Pábulo a la división

por Jorge A. Bañales

Los precios y el desempleo aumentan, la inflación se acelera y las guerras que Donald Trump prometió que terminaría en el primer día de su presidencia continúan. Es su tiempo para más ahondar las divisiones entre los estadounidenses.

Fantasía y realidad

Hace un año nuestro país estaba en grave problema”, dijo el presidente Donald Trump el martes en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. “Pero ahora, en apenas ocho meses de mi gestión, somos el país más dinámico de todo el mundo, y no hay otro país que siquiera esté cerca”.

Durante su campaña electoral, Trump prometió que abatiría la inflación y bajaría los precios desde el primer día de su segundo mandato.

En agosto el índice de precios al consumidor subió un 0,4 % y la inflación anual marcó un 2,9 %, dos décimas más que en el mes anterior.

El índice de desempleo subió al 4,3 % sin mayores cambios en un año, la economía añadió apenas 22.000 puestos de trabajo, y la cifra de personas desempleadas llegó a 7,4 millones.

Al costado de los índices macroeconómicos, cuando empiezan a mostrar su impacto las tarifas que Trump ha impuesto sobre las importaciones de casi todo el mundo, y en el terreno donde los ciudadanos perciben la realidad cotidiana, en un año los precios de los alimentos han subido un 3,2 %, los de la carne vacuna, de aves y pescados y los huevos han aumentado un 5,6 %, los de las frutas y verduras subieron un 1,9 % y los de los productos lácteos un 1,3%.

La encuesta de opinión de The Economist la semana pasada, mostró que el 56 % de los ciudadanos tiene una opinión desfavorable de la gestión de Trump, aprobada sólo por el 38 % de los entrevistados. La del diario The New York Times registró un 54 % de desaprobación y un 43 % favorable para Trump.

El promedio de encuestas de RealClearPolitics notó que un 52 % de los entrevistados tiene una opinión negativa acerca de la gestión de Trump, que cuenta con el apoyo del 46 %.

Cuando Trump retornó a la Casa Blanca en enero, una encuesta de la firma Gallup encontró que apenas el 34 % de la ciudadanía estaba satisfecho con la dirección en la cual parecía encaminarse el país. Esa percepción es compartida ahora por sólo el 29 % de los encuestados.

Para preocupación de Trump y sus aliados, esa misma encuesta encontró que el índice de satisfacción entre los republicanos bajó del 76 % en agosto al 68 % en septiembre.

Por lo tanto, otra semana de distracciones.

Ciencia alternativa

El lunes Trump inició la distracción semanal aconsejando a las mujeres que durante todo el embarazo no tomen acetaminofeno, un fármaco conocido comercialmente como Tylenol y que se usa para bajar la fiebre y aliviar los dolores.

Si no puedes aguantarte, si no puedes hacerlo esto es lo que tendrás que hacer”, añadió. “Vas a tomar Tylenol pero muy poco. Puede ser algo que es muy peligroso para la salud de la mujer. Yo creo que no deberías tomarlo”.

La insólita incursión médica de Trump es resultado del acceso al poder del ahora secretario de Salud, Robert F. Kennedy, un antivacunista que, por años ha vinculado el autismo con algunos medicamentos y casi todas las vacunas.

Este Kennedy es hijo del senador Robert Kennedy, asesinado en 1968, y sobrino del presidente John F. Kennedy, asesinado en 1963. Abogado de profesión, el Kennedy ahora en el gobierno no tiene antecedentes en ciencias de la salud y ha alcanzado fama con teorías de conspiración en la salud pública, la resistencia a las máscaras y vacunas durante la pandemia de Covid-19, y la opinión de que el virus de inmunodeficiencia humana no es la causa del SIDA.

En años recientes ha habido un incremento significativo de los casos de autismo en Estados Unidos. La mayoría de los expertos sostiene que el incremento se debe, principalmente, a una nueva definición del trastorno que ahora incluye casos menos raves dentro de un “espectro” y al desarrollo de mejores diagnósticos.

Kennedy tiene un largo historial de promoción de ideas falsas o sin fundamento y de teorías dañinas sobre el autismo que han sido refutadas por médicos, científicos y otros que han experimentado o estudiado el autismo por años. El anuncio de hoy atribuye el autismo al uso de Tylenol durante el embarazo se sustenta en ‘ciencia’ distorsionada y afirmaciones falsas”, afirmó Mia Ives Rublee, directora de la Iniciativa de Justicia para Discapacitados en el Centro para el Progreso.

La ciencia médica convencional, respaldada por las mayores instituciones de investigación de la salud y la experiencia de médicos en todo el mundo sostienen que no se conoce, hasta ahora, una causa única del autismo.

El trumpismo es expresión, aunque no causa, de uno de los síntomas principales de la senectud de las sociedades: la desconfianza hacia principios que fueron cruciales en la etapa pujante de esas sociedades.

El método científico, que fue por siglos pilar en el desarrollo de la sociedad tecno-industrial es ahora cuestionado por la noción de que la ciencia es cuestión de opiniones. Por cada estudio científico que recomienda tal o cual tratamiento o fármaco, hay otros dos que cuestionan el estudio y un tercero que propone todo lo contrario.

Las promesas de la ciencia y la tecnología acerca de una sociedad donde los individuos tendrían más tiempo para el ocio creativo y menos obligaciones laborales chocan con la realidad de una porción creciente de la humanidad empobrecida, con un panorama pesimista para los jóvenes y sin respuestas al cambio climático y el agotamiento de los recursos.

El anuncio de Trump cumplió su propósito al agitar la controversia puntual que distrae a los medios y los políticos de los asuntos que más importan.

De “ellos” y “nosotros”

Según el Consejo de Justicia Criminal, una organización independiente y no partidista, el índice de homicidios en 30 ciudades estudiadas bajó un 17 % entre el primer semestre de 2024 y el primero de 2025. En ese período los informes de asaltos agravados bajaron un 10 %, el de asaltos con armas de fuego disminuyeron un 21 %, el de asaltos sexuales bajaron un 10 %, y los informes de robos en residencias mermaron un 19 %.

Las cifras a nivel nacional, sin embargo, deben tomarse con cautela ya que los índices de crímenes pueden ser más altos en algunas ciudades o zonas rurales, y aún dentro de las ciudades en ciertos barrios. Los índices de crimen violento en la capital, Washington DC, son altos, pero han estado disminuyendo desde 2023 tal como ha ocurrido en otras ciudades grandes como New York, Los Ángeles y Chicago

El presidente Trump ha decidido que la nación entera está sumida en una marea de crímenes, y que la violencia es mucho peor en los estados y ciudades que tienen gobiernos demócratas y comunidades inmigrantes grandes.

Como remedio, el presidente ha despachado destacamentos de la Guardia Nacional a Los Ángeles y Washington DC. También amenazó con que los enviaría a Chicago, pero la oposición del alcalde Brandon Johnson, y del gobernador de Illinois, Jay Robert Pritzker, ambos demócratas, dejó el asunto en suspenso.

Trump encontró en días recientes más interesante el despliegue de tropas militares en Memphis, ciudad con gobierno demócrata en el estado de Tennessee, que tiene gobierno republicano. Una amenaza similar está pendiente sobre New Orleans, donde la alcaldesa LaToya Cantrell es demócrata y el gobernador Jeff Landry es republicano.

En la explicación de sus despachos de tropas Trump y sus funcionarios recurren a una retórica en la cual figuran los términos “azules” y “colorados”. Entre los símbolos políticos estadounidenses, los demócratas son “azules”, y los republicanos son “colorados”.

Y, aunque la mayoría de los estadounidenses sigue anclada en nociones como la de que “somos todos americanos” y la de que las diferencias se discuten, pero se respetan, para Trump no existe la conciliación o, siquiera, la tolerancia entre “ellos” y “nosotros”.

Yo odio a mis oponentes”, afirmó Trump el domingo durante un acto en memoria del activista reaccionario Charlie Kirk, asesinado la semana anterior. “Y no les deseo lo mejor. No puedo soportar a mis oponentes”.

En la retórica trumpiana los “ellos”, los “azules” son corruptos, traidores a la patria, degenerados sexuales, drogadictos, cómplices de la inmigración ilegal, alimañas y sacrílegos.

En la misma ceremonia fúnebre el subsecretario de la Casa Blanca, Stephen Miller destiló las nociones:

Somos la tempestad”, afirmó “Y nuestros enemigos no pueden comprender nuestra fuerza, nuestra determinación, nuestra resolución, nuestra pasión. Ustedes (los enemigos) tienen nada. Son nada. Son la maldad, son la envidia, son el celo, son el odio. Son nada. Nada pueden construir. Nada pueden producir. Nada pueden crear. Nosotros somos los que construimos. Somos los que creamos. Somos los que elevamos a la humanidad. No tienen idea del dragón que han despertado. Luchamos para salvar esta civilización, salvar a Occidente, salvar a esta república, porque nuestros hijos son fuertes, y nuestros nietos serán fuertes, y lo hijos de los hijos de nuestros hijos serán fuertes. ¿Y qué dejarán ustedes? Nada, nada”.

El recurso de azuzar las divisiones, de emplear retórica beligerante y de tornar irreconciliables las diferencias es oportuno cuando todas las encuestas muestran que la popularidad del presidente Trump sigue disminuyendo.

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