*En memoria de quienes se han quitado la vida debido al olvido y abandono de la política y sociedad que buscaron despertar en octubre de 2019*
Toda muerte es una terrible noticia para quienes promovemos una cultura de la vida y la solidaridad. La tristeza se multiplica al saber que alguien decidió terminar con su existencia. Por desgracia, recientemente se suicidó otra víctima más de la revuelta popular.
Su nombre era David Isaías Gómez Valenzuela, fue preso político de la revuelta, se quitó la vida el pasado sábado 20 de septiembre, tenía 30 años. Anteriormente otras personas víctimas de violaciones de derechos humanos ya se habían quitado la vida, recuerdo a Patricio Pardo Muñoz el 11 de diciembre de 2021, Jorge Salvo Alarcón el 28 de junio de 2023, y Sebastián Méndez Ortega el 18 de octubre de 2024, pero David se diferenciaba en algo de ellos, a él lo visitó el candidato Gabriel Boric el 30 de julio de 2021 en Santiago 1.
El candidato Boric en un registro posterior a la visita señaló que David “sufrió graves injusticias” y que “seguiremos trabajando con la frente en alto por Verdad, Justicia, Reparación, por el indulto a los presos políticos, y porque haya condiciones dignas y humanas en todas las cárceles de Chile”. Pero el presidente Gabriel Boric no indultó la condena de tres años y un día de David, ¿Qué fue de esas graves injusticias que evidenció en el módulo 12 del penal? En su caso no se consideró que los hechos ocurridos durante el denominado “Estallido Social’, “que derivó en una crisis política e institucional, en el cual se produjeron hechos de violencia y violaciones a los derechos humanos, por los cuales se deberán adoptar acciones extraordinarias que permitan restablecer la paz social” y que “el nivel de conflictividad en el país que configuro un contexto excepcional, enmarcado en masivas manifestaciones públicas. En este contexto y con el objeto de propender a la cohesión social, rencuentro nacional y de mirar hacia el futuro con mayor dignidad y paz”, estas frases son fragmentos textuales de los “considerando” de los decretos de indulto firmados por la Ministra de Justicia y Derechos Humanos, Marcela Ríos Tobar, “por orden del presidente de la república” en diciembre de 2022. Repito, David no fue indultado por el presidente Gabriel Boric.
Los gobiernos no se juzgan por lo que dicen, sino por lo que hacen. Esto lo han aprendido duramente las víctimas y sus familiares al constatar el intermitente compromiso con los derechos humanos de esta administración, motivo por el cual no concurren a las invitaciones que recientemente les hicieron desde la Subsecretaría de Derechos Humanos. Al final del gobierno quieren consolidar un catastro de víctimas, reformular programas, gestionar requerimientos, contribuir al acceso a la justicia y construir garantías de no repetición. Ahora que queda menos de un mes para la sexta conmemoración de la Revuelta Popular de octubre de 2019, la última conmemoración durante este gobierno que decidió convertir el olvido en política y el abandono su programa. Ahora, poco antes de que David decidiera quitarse la vida.
No se debe olvidar que fue el presidente Gabriel Boric quien dijo, frente al Congreso Pleno en su Cuenta Pública de 2022, que “hace sólo tres años, las muertes de Manuel Rebolledo, Alex Núñez, Romario Veloz y Cristian Valdebenito, entre otros, en el marco del estallido social, nos obligaron a una tarea muy dura, que en nuestro país hay ocasiones en que protestar se termina pagando con la vida. Y eso no lo podemos seguir permitiendo. Verdad, justicia, memoria, reparación y no repetición son nuestros compromisos como Gobierno”.
No se debe olvidar que fue el presidente Gabriel Boric quien dijo en la presentación de la Agenda Integral de Verdad, Justicia y Reparación para las violaciones a los derechos humanos en el Estallido Social, frente a la Senadora Fabiola Campillai, que “yo, aquí, ante ustedes, solemnemente, a lo que nos comprometemos es a que vamos a dar lo mejor de nosotros para que la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición no sean palabras que se las lleve el viento o que solamente estén en los libros o en los discursos, sino que ustedes como familias, como víctimas, las sientan”.
Las palabras que se decían “compromisos de gobierno” se las llevó el viento, quedaron solamente en discursos, las víctimas y sus familias no las sintieron hacerse realidad. El presidente transformo el PIRO de Piñera en PACTO y lo llamó reparación en salud para las víctimas, así como creo la Mesa de Reparación y llamó a participar a las víctimas y sus familiares, solo para después no realizar una entrega final del informe con recomendaciones, las cuales no se han llevado a cabo, y también continuó entregando pensiones de gracia mediante el Departamento de Acción Social de la cartera de Interior, de la misma manera que lo realizó Piñera. La única innovación fue hacer participar a las víctimas en una aventura estéril por su poco compromiso, jugando con sus esperanzas y expectativas.

Si su compromiso se hubiera materializado responsable y efectivamente sabríamos cuantas personas fueron víctimas de violaciones de derechos humanos por parte de agentes del Estado entre octubre de 2019 y marzo de 2020, pero no lo sabemos. El presidente no creo una Comisión de Verdad que calificara a las víctimas y recomendara políticas, planes y programas para su reparación. No envió un mensaje al Congreso para discutir una ley que se hiciera cargo de sus necesidades y urgencias. No abogó por un candidato comprometido con los derechos humanos para proveer el cargo de Fiscal Nacional del Ministerio Público, un candidato que buscara eficazmente las responsabilidades penales de quienes violaron masiva y generalizadamente los derechos humanos durante la Revuelta. En cambio, blindó y protegió a Ricardo Yáñez Reveco como General Director de Carabineros de Chile, institución que tampoco refundó, modernizó ni reformó, ¿cuántos Carabineros actualmente en funciones fueron autores, cómplices o encubridores de violaciones de derechos humanos durante la revuelta y continúan impunes? De ocurrir otro estallido social, por las razones que sean, ¿Agentes del Estado volverán a dejar cientos de personas sin ojos, decenas de mujeres violadas y asesinarán a manifestantes? No debemos olvidar la responsabilidad de mando de Yáñez y otros, así como las responsabilidades políticas de quienes gobernaron en consecuencia con la frase “estamos en guerra” y desataron un horror vivido solo en dictadura.
Si este gobierno buscara enmendar su rumbo en el poco tiempo que le queda en el sillón de O’Higgins y cumplir en algo la palabra empeñada, el presidente Gabriel Boric debe crear por decreto supremo una comisión permanente que califique a las víctimas, así como también debe enviar un mensaje al Congreso creando un servicio que se encargue de las políticas, planes y programas de verdad, justicia, reparación, garantías de no repetición y preservación de la memoria histórica de la Revuelta Popular, también debe realizar actos públicos conmemorando a las víctimas en cadenas nacionales repasando los hechos y sus consecuencias.
Seguir en este camino de olvido y abandono de las víctimas y sus familiares no debe ser una opción, porque quienes niegan y justifican las violaciones de derechos humanos no se conmueven con la pérdida de otra vida, porque no las valoran ni las respetan, así lo han demostrado incansablemente en esta y otras épocas con los detenidos desaparecidos, ejecutados políticos, torturados y presos políticos de la dictadura civil-militar, su encono y saña con las víctimas de la revuelta es una extensión de ese comportamiento negacionista y autoritario que con el orden como excusa son capaces de justificar las más horrendas atrocidades imaginables.
Siguiendo la canción “soplando en el viento” de Bob Dylan lanzada en 1962: “¿Cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón antes de que sean prohibidas para siempre? (…) ¿Cuántas veces puede un hombre voltear la cabeza pretendiendo que él no ve? (…) ¿Cuántos oídos debe tener un hombre antes de que pueda escuchar a la gente llorar? ¿Cuantas muertes tendrán que pasar hasta que él sepa que demasiada gente ha muerto? La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento”.
Ad portas del sexto aniversario de la revuelta, con otro suicidio más a cuestas, es necesario recordar palabras que al inicio de su gobierno decía el presidente: “cuenten con nosotros, no están solos. Cuando vean que nos demoremos más de la cuenta, recuérdennoslo porque, a veces, en estos días vertiginosos la brújula se pierde, pero yo sé que estamos aquí por esto y ese es nuestro compromiso irreductible”. A pesar de la demora, del equivocado rumbo que tomó su gobierno y su compromiso intermitente con los derechos humanos que transformó el olvido en política y al abandono en su programa, esta columna busca recordar en estos días vertiginosos hacia donde debe avanzar y cuáles fueron sus compromisos con las víctimas, sus familiares y el país.