En las principales escenas de los cantos XXVII y XXVIII del Infierno en la Divina Comedia de Dante Alighieri, se describe la violencia del asesinato justificado bajo pretexto de Dios y la fe. Dante reprocha y condena a los asesinos y a los que difunden discordia, incluso aquellos que fueron guiados por líderes religiosos, mostrando cómo el crimen destruye la convivencia. En el canto XXVIII, Dante narra el castigo de los sembradores de discordia, quienes son descuartizados como sentencia por sus acciones cuando estuvieron vivos. En el canto XXVII menciona a Guido da Montefeltro, un mercenario y político, quien fue aconsejado por el Papa Bonifacio VIII para cometer actos tramposos y violentos. En el relato, Dante describe cómo el poder religioso a menudo avala y suscita acciones profundamente violentas.
A propósito de Semana Santa, veo en la plaza de mi barrio, frente a la mítica las “Lanzas” cerrada, en la puerta de la parroquia, al obispo con su mejor atuendo y aferrado a elegante báculo pastoral (bastón) que nunca tuvo pastor verdadero, pregonar que el crimen severamente castigado como tal para todos, para ellos se llama pecado y, como tal, es perdonable con el solo arrepentimiento. Pero afirmar que se puede matar en nombre de Dios, parece no serlo.
La guerra que por estos días sacude al mundo tiene como actores a países que profesan las tres religiones monoteístas y, además, están gobernados por líderes que dicen actuar en nombre de Dios. Esta ignorancia ha llevado a sostener y argumentar las políticas más atroces e insólitas de nuestra historia.
Cuando se mata en nombre de Dios, se asume que la voluntad divina es absoluta y comprensible, a menudo invalidando las preguntas esenciales de la existencia. Matar en nombre de Dios es una cuestión histórica, del pasado y también del presente, cuando la creencia religiosa es esgrimida para justificar la violencia, a menudo impulsada por el fanatismo, la manipulación e incluso el delirio de sus líderes para conseguir objetivos territoriales y económicos. A través de la historia, la instrumentalización de la fe ha servido para justificar las Cruzadas, la Inquisición. En la Francia del siglo XVI, católicos y protestantes se mataron unos a otros; son un ejemplo clásico de violencia en nombre de la fe. En conflictos de identidad hemos sido testigos de enfrentamientos entre hindúes y musulmanes, chiitas y sunnitas, o conflictos como el de Sri Lanka entre budistas e hindúes. En la historia reciente, dictaduras como la de Francisco Franco en España utilizaron la frase «Caídos por Dios y por España» para justificar sus crímenes; durante y después de la Guerra Civil que cobró miles de vidas bajo la argumentación religiosa, como muchos de los conflictos geopolíticos de hoy.

Ante el retroceso formativo que experimentamos como sociedad, la democracia y la religión solo pueden sostenerse si existen ciudadanos capaces de razonar críticamente. Creo que este es el desafío de la educación contemporánea, retomar la formación en filosofía, historia, arte, matemáticas, ciencias y, sobre todo en educación cívica. Al no hacerlo arriesgamos tener cada vez más ciudadanos dóciles, pasivos y vulnerables a la manipulación, debilitando la democracia y la fe. Perpetuando la normalización del silencio y la indiferencia ante los abusos de poder y las cuestiones públicas que nos afectan a todos, y más peligroso aún, una religión enferma y delirante. Creo que esta es la verdadera tragedia de la humanidad.

El camino hacia el crecimiento interior pasa por una aproximación de la lucidez; este es para mí el territorio de la poesía. Parafrasear a Dante y escribir: Dejen, los que aquí leen esta nota, toda esperanza. Y deja aquí tú, hipócrita lector, todo recelo y da muerte en estas líneas a toda cobardía y ama en nombre de Dios, en nombre de los árboles, y en tu propio nombre.
(*) Imagen de entrada: “Judith y Holofernes”, Caravaggio
Esta es la pintura más maravillosa que he encontrado para acompañar la nota de esta semana.
Es violenta. Como en la mejor poesía, encarna la violencia, hace que la imagen sea vivida.
Leer notas anteriores de Dante Cajales Meneses
2 comments
Muy bueno!! Está fuerte, cuestiona el uso de la religión para justificar la violencia.
Conecta bien la historia con problemas actuales.
Invita a reflexionar y evitar el fanatismo.
Excelente artículo, la frase: «El camino hacia el crecimiento interior pasa por una aproximación de la lucidez», para mí es una Verdad