El ta-te-ti de los distritos

por Jorge A. Bañales

Con artimañas que burlan la democracia representativa demócratas y republicanos se trenzan en la reconfiguración de distritos electorales con miras a ensanchar la sigua diferencia de escaños en el Congreso.

No hay peor ciego

En el tablado planetario ocurren los desastres vinculados con el cambio climático y la contaminación del aire y los suelos, las migraciones masivas que encaran el racismo aquí, allá y en todas partes, y los conflictos armados de una humanidad que se asoma a los límites del crecimiento económico, pero los dos partidos políticos que en Estados Unidos se han alternado en el gobierno por décadas están encizañados en las ventajitas que puedan sacar con el reacomodo de distritos electorales.

Por su parte el presidente Donald Trump, para quien el cambio climático es una mentira china y las migraciones las causan gobiernos arteros que envían sus excedentes demográficos a la Gran América Gran, apoya las tretas republicanas en el juego conocido como gerrymandering que consiste en la modificación de los límites de las circunscripciones donde se eligen los miembros del Congreso.

En el actual período legislativo, el 119 desde la fundación de la república, los republicanos tienen 219representantes y los demócratas cuentan con 215. La revolución desde arriba que ha lanzado Trump requiere que las elecciones legislativas de noviembre de 2026 le confirmen una mayoría tan leal como sustancial. Si Trump pierde esa mayoría los dos años finales de su segundo mandato presidencial bien pueden ser un pantano o requerirán una afirmación más cruda de su intento autoritario.

Un poco de historia

En el nacimiento de Estados Unidos, cuando el país constaba de 13 estados y una población de poco menos de cuatro millones de personas, la Constitución estipuló la realización de un censo de población cada diez años, y el establecimiento de una cámara baja en el Congreso con 65 escaños.

El Censo, que se realizó por primera vez en 1790, proporcionó las cifras de población de cada estado, y la distribución de escaños en el Congreso debía reflejar esa proporción demográfica.

A medida que la república creció, añadiendo territorios que pronto se convirtieron en estados, y la población aumentó debido principalmente a la inmigración la cifra de escaños a ser distribuidos aumentó hasta que en 1929 el Congreso fijó el límite en 435 puestos, el número de escaños alcanzado en 1912 cuando Arizona y Nuevo México se incorporaron al país como estados.

Un siglo atrás había un miembro de la Cámara de Representantes por cada 200.000 personas contadas en el censo. Ahora, con 50 estados y una población de 342 millones de personas, hay un representante por cada 786.000 habitantes.

De década en década hay estados que ganan población y estados que la pierden. Actualmente encaran la lista de sus representantes en el Congreso, California con 52 escaños, Texas con 38, Florida con 28, y New York con 26.

Las cifras del Censo no sólo dictan el reparto de escaños, sino que también determinan el número de delegados de cada estado al Colegio Electoral donde, en definitiva, se certifica el resultado de la elección presidencial.

Más aún: las cifras del Censo, y el peso que cada delegación estatal tiene en el Congreso, dictan la distribución de recursos federales para la enseñanza y la salud, la infraestructura y los programas de asistencial social canalizados a los estados.

La imposición de un límite al crecimiento en el número de escaños en la cámara baja del Congreso tuvo, entre otros, la razón razonable de que una asamblea legislativa con crecimiento ilimitado se tornaría en disfuncional antes de fallecer por irrelevancia.

Trump aboga por un cambio en el Censo para que se omita en el conteo a los inmigrantes indocumentados. El presidente no tiene atribuciones legales para imponer ese cambio y, de todos modos, el próximo censo se realizará en 2030, dos años después que termine su segundo mandato.

La puja por puestos

El límite fijado en 435 puestos legislativos trasladó al interior de cada estado la puja por los distritos que otrora fue motivo de disputas entre los estados.

California tiene asignados 42 distritos y Texas cuenta con 38, cada partido al parecer ha de usar todas las triquiñuelas disponibles para asegurarse el triunfo electoral y el incremento de sus representantes en el Capitolio de Washington. Lo mismo vale para todos los estados.

Los datos históricos, las encuestas de opinión, los grupos de consulta, los expertos en estadísticas, los sociólogos y politicólogos y, ahora, la inteligencia artificial, se combinan para ubicar geográficamente las poblaciones más propensas a votar por candidatos “colorados” (republicanos) o “azules” (demócratas) con una precisión sin precedentes.

Para estas determinaciones se toman en cuenta datos como la raza de los residentes, sus niveles de ingreso, educación académica, propiedades, negocios, empleos, membresía sindical, religión, y propensiones en los llamados “asuntos culturales” como la homosexualidad y el aborto.

Si, por ejemplo, tanto análisis indica que los actuales distritos 16 y 25 tienden a votar “azul” y envían dos representantes al Congreso, un nuevo trazado de los límites puede crear un distrito que incluya al 25 y el 16 y, por lo tanto, tiene asignado un solo representante. En otro lado del mapa, aparecerá un distrito nuevo que incluya   porciones de otro que ya ha votado, mayormente, “colorado”, y habrá dos representantes.

Tal para cual

Texas tiene en el Congreso federal una representación de 53 republicanos y 45 demócratas. El gobernador Greg Abbot, uno de los aliados más firmes de Trump en la campaña contra los inmigrantes, apoya decididamente el intento de sus legisladores para la aprobación de un nuevo mapa de distritos que se usará en la elección legislativa de noviembre de 2026.

Tenemos la oportunidad en Texas de ganar hasta cinco escaños”, afirmó Trump, nunca tímido cuando de inmiscuirse se trata, en una entrevista con Squawk Box de la cadena CNBC. “Tenemos allí un gobernador realmente bueno, tenemos buena gente en Texas. Y yo gané en Texas. Recibí en Texas la votación más alta de la historia, como probablemente saben. Tenemos derecho a cinco escaños más”.

Los legisladores demócratas texanos escaparon del estado por unos días para impedir que la Cámara Baja tuviese quorum para aprobar la reforma de distritos que ya obtuvo venia en el Senado. Pero después del retorno de los insubordinados, la aprobación quedó asegurada.

En el otro costado del mapa político y geográfico, el gobernador demócrata de California, Gavin Newson, acentuó su campaña por la aprobación de una modificación de los distritos electorales que, supuestamente, darán victoria a cinco “azules” y dejarán en la redota a los ”colorados”.

Pocos, lucen, pero recuérdese que la mayoría republicana en el Congreso actualmente es de sólo cuatro legisladores.

Estamos en guerra”, dijo en una conferencia la gobernadora de New York, Kathy Hoschul. “A los demócratas no les queda otra opción más que buscar una enmienda constitucional que autorice nuevos mapas, aunque no aparecería en las urnas hasta 2027”.

Los demócratas en Wisconsin buscan reconfigurar su mapa de distritos electorales antes de los comicios de 2026, y se espera que el gobernador republicano de Missouri, Mike Parson, avale una iniciativa en la legislatura para una reforma similar.

El gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, quien compitiera por la candidatura presidencial con Trump en 2024 y es ahora un de los aliados más locuaces del presidente, ha expresado interés por un cambio de los distritos en su estado.

Y así, mientras la revolución de Trump sigue erosionando la república, más de 123 millones de personas deambulan por el mundo desplazadas por la violencia o el hambre, y más ciudadanos en Estados Unidos se sienten alienados del sistema político, demócratas y republicanos en EE.UU. juegan al ta-te-ti.

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