Las enfermedades de los escritores: un paseo por la literatura desde la medicina

por Karen Punaro Majluf

Quizá se trate de una coincidencia o es la predisposición del alma narrativa, pero hay males que se asocian directamente con períodos literarios, movimientos y áreas de trabajo. 

Oscar Conti, más conocido como Oski, fue un dibujante y humorista argentino que tomó las bases de lo planteado por La Escuela Médica Salernitana para crear Las tablas médicas de Salerno, una obra ilustrada que rescata los inicios de la medicina y los precarios conocimientos que se poseían para salvar el cuerpo. 

El recorrido parte con purgantes; pasa por diuréticos, cataplasmas y astringentes; se detiene en flores y plantas que provocan sudor; y termina con remedios y minerales en contra el veneno. 

Lo que no cita, es cómo sanar aquellos males que llegan al cuerpo por predisposición sicológica, como la obsesión de los Románticos por morir de amor a causa de la tuberculosis; la desesperanza de los Confesionales que los lleva al suicidio; o la vida nocturna y promiscua que llevó a los Poetas Malditos a sufrir las vicisitudes de la sífilis. 


“He cultivado mi histeria con gozo y terror. Yo siempre tengo vértigo, y hoy, 23 de enero de 1862, he experimentado una inusual advertencia: sentí pasar sobre mí los vientos del ala de la necedad”.

 (Charles Baudelaire)

Sensibilidad tísica

La escritora estadounidense Susan Sontag afirmó que para los artistas del Romanticismo la tuberculosis representaba lo misterioso, lo angustioso, lo siniestro, el lado nocturno de la vida. 

Es así, como Alejandro Dumas, representante francés del movimiento, no cambió el real destino de su protagonista y mató sin remordimiento a Margarita Gautier de tuberculosis, con solo 23 años, dejando devastado a su enamorado, Armando Duval. La dama de las camelias, aquella joven cortesana, dejaba este mundo de manera elegante y sutil, pálida entre sus sábanas, pronunciando el nombre de su amado y con lágrimas en los ojos. 

Si bien la tuberculosis se consideraba una enfermedad elegante en el siglo XIX, la verdad es que no tiene nada de glamorosa, pues la bacteria – Mycobacterium tuberculosis- se apodera no solo de los pulmones del enfermo, sino que también de los riñones, columna y cerebro de quien la padece. Sin antibióticos no hay cura, y a mediados del 1800 la única forma de sobrevivir era respirando vientos de montaña; realizando gárgaras de miel y ácido tánico; fumando opio para relajarse; y haciendo mucho, mucho reposo. Mas, aún con tanto cuidado, la tos sanguinolenta, el dolor de pecho y la pérdida de las fuerzas  llevaban a los enfermos a la muerte. 

Jesús Sauret Valet plantea en La tuberculosis a través de la historia, que “la exaltación alcanzará tal grado que, incluso, se llega a considerar a la ‘sensibilidad tísica’ como el motor y fuente de inspiración fundamental de algunos genios del arte, la música y la literatura, segados en la flor de la vida por la guadaña cruel de La Tuberculosis”.  En esta misma línea, el poeta modernista Francisco Villaespesa, dedica el siguiente verso a la enfermedad:


Tosiste tanto aquél día

Que enrojeció tu pañuelo

Y saltando de alegría

Dijiste, al dármelo; ven

Y mira! … gracias al cielo

Estoy tísica también!

Contrapuesto al positivismo científico y al racionalismo, el Romanticismo –siglos XVIII y XIX- concebían la salud como una trivialidad sinónimo del materialismo burgués, exaltando aspectos físicos como la apariencia casi fantasmal de la palidez y valorando lo etéreo como el aspecto primordial del amor.

Ya Gustavo Adolfo Bécquer escribiría:

Yo soy ardiente, yo soy morena, 
yo soy el símbolo de la pasión, 
de ansia de goces mi alma está llena. 
¿A mí me buscas? 
No es a ti, no. 

Mi frente es pálida, mis trenzas de oro: 
puedo brindarte dichas sin fin, 
yo de ternuras guardo un tesoro. 
¿A mí me llamas? 
No, no es a ti. 

Yo soy un sueño, un imposible, 
vano fantasma de niebla y luz; 
soy incorpórea, soy intangible: 
no puedo amarte. 
¡Oh ven, ven tú!

No son pocos los artistas que murieron por esta enfermedad: Juana Antonieta Poisson, patrocinadora de literatura y arte en la corte de Luis XV; Amadeo Modigliani, pintor bohemio que se instaló en Montmartre y falleció en un hospital de París; Gustavo Adolfo Bécquer; Fréderic Chopin; las hermanas Brönte, Emily, Charlotte y Anne; Lord Byron; y Anton Chejov, entre otros.

La muerte y la enfermedad suelen ser hermosas como la fiebre tísica”.

(Henry David Thoreau)

Experiencia sicológica

Siempre la poesía se ha ligado de manera directa al suicidio, por esa sensibilidad extrema que lleva a los autores a buscar en las letras el único y último refugio al dolor de la vida. Son los Confesionales – movimiento que emergió a mediados del siglo XX en Estados Unidos y que destaca por llevar al extremo los detalles íntimos del autor- los que han destacado por evidenciar sus enfermedades y padecimientos mentales a través de su obra, destacando Sylvia Plath, John Berryman y Anne Sexton.

La gente me aburre,
la literatura me aburre, especialmente la gran literatura,
Henry me aburre, con sus aprietos y líos
tan desafortunados como los de Aquiles,
que amaba a los demás y el arte valiente, lo cual me aburre.

                               (Fragmento- John Berryman)

Más de un escritor ha manifestado haber encontrado en la literatura la única forma de anclaje a la vida. No por nada el psiquiatra de Anne Sexton la incitó a tomar talleres de escritura para tratar su depresión, cursos que la llevaron a descubrir su talento y llegar a ser una de las más reconocidas exponentes del Confesionalismo.

El siquiatra y literato Rafael Patrocinio Alarcón plantea en su texto “Breves consideraciones sobre ¿Por qué se suicidan los escritores de literatura? que “Se podría pensar que el suicidio del hombre o de la mujer de la literatura no es más que una hostilidad hacia el sí mismo real, el cual no se acepta al sentirse frustrado como ser o al cuestionar las bases de su existencia, (…) Es la agresión dirigida hacia sí mismo, dirán algunos psicoanalistas, (…) puede ocurrir que esa hostilidad o lo que consideramos hostilidad y agresión, no sea más que un proceso de fatiga y agotamiento del ser, de desencantamiento de sí mismo del cual no puede liberarse de otra manera distinta al suicidio”.


La mujer alcanzó la perfección.
Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización,
la apariencia de una necesidad griega
fluye por los pergaminos de su toga,
sus pies desnudos parecen decir,
hasta aquí hemos llegado, se acabó.

(Fragmento- Silvia Plath)

Entre las enfermedades mentales que han padecido escritores suicidas destacan el trastorno afectivo bipolar, trastorno depresivo crónico y recurrente, psicosis diversas, trastorno de personalidad y trastorno afectivo bipolar. El siquiatra Karl Menninger plantea en su libro El hombre contra si mismo, el postulado de “el deseo de morir” como una forma latente de huir de los problemas. “El deseo de morir se enlaza con los motivos más sofisticados y frecuentemente se interpreta en las ansias de reposo y en la voluntad de alejar o rehuir los conflictos”, señala. 

Silvia Plath fue la primera Confesionalista en suicidarse. Tras el abandono de su marido, y pasar unos días en casa de una amiga junto a sus dos hijos, regresó a su frío departamento, acostó a los niños, les dejó comida suficiente, se encerró en la cocina y dio el gas del horno, falleciendo asfixiada el 11 de febrero de 1963. 

La vida de John Berryman estuvo marcada por el suicidio de su padre a quien él, con apenas 10 años, encontró muerto. La experiencia fue abrumadora y lo llevó a refugiarse en el alcohol. Es posible encontrar en varios de sus poemas este episodio, el cual replicó a la perfección –manteniendo la misma fatídica fecha- lanzándose desde el puente de la Avenida Washington, en Minneapolis, el 7 de enero de 1972, a los 57 años 

Anne Sexton no le perdonó a Plath que le haya arrebatado ser la primera en morir, y si bien su carrera siguió en ascenso, obtuvo el Premio Pulitzer y organizó tertulias de lecturas por todo Estados Unidos; la terapia de escribir dejó de serle útil para apaciguar su angustia y el 4 de octubre de 1974, sintiéndose mayor y poco atractiva –tenía solo 45 años- se encerró en su estacionamiento y se intoxicó con el monóxido de carbono del motor de su auto. 


Ya que preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.

Aun entonces no tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que pusiste bajo el sol.

Pero los suicidas tienen un lenguaje especial.
Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

(Fragmento- Anne Sexton)

Noche de placeres efímeros

Fue Paul Verlaine quien acuñó el concepto de Poetas Malditos luego que publicara un libro con este título en el cual recopila la historia de seis autores: Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L’Isle-Adam y, Pauvre Lelian (Pobre Lelian), un misterioso escritor que nadie conocía y que finalmente era el mismo Verlaine. Y si bien Charles Baudelaire no aparece en el texto, es considerado el “maldito de los malditos”, pues Verlaine se inspiró en Las flores del mal para dar vida a su libro.


¡Ah! ¡no haber parido todo un nudo de víboras,

Antes que amamantar esta irrisión!

¡Maldita sea la noche de placeres efímeros

En que mi vientre concibió mi expiación!

(Fragmento- Baudelaire)

Hay certeza de que Baudelaire (1867) falleció de sífilis, mientras que tanto Rimbaud (1891) como Verlaine (1896), si bien sus antecedentes médicos indican que padecían la enfermedad, la causa de muerte no es exacta atribuirla al “mal de bubas”.

La sífilis tiene fecha exacta de aparición: fue en 1493, cuando las tropas francesas llegaron a Nápoles, que se constató evidencia de la enfermedad, la cual se propagó rápidamente por Europa y Asia. Tratamiento efectivo no existía y, durante los cuatro siglos y medio – hasta el descubrimiento de la penicilina- , los tratamientos eran en base a mercurio.  

En base a cómo se transmite la sífilis y la ineficacia de la terapia, muchos enfermos se indujo a que los enfermos atribuyeran el mal a un castigo divino debido a la lujuria y trato con prostitutas. Esta enfermedad fue una verdadera epidemia, pues si bien parte con úlceras indoloras, con el tiempo y sin tratamiento, puede dañar la aorta, el cerebro, la médula espinal y otros órganos.


Agua verde más dulce que las manzanas ácidas en la boca de un niño mi casco ha penetrado, y rodales azules de vino y vomitonas me lavó, trastocando el ancla y el timón.

Desde entonces me baño inmerso en el Poema del Mar, infusión de astros y vía lactescente, sorbiendo el cielo verde, por donde flota a veces, pecio arrobado y pálido, un muerto pensativo.

(Fragmento- Rimbaud)

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1 comment

Maria Luz septiembre 4, 2025 - 12:59 pm

Muchas gracias. Me instruyó y me dolió.

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