa es la ley del más fuerte y la arbitrariedad, que es la principal bandera del neofascismo, de la xenofobia y de los autoritarismos de conquista en sus diversas expresiones. La prohibición del recurso unilateral a la fuerza es el principio fundamental del orden jurídico de posguerra. Pero Estados Unidos e Israel en el Medio Oriente y Rusia en Europa del Este desecharon ese camino y han preferido el uso unilateral de la fuerza militar.
Se olvida este autor, y otros con él, que las izquierdas se han visto confrontadas desde el siglo XX no solo a la derecha conservadora sino a los fascismos y su «potencia negativa«, con consecuencias catastróficas y en América Latina a las dictaduras militares con su secuela de represión y muertes. Se trató efectivamente del «asalto a la razón«, en la expresión de Lukács en 1954.

Ahora reemerge un neofascismo que no es un fenómeno desconocido para nadie, y ciertamente no para las izquierdas en Chile. De muestra un botón: el hijo de un miembro del ejército alemán de la época nazi, inmigrado clandestinamente al país, José Antonio Kast, y cuya familia se vio envuelta en los asesinatos de campesinos luego del golpe en 1973, hoy lidera las encuestas en la derecha. Nada de esto le es atribuible como persona, aunque no sea banal el entorno de dónde proviene su intención expresa de gobernar privilegiando los decretos por sobre la ley emanada del parlamento, así como de volver atrás respecto a avances sociales como la reforma de pensiones y diversas reglas laborales que protegen a los trabajadores. Son conductas de la extrema derecha de siempre la que previsiblemente tendrá su sector político si accede al poder.
Savater señala apropiadamente que otra opción «sería responsabilizarse del malestar, hacer de él una energía de cambio”. Justamente ese es el tema: responsabilizarse del malestar. Lo que supone primero diagnosticarlo, y para eso no existen otros medios que los de la razón y sus métodos: indagar, reunir evidencia, establecer nexos de causa a efecto entre variables y fenómenos, contrastar opiniones, establecer conclusiones provisorias, testear respuestas y seguir periódicamente en la búsqueda de nuevas evidencias para mejorar las respuestas. La alternativa sería entregarse a la intuición, que siempre será un punto de partida pero no necesariamente un punto de llegada, o simplemente a los prejuicios, con una alta probabilidad de equivocarse. El método racional no garantiza ningún éxito, pero al menos facilita aproximarse a soluciones mediante el ensayo y el error. La afirmación de que las izquierdas están obsoletas porque buscan entender racionalmente a las sociedades actuales es una idea escueta, por decir lo menos.
Y junto con la razón cabe poner en juego los valores sociales y de convivencia, empezando por cuestionar las violencias verbales y físicas de quienes promueven el miedo y el autoritarismo porque buscan chivos expiatorios a los malestares y promueven la xenofobia y la intolerancia Y condenar la irracionalidad de los autoritarios y violentos y defender el imperio igualitario del derecho y de las libertades en el marco del respeto a derechos humanos universales, aunque se trate de un “mega relato” que incomode a los posmodernos a la Lyotard.
Tomar posición en este sentido va en parte más allá de las izquierdas y se extiende a demócratas y liberales auténticos, en buena hora. Pero las izquierdas, que por ser plurales usualmente difieren en sus respuestas, las buscan más allá de la defensa de valores comunes de convivencia civilizada y se proponen dar cuenta de las raíces de los malestares que se originan en las condiciones socio-económicas y sus asimetrías y en la cultura y la sicología de masas. Por eso las izquierdas son indispensables en las sociedades actuales. Y ese es un terreno intelectual y moral que no se debe abandonar por modas post- modernas. Deben, más bien, mantener la capacidad de analizar y develar los discursos que provienen de las ideas conservadoras y de los intereses oligárquicos que estructuran el espacio público y persistir en procurar entender las causas políticas, sociales y culturales de su evolución y actuar en consecuencia. Esto también significa confrontar la idea de que los descontentos se canalizan de modo inexorable hacia violencias irracionales y discriminaciones arbitrarias. Entre medio están la política y las acciones colectivas que pueden determinar unos u otros destinos de las sociedades.
En suma, el problema político central hoy en escala nacional y global no es tanto uno de capacidad de diagnóstico de unos u otros hechos, sino de capacidad de sumar fuerzas sociales y políticas suficientes tras proyectos democráticos integradores, con respuestas económicas, sociales y culturales suficientemente ante los malestares, abusos y desigualdades. Solo de ese modo, y no dejándose arrastrar por el discurso del miedo y la xenofobia, se podrá responder con una alternativa creible a las amenazas autoritarias y violentas que encarna la ultraderecha. La adversa situación prevaleciente para las opciones progresistas, estimulada en Chile por errores evitables en su gestión política y económica reciente, puede y debe ser superada en una nueva etapa con renovados liderazgos y una plataforma de progreso económico y social para enfrentar la regresión que amenaza la vida democrática del país.