María Emilia Cornejo: La muchacha mala que escribió su historia

por Cristina Wormull Chiorrini

Lima, 1949. En una ciudad que enseñaba a las mujeres a callar, nació una voz que eligió el temblor. María Emilia Cornejo no fue una heroína ni una mártir. Fue poeta. Fue cuerpo que deseó, que sangró, que escribió. Su vida fue breve pero su palabra aún arde en las grietas de la literatura peruana.

María Emilia Cornejo nació en 1949 en Pueblo Libre, Lima. Estudió en el Programa de Literatura de la UNMSM (Universidad de San Marcos) y participó en talleres dirigidos por Hildebrando Pérez Grande y Marco Martos. Vivió entre libros, cuerpos y contradicciones. Católica, cercana a la Teología de la Liberación, jaranera, salsera, melodramática —como decía su hermana gemela Ana María—, encarnó personajes que luego convertiría en poesía.

Su obra es breve pero intensa. Publicó pocos poemas en vida, algunos bajo el seudónimo María Márquez. Pero tras su muerte, aparecieron textos como Soy la muchacha mala de la historia, Como tú lo estableciste y Tímida y avergonzada. En ellos, el cuerpo femenino no es objeto: es voz, es herida, es deseo.


te beso en los ojos, en la cóncava mudez de tu inocencia,
te beso y todo tu cuerpo se viste
con flores de un canto primaveral,
te beso y conviertes las cosas
en hechos silenciosos y llenos de asombro,
te beso al fin
te beso.

Su poesía erótica no busca seducir: busca decir. Decir el aborto, la traición, la frustración, el placer fingido, la soledad. María Emilia es considerada la iniciadora de la poesía erótica femenina en el Perú.

Se casó muy joven y enamorada con Oswaldo Márquez, estudiante de ingeniería. A los tres meses de embarazo, sufrió un aborto espontáneo. A poco andar, la pérdida provocó la ruptura con su esposo y se sumió en una profunda depresión. Esa ruptura fue un punto de quiebre emocional y creativo. Se quedó en Caja de Agua, un vecindario marginal en San Juan de Lurigancho, buscando otra vida junto a amigos como Susana Villarán (que más tarde sería alcaldesa). Este entorno fue más que amistoso: fue afectivo, político, creativo.

…era carismática, atractiva, tenía un gran encanto, muy amiguera, era de grandes amistades, tenía también mucho jale con los galanes, siempre había uno o dos enamorados dándole vuelta…Ana María Morales, gemela.

Alberto Rutté, uno de los residentes de esa casa, aparece en testimonios como alguien cercano. Aunque no se confirma una relación amorosa, sí se menciona que vivió con María Emilia y Oswaldo, lo que sugiere una convivencia compleja, quizás triangular.

María Emilia tuvo amantes. Uno de ellos fue Enrique Verástegui, quien fue muy especial para ella. Es posible que muchos de los poemas de su faceta romántica correspondan a la época en que mantuvo una relación con el escritor, quien era considerado ‘el Rimbaud’ de Hora Zero.

Pero Oswaldo nunca superó la pérdida de María Emilia y años después, también se suicidó.

…soy / la muchacha mala de la historia, / la que fornicó con tres hombres / y le sacó cuernos a su marido / soy la mujer / que lo engañó cotidianamente / por un miserable plato de lentejas/ la que le quitó lentamente su ropaje de bondad / hasta convertirlo en una piedra / negra y estéril, / soy la mujer que lo castró / con infinitos gestos de ternura / y gemidos falsos en la cama. / soy / la muchacha mala de la historia. María Emilia Cornejo

En esa casa, escribió. En esa casa, murió. Allí, en 1972, se suicidó con una sobredosis de pastillas. Tenía apenas 23 años. Dejó atrás su poesía. Su muerte fue también un acto poético, como una piedra que cae y “deja ondas en el agua”. No dejó carta. Dejó versos.

María Emilia no fue heroína ni mártir. Fue poeta. Su obra incomoda porque no pide perdón. Porque escribe desde el cuerpo que sangra, que desea, que se equivoca.

Pocos poemas (solo tres) fueron publicados por su amigo Isaac Rupay, uno de los miembros del movimiento Hora Zero, en la revista Gesta (1970). Algunos poemas iniciales fueron descubiertos tardíamente porque fueron publicados bajo el seudónimo de María Márquez. Toda su obra fue conocida póstumamente a través de diversas publicaciones en revistas como Eros (1973), Raíces édicas (1981)Viva (1985) y La casa de cartón (1986). En 1994 se publicó una recopilación de su poesía en el poemario En la mitad del camino recorrido bajo el sello editorial del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. 

Recientemente, se ha publicado el libro Todo lo guardo en mis ojos, poesía reunida de María Emilia bajo el sello del Fondo de Cultura Económica. Como mencionamos, por sus versos es considerada la iniciadora de la poesía erótica femenina en el Perú. Además, es reconocida actualmente como una de las más influyentes de la Generación del 70 en su país.

Sus versos siguen resonando en muchas escritoras peruanas y latinoamericanas y en Chile, en poetas como Daniela Catrileo, Carmen Berenguer, y tantas otras que escriben desde el margen, desde el deseo, desde la rabia.

Por su temprana desaparición, muchos la convirtieron en una leyenda. Se habló entonces de su voz maldita, de la niña terrible. Algunos consideraron que su suicidio era una respuesta romántica y resucitaron el mito del poeta bohemio y marginal.

Ana María, su hermana gemela, decía que María Emilia encarnaba personajes, que podía “engañar a cualquiera” como parte de su vena artística. Esto sugiere que sus vínculos afectivos eran también performativos, intensos, y quizás múltiples.

Sus versos no nombran directamente a amantes, pero sí hablan de cuerpos, de traición, de deseo fingido, de ternura que se vuelve arma. En Soy la muchacha mala de la historia, el sujeto lírico no es víctima ni heroína: es una mujer que toma el control del relato amoroso, aunque sea desde la herida.

María Emilia vivió el amor como campo de batalla, como máscara, como posibilidad. Y quizás por eso su poesía sigue resonando: porque no busca explicar, sino exponer el temblor.


me encontraste en la mitad de todos mis caminos
me tomaste de la mano y yo te seguí ansiosamente,
ninguna cama nos aguardaba
sin embargo
cualquier lugar era apropiado
para juntar nuestras desdichas.
mis senos maduraron como dos frutos en tus manos
y descubrí que el amor
no siempre necesita un lecho de rosas.

La pasión fue su origen. No como exaltación romántica, sino como fuerza que desborda, que rompe, que exige decir. En sus poemas, el deseo no es metáfora: es cuerpo, es herida, es acto. Soy la muchacha mala de la historia no es solo un título: es una declaración de guerra contra el pudor, contra el mandato femenino, contra el silencio.

Pero fue en ese dolor donde su voz encontró filo. Su poesía no busca consuelo: busca decir. Decir el deseo, la frustración, la traición, el placer fingido, la soledad. En Soy la muchacha mala de la historia, el cuerpo femenino no es objeto: es sujeto que se afirma, que se venga, que se expone.
Además de una mujer brava, era una militante social. «Emilia era de izquierda —cuenta su hermana—, era una marxista convencida. Se leyó todo lo que había que leer. Más tarde participó de la Juventud de Estudiantes Católicos, un grupo que giraba alrededor de la figura del padre Gustavo Gutiérrez y la Teología de la Liberación, muchos dirigentes de la izquierda peruana surgieron de ese grupo”. Su opción fue siempre por los pobres y, como era de esperarse en ella, se fue a vivir a un barrio obrero de la periferia de Lima mientras hacía clases de literatura en un colegio barrial de la zona y, pese a nunca haberse declarado feminista, era una ávida lectora y admiradora de Simone de Beauvoir.


entro lentamente por tus venas
hasta inundar
todos los rincones de tu cuerpo
rescato tu nombre mil

El año 2022 recibió un reconocimiento póstumo de parte del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) del Estado Peruano, el cual, mediante un decreto en ocasión del 8 de marzo, otorgó la condecoración “Orden al Mérito de la Mujer” a María Emilia Cornejo y otras 24 mujeres peruanas, siendo destacadas por su tarea en la defensa de los derechos y por promover la igualdad de género. En particular, Cornejo fue reconocida por «su aporte al desarrollo de la literatura y la eliminación de barreras para la igualdad de género«

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