¿Qué queda del derecho internacional?

por Jaime Esponda


(Foto EFE)

Parte I.

Poco antes de que Netanyahu, secundado por los gobernantes de Bielorrusia y Pakistán, propusiese a Trump como premio Nobel de la Paz, el Departamento de Estado impuso sanciones por “antisemitismo” a la relatora de las Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, que naturalmente se ha transformado en la competidora de Trump ante el Comité Noruego que debe atribuir dicho premio.

En los mismos días, pese a la aparente oposición de Washington, Netanyahu ordenaba bombardear Damasco. De otra parte, en medio de negociaciones de paz ralentizadas, se intensificaba la ofensiva militar rusa contra Ucrania, mientras Trump anunciaba mayor ayuda militar al país invadido 

En Gaza, las noticias recuerdan los informativos de la época de pandemia, con cifras diarias de decenas de muertos, incluidas mujeres, niñas y niños, incluso cuando buscan alimento, y también periodistas, aunque a diferencia de aquel desastre natural estas muertes son producto de la agresión dolosa de otros seres humanos que parecen no desear ninguna tregua. El domingo pasado, el Papa León XIV confirmó que las muertes y la destrucción en la parroquia de Gaza se debieron a “un ataque” de las fuerzas israelíes. Al día siguiente, por primera vez, ingresaron tanques israelíes al territorio gazatí, pero nadie sabe dónde acaecen las “batallas”.

A los conflictos referidos se agregan otros especialmente graves en el continente africano, destacando los de Nigeria y Sudán, donde últimamente han muerto masacrados cientos de civiles, incluidos mujeres, niños y niñas.

Ante la migración forzosa de masas empobrecidas, que crece a la par de la violencia bélica, la Unión Europea, especialmente Alemania, Italia y Polonia, ha acordado endurecer su política migratoria, principalmente para evitar el ingreso de solicitantes de asilo, tolerando la erección de barreras físicas y campos de detención. 

Por último, en el ámbito económico, se acerca la fecha en que se harán efectivos los inéditos aranceles anunciados por Trump contra sus socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la Unión Europea, Canadá, México, Brasil, etc., los más altos en nueve décadas, lo cual obliga a los bloques y países afectados a buscar acuerdos comerciales con nuevos socios, como lo está haciendo Europa con México, Suiza, y más allá, con India, Malasia, Sudáfrica y los Emiratos Árabes, mientras consolida el nuevo tratado con el Mercosur. Por cierto, otras potencias económicas afectadas, como Canadá, también sondean acuerdos con el Sudeste Asiático, y Brasil y México lo hacen mutuamente.

Desde luego, en este recuento, no es posible prescindir del crecimiento del BRICS, al que han adherido estados que representan la mitad de la población del mundo, producen cerca de un 40 por ciento de la producción mundial y, en buena parte, dependen primordialmente de las exportaciones y, por tanto, son principales perjudicados por los altos aranceles.

Ante la realidad de China como nueva potencia económica, es evidente que aquella tendencia a la diversificación de los acuerdos comerciales también persigue evitar caer en una nueva sujeción económica, ahora del gigante asiático. 

Por cierto, si se piensa en el desarrollo de los países menos favorecidos, a los aranceles debe agregarse el histórico recorte de la cooperación financiera al desarrollo que, según el Centro de Comercio Internacional, para 2025 alcanzaría un 28%, considerando no solo las ayudas provenientes de Estados Unidos sino de todos los miembros del Grupo de los 7, un descenso único desde la creación del G7[1]

El trayecto en que aparecen estos hechos no es, sin embargo, reciente. Se vino allanando desde hace tiempo, no solo con la contribución de Trump, Putin y Netanyahu. ¿Es que Hamas y la creatura genocida israelita se criaron solitariamente? ¿Es que la propuesta del ministro israelí de Seguridad de asesinar al actual presidente de Siria no tiene precedentes en una serie de asesinatos al margen de toda ley, practicados por los Estados Unidos contra quienes ha estimado peligrosos para su seguridad? Hay toda una “tradición” de acciones criminales, tácitamente aceptadas por estados de diverso signo, generadora de una mentalidad en que el propio lenguaje diplomático encubre la aceptación de la denominada “guerra preventiva”, al margen del derecho internacional, como lo fue el ataque israelí y estadounidense a Irán. Tal encubrimiento se hace presente, por ejemplo, cuando el propio presidente del Consejo Europeo formula un llamamiento “a las partes”, luego de la unilateral agresión israelí a Damasco[2].

Tampoco es ajeno a la realidad actual que varios estados incumbentes hayan sido renuentes, desde hace años, a vincularse a tratados internacionales claves, como ocurre con Israel, respecto al Tratado de no Proliferación Nuclear (NPT); o renuncien a otros, como lo han hecho Estados Unidos y Rusia en cuanto al Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF). Análoga actitud se reproduce en el ámbito de las migraciones, con los Estados Unidos y la mayoría de los estados de la Unión Europea, como Alemania, Francia y el Reino Unido, reacios a ratificar la Convención sobre los Derechos de los Trabajadores Migratorios. 

Ni siquiera las medidas proteccionistas adoptadas por los Estados Unidos son absolutamente novedosas ni de exclusiva autoría trumpista, puesto que el gobierno de Biden no modificó las decisiones arancelarias de adoptadas por la primera administración republicana e, incluso, impuso algunos aranceles discriminatorios. Y no se debe olvidar el Brexit, que debilitó la integración comercial que conlleva la Unión Europea. 

La acumulación sucesiva de conductas estatales como las descritas en los primeros párrafos constituyen, a juicio de la mayoría de los estudiosos de la ciencia jurídica, una crisis inédita del derecho internacional público y del orden interestatal establecido, desarrollado y sostenido bajo su imperio. 

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, ha sostenido que “la credibilidad, incluso la propia relevancia, del derecho internacional se está socavando y poniendo en tela de juicio o, “dicho de otro modo, una serie de Gobiernos claramente están pasando por alto y desentendiéndose de las normas y marcos jurídicos internacionales establecidos[3]

Esta crisis afectaría los principios jurídicos rectores de la paz y la seguridad internacionales de la propia Carta de las Naciones Unidas, materializados en gran medida en el derecho internacional convencional, comenzando por los tratados de desarme que son “erosionados por los mismos Estados que los negociaron[4]. También, la crisis trastornaría la fuerza de las convenciones del derecho internacional humanitario y de otras ramas del derecho internacional tan relevantes como el derecho de las migraciones y el derecho económico. Türk añade el daño causado al derecho internacional ambiental, debido a “la negación del cambio climático y la obstrucción de los avances a la hora de sustituir los combustibles fósiles por energías renovables[5], con impacto directo en los derechos humanos. Esta última admonición ha sido ratificada recientemente por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en una trascendental opinión consultiva solicitada por los gobiernos de Chile y Colombia, en la que advierte la existencia de “una emergencia climática que está socavando los derechos humanos de las generaciones presentes y futuras”, cuyo origen sitúa en la renuencia de estados y empresas a abandonar la utilización de combustibles fósiles que actúan como agentes destructores del medio ambiente[6].

El advenimiento de esta crisis introduce, adicionalmente, un dramático freno en el avance hacia los nuevos horizontes que se había fijado la comunidad internacional a inicios del milenio, como son los objetivos del Desarrollo Sostenible y el logro de las metas de la Agenda 2030, que ahora parecen extenderse indefinidamente en el tiempo. 

Los pobres, que según Juan Pablo II “no pueden esperar”, podrían conocer en el futuro inmediato, según el Banco Mundial, una “década perdida”, debido a que “después de décadas de avances, el mundo está experimentando graves retrocesos en la lucha contra la pobreza mundial[7]. Esta gris perspectiva ha sido ratificada recientemente por el Informe sobre Desarrollo Humano, según el cual los más pobres sufren un rezago cada vez más difícil de superar, debido a la brusca ralentización que experimenta el desarrollo[8]

En el embate de la realidad sobre el orden internacional y el ordenamiento jurídico que lo sustentaba actúan, dialécticamente, como causas y efectos, otros fenómenos que es indispensable considerar. Desde luego, la competencia mayormente antagónica entre Estados Unidos y China, en su disputa por la hegemonía económica, que amenaza con convertirse en declarada guerra comercial y tecnológica, puede impactar no solo en el orden económico sino en el conjunto del sistema internacional, alterando las bases asentadas de la cooperación multilateral y de la diplomacia.

Por su parte, en la esfera de la seguridad internacional, mientras los conflictos armados no descansan, la persistencia de la invasión rusa de Ucrania y las ambigüedades de Trump en su adhesión a la OTAN explican que la Unión Europea haya relanzado el proyecto Rearm Europe, aunque bajo un nuevo nombre –Readiness 2030– que implica un aumento del gasto en defensa, de hasta ochocientos mil millones de Euros, equivalente a un 5% del PIB europeo. Se explica, entonces, aquella reducción de la ayuda al desarrollo de los países más pobres, por los integrantes del G7. 

Con todo, ello ocurre simultáneamente con un debilitamiento de la cohesión política de la Unión Europea, en particular, del nexo franco alemán, cuya prognosis y consecuencias son aún inciertas. 

Semejante incertidumbre afecta al futuro del sistema político internacional, cuando declina el modelo unipolar naturalmente surgido de la caída de la Unión Soviética, puesto que no hay perspectivas ciertas sobre los bloques que emergerán como protagonistas. El propio fenómeno del BRICS plantea interrogantes sobre cuál será su incidencia en la política global.

Esta crisis general coincide con el avance de liderazgos populistas, nacionalistas o narcisistas y de la extrema derecha en muchos países. Un fenómeno que contribuye a ahondar la crisis, pues debilita el sistema democrático, socava sus instituciones jurídicas, fragmenta la representación parlamentaria, estimula el desprecio de los ciudadanos hacia los valores jurídicos, fomenta la xenofobia y atemoriza a las democracias en la defensa de sus propios principios, mientras crece la manipulación, la fragmentación y el torcimiento de la información, para ganar adeptos de aquellos liderazgos. Según el prestigioso informe anual del CIDOB, en 2025, “cuatro de cada nueve estados están en peor situación democrática que antes y aproximadamente solo uno de cada cuatro ha mejorado en su calidad[9] . 

En concordancia con una opinión creciente, sostenemos que el panorama descrito ha originado la mayor crisis del derecho internacional de la post segunda guerra. Tal crisis abarca una extensa zona en que la normativa jurídica, si bien se encuentra vigente, ha caído en la ineficacia, en cuanto, por inobservancia o falta de acatamiento de sus principales sujetos -los estados-, ha dejado de generar sus propios efectos. 

La mayor gravedad de esta vicisitud es, sin duda, que ella recae en los principios de la Carta de las Naciones Unidas, específicamente, la prohibición del uso de la fuerza armada para la expansión territorial, la solución pacífica de las controversias y la autodeterminación de los pueblos. 

En los países que se hallan en situación de guerra o sometidos a la violencia, la más seria repercusión de la inobservancia de tales principios incide, como lo vemos diariamente, en el derecho humanitario al que deben someterse los conflictos armados, especialmente en cuanto a la inmunidad de los no combatientes.

Otra manifestación del crítico trance histórico que vive la humanidad es el distanciamiento, por parte de los gobiernos, de prácticas asentadas de tratamiento a los migrantes y los solicitantes de asilo, lo que agrava especialmente la crisis específica del derecho de los refugiados, caracterizada por la insuficiencia histórica y normativa de la Convención de Ginebra. 

Por último, es de toda evidencia que el derecho internacional económico, que regula las relaciones entre los estados y otros actores de la economía, en relación con el comercio, la circulación financiera, las inversiones en los diversos países, los regímenes fiscales y demás factores, a nivel global, ha caído en una situación de lánguido paréntesis e impredecibilidad, luego de décadas en que fue sustento del libre comercio internacional. 

La política proteccionista de Trump ha sido la causa inmediata, aunque no la única, de esta crisis que parece poner fin al denominado Nuevo Orden Económico Internacional, consagrado por la comunidad internacional en la sesión de 1 de mayo de 1974, de la Asamblea General de las Naciones.

En la segunda parte de esta columna de opinión, concluiremos el análisis de la presente alteración mundial, pero principalmente intentaremos rescatar las reservas con que cuenta la humanidad para el renacimiento del derecho Internacional y la forma de revitalizar su imperio. 


[1] https://news.un.org/es/story/2025/07/1540131 Visto el 08.07.2026

[2] EFE. Bruselas, 16.07.2025

[3] Mensaje a la Fundación Heinrich Böll, Berlín, 04.06.2025. https://www.ohchr.org/es/statements-and-speeches/2025/06

[4] Ibid. 

[5] Ibid. 

[6] Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva N° 32, 3 de julio de 2025.

[7] Banco Mundial, Comunicado de prensa N°2025/029. https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2024/10/15

[8]PNUD.  Informe sobre Desarrollo Humano 2025. https://hdr.undp.org/content/humandevelopment-report-2025. 

[9]  CIDOBThe Global State of Democracy 2024, https://www.cidob.org/sites/default/files/2024-

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2 comments

Nina julio 25, 2025 - 6:56 pm

Excelente análisis La reserva de recursos que tenga la humanidad para restablecer el derecho internacional, respeto y profundización con enfoque en los DDHH me parece vital

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Graciela julio 27, 2025 - 11:38 pm

Excelente análisis de Jaime Esponda! Pone en juego todas las instancias, organismos y poderes que tienen incumbencia en el «crítico trance histórico que vive la humanidad», según él lo define.

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