Árboles en la Literatura y el Cine: ¿Cuál es el tuyo?

por Dante Cajales Meneses

Cuando visité la casa natal del poeta Miguel Hernández en Orihuela, en la provincia de Alicante de la comunidad de Valencia, lo primero que quise conocer fue la higuera donde escribió su Elegía a Ramón Sijé. La sombra de la higuera fue un espacio fundamental de amparo, inspiración y creación poética para Miguel Hernández. Bajo ese árbol centenario, que aún se conserva, el poeta solía descansar, leer y escribir. Convirtiéndolo en su vínculo con la tierra.

En mi cumpleaños número 60, la poeta Jessica Sequeira me regaló uno de sus últimos trabajos publicados: Una luminosa historia de la palmera. El libro contiene historias en las que aparece de manera recurrente una palmera. Extrañé dos palmeras en su relato, la chilena y la de Miami. La palmera de Miami, muy común en centros comerciales, y en los barrios del sector sur y nororiente de Santiago. Su tronco anillado y su follaje verde evocan paisajes costeros y climas cálidos, muy disímiles y alejado del paisaje de la zona central de Chile. Simulando entornos como Fisher Island, Indian Creek Island o Star Island. Después de leer el libro, me pregunté sobre algunos árboles que aparecen en la literatura, el cine y la religión. Una especie de árbol simbólico, sagrado o simplemente decorativo.

La tradición cristiana no especifica un único árbol para el madero donde fue crucificado Jesús. En diversos relatos se menciona al cedro, el ciprés, el pino o la madera de olivo (común en Jerusalén). En sentido alegórico, la cruz es frecuentemente referida como el «árbol de la vida«. A diferencia del árbol asociado con la vida de Mahoma, conocido como el árbol bendito o árbol sahabi (pistacia atlántica), un pistacho atlántico de más de 1.500 años situado en el desierto de Jordania. Se cuenta que el profeta se refugió bajo su sombra a los nueve años durante un viaje a Siria. Varios siglos después, en el martirio de San Sebastián se narra que el santo fue amarrado a un tronco. Refiriéndose a él simplemente como el tronco de un árbol, cuyo nombre no se menciona. Lo cierto es que en lugares como Zinacantán (México) la religiosidad popular se refiere al árbol de San Sebastián como el árbol del jaguar (Jaguar Nok), muy común en los Altos de Chiapas.

En la historia de Guillermo Tell, su hijo fue colocado bajo un tilo (tilia) para la famosa prueba de la ballesta donde demostró su rebeldía y valor en contra de los opresores. Si bien el olivo es uno de los árboles más destacados en la literatura homérica, la mimbrera (lýgos), se mencionan en La Ilíada (XI) cuando Aquiles ata a los hijos de Príamo en las lomas del Ida. En el poema épico de Alonso de Ercilla, La Araucana, su autor narra la guerra de Arauco del siglo XVI. Ercilla destaca la presencia del canelo en ceremonias y rituales, resaltando su valor cultural y su carácter sagrado en la cosmovisión del pueblo mapuche.

Dante junto a Virgilio en el segundo recinto del séptimo círculo. Por Doré.

En La Divina Comedia de Dante Alighieri, los árboles del bosque de los suicidas, situados en el segundo anillo del séptimo círculo del Infierno (Canto XIII). Las almas de quienes se quitaron la vida son transformadas en árboles espinosos y nudosos que sangran y se lamentan cuando sus ramas son rotas por criaturas mitológicas como las “arpías”. El árbol que se asocia con los «amantes melancólicos«, aparece mencionado en Romeo y Julieta de Shakespeare, es el sicómoro, una especie de la familia de las moráceas y de las higueras. Este árbol aparece en la escena donde Benvolio menciona haber visto durante la madrugada a Romeo caminando bajo los sicómoros. 

Sancho permanece colgado de una encina. Por Louis Pierre René.

En la segunda parte del Quijote de la Mancha (Capítulo XXXIV), durante una cacería, Sancho intentar huir de un jabalí. Para ponerse a salvo sube a una encina (Quercus ilex), donde queda enganchado y colgado boca abajo. Es un hecho cómico y desafortunado al mismo tiempo. Don Quijote, dirigiéndose a Sancho, le dice: el corazón de la encina / late / mi querido Sancho. Otro árbol famoso es donde aparece el Gato de Cheshire en Alicia en el País de las Maravillas. Un castaño situado en el jardín de la Catedral de Christ Church en Oxford, el que creo, se inspiró Lewis Carroll. En El árbol de María Luisa Bombal, Brígida la protagonista, tiene un gomero en su ventana para aislarse del mundo exterior, especialmente de su esposo Luis, un hombre mayor. En la narrativa parece simbolizar el refugio emocional del personaje. En Cien años de soledad, el árbol alegórico es el viejo castaño en el patio de la casa de José Arcadio Buendía. En su locura es amarrado al árbol donde muere de soledad. Lo asombroso es que el cuerpo se llena de musgo. 

En la película Forrest Gump, un enorme roble vivo (live oak) cubierto de musgo, situado en Carolina del Sur, es donde Forrest y Jenny solían jugar de niños. En el filme de James Cameron, Avatar, es “el árbol de las almas” de las veinte tribus que habitan Pandora. “El árbol de las almas” se encuentra justo sobre una zona de tierras raras.  En la trama, los Na´vi defienden su hogar contra la invasión depredadora de los humanos. Nada alejado de la geopolítica de hoy.

Con cada árbol hay una relación especial. Frente a mi ventana, cuatro cuadras al norte una araucaria columnaris acompaña silenciosamente el pequeño memorial que recuerda al poeta Ángel Cruchaga Santa MaríaLos árboles simbolizan la vida, el crecimiento, la conexión entre todos los seres vivos. Representan estabilidad, fuerza y renovación, siendo considerados en muchas culturas como puentes entre los antepasados, el mundo espiritual y el presente. A menudo los plantamos para marcar ciclos en nuestras vidas. El mío fue una acacia de tres espinas (Robinia pseudoacacia). Las mujeres de la cuadra (nuestras madres) plantaron una frente a cada portón cuando en 1965 recibieron las llaves de las casas CORVI de la población Juanita Aguirre, en Conchalí. Fue un modo de decir: “Aquí nos quedamos, aquí echamos raíces”. La acacia de tres espinas es frecuente encontrarla en los barrios populares de la periferia de Santiago. ¿Quién no probó suerte en el amor jugando al “te quiero mucho poquito / nada”. Muchas veces me oculté en su entramado espinoso juagando a las escondidas esas largas noches de verano, donde bebíamos agua en la misma manguera, jugábamos hasta tarde y no pasaba nada. También recuerdo ese poema que escribí a los 19 años incluido en el poemario Tiempos (1988): Laura creció en la calle Dos Oriente como la acacia de tres espinas / con ella me entiendo sin decir palabras / las acacias se entienden tocando sus raíces. La contribución de los árboles a la biodiversidad y su aporte simbólico en cada cultura, en cada historia, nos habla de los holístico que somos como seres vivos. Todos tenemos ese árbol, ¿cuál es el tuyo?

(*) foto de entrada: Avatar, “el árbol de las almas” de las veinte tribus que habitan Pandora.

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2 comments

Maria Soledsd Benavides Parra marzo 26, 2026 - 2:23 pm

Muchas gracias Dante por traer tantos recuerdos a mi memoria, acacias, castaños, maquis avellanos y muchos más … he plantado o cuidado, algunos están otros han sido talados y solo me queda el recuerdo!!!!

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Teresa Eugenia Fabiola Catalán Liberona marzo 28, 2026 - 12:32 am

Oi Dante, obrigada pela beleza de olhar para as árvores desse jeito . Amei navegar por árvores que marcaram histórias tão interessantes.
Continue nos encantando amigo.

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