Según todas las encuestas conocidas Jeannette Jara lidera la carrera presidencial, con una diferencia entre 5 y 10 puntos sobre su más inmediato seguidor. En lo que difieren es en el candidato (a) de derecha que pasará a segunda vuelta, proyectando una dura competencia entre José Antonio Kast (que ha sufrido un retroceso en los últimos sondeos), Johannes Kaiser (que parece haber capitalizado aquel debilitamiento) y Evelyn Matthei, cuya única esperanza de pasar a segunda ronda está centrada en el voto oculto o silencioso, que las encuestas tienen muchas dificultades para identificar.
Incluso, algunas encuestas señalan que Evelyn Matthei pudiera llegar en un cuarto lugar, detrás de Kaiser y Kast. En verdad, el desfonde de Matthei, luego de haber liderado las encuestas por casi un año, es un fenómeno digno de estudio. Mas que buscar artificiosas explicaciones en supuestas estrategias conspirativas por parte del gobierno o el oficialismo, es indispensable analizar la errática campaña desplegada por la candidata de Chile Vamos, intentado disputar el voto duro de derecha con los candidatos que representan a la ultraderecha, para luego intentar un tímido y tardío giro al centro. Un giro resistido por amplios sectores de Chile Vamos. Los mismos que le han impedido confrontar directamente a la ultraderecha, sosteniendo, equivocadamente, que el verdadero adversario está al frente (al menos en primera vuelta).
En verdad, la derecha tradicional a diferencia de sus congéneres europeas nunca ha buscado una confrontación directa con la ultraderecha. En buena medida, porque las une un pasado común, en el que se constituyeron en el apoyo civil al régimen militar. Sus fronteras son porosas, como lo demuestran las sucesivas deserciones de parlamentarios y dirigentes de Chile Vamos para apoyar al candidato republicano. El reciente apoyo de Desbordes al diputado Álvaro Carter, que renunciara a la UDI para ingresar al partido republicano (tal cual lo hiciera su hermano Rodolfo), es otra expresión de ese fenómeno. Y bien pudiera ser que termine por ser absorbida por la ola de ultraderecha.
Ya existe un precedente, dado por la elección de consejeros constitucionales del segundo proceso constituyente, en donde la ultraderecha se impuso ampliamente a Chile Vamos. Evidentemente, ese sería un resultado catastrófico no tan sólo para Chile Vamos, que podría tener nefastas repercusiones en el plano parlamentario, sino también para aquellos “conversos”, que han cruzado la frontera para apoyar a Evelyn Matthei como el “mal menor” o la única posibilidad de impedir que la ultraderecha gane la elección. A estas alturas, votar por una candidata que no tiene verdaderas posibilidades de pasar a segunda vuelta tan sólo puede fundamentarse en un trasnochado anticomunismo más propio de la guerra fría y tan sólo puede favorecer al candidato de la ultraderecha que pase a la instancia decisiva.
Sin duda, ese será un argumento que pesará en la segunda ronda. No tan sólo para los conversos que han anunciado su apoyo a Matthei “sin renunciar a sus principios” (tal como afirmaba Groucho Marx “tengo mis principios, pero, si no le gustan también tengo otros”), sino también para el amplio universo de independientes y votantes no frecuentes, alejado de los extremos y que privilegian el diálogo y la búsqueda de acuerdos, que deberán optar por un candidato de ultraderecha, votar en blanco, o apoyar a la candidata de las fuerzas progresistas.
¿El fenómeno Kaiser?

Según la mayoría de las encuestas, antes de la veda, Johannes Kaiser repuntó, al punto de desplazar a Evelyn Matthei del tercer lugar e incluso amagando el posicionamiento de José Antonio Kast en el segundo lugar.
Lo verdaderamente inquietante y que obliga a interrogarse por sus razones, es el sorprendente posicionamiento del candidato libertario, que no marcaba más de cinco puntos al inicio de la campaña y que muchos especulaban sobre su eventual bajada para apoyar al candidato republicano. Sobre todo, porque, al contrario de lo que sucede con Kast, que ha optado por una calculada prudencia y la mayor de las veces por el silencio, Johannes Kaiser ha buscado extremar su discurso en la etapa final de la campaña. No tan sólo en relación con el tema de la seguridad, la mano dura en contra de los inmigrantes, la liberación de los presos en Punta Peuco, o el ajuste fiscal, sino también para incursionar en el delicado y sensible tema de las relaciones exteriores ( un tema que ha estado inexplicablemente ausente en los debates presidenciales), en donde no tan sólo ha propuesto desahuciar varios tratados internacionales suscritos por nuestro país, sino también ha levantado una agresiva postura en contra de Bolivia, prometiendo cerrar la frontera, justo en los momentos en que asume un nuevo gobierno en ese país.
Inevitablemente, ello obliga a interrogarse por el verdadero programa de la ultraderecha en la alternativa de ganar el gobierno. Tanto en el plano valórico, como político, económico y social, incluyendo el sensible tema de las relaciones internacionales. Hasta ahora, tan sólo se conocen algunas propuestas de corte populista, en su gran mayoría, inviables.
No es posible asumir que Kaiser sea más radical o Kast más moderado. Bien pudiera ser que uno es más prudente y el otro más deslenguado. Que uno no tiene nada que perder y el otro sí. Pero, con matices de más o de menos, ambos representan una expresión de la ola de ultraderecha que recorre el mundo.
El mayor riesgo es que el país tan sólo pueda conocer los verdaderos alcances del proyecto de la ultraderecha tras el desenlace de la elección en segunda vuelta, en la eventualidad que Kast o Kaiser llegaran al gobierno. Y ninguno de ellos es garantía mínima de gobernabilidad y paz social.
La elección parlamentara y el escenario de la segunda vuelta

El resultado de la elección parlamentaria se define en primera vuelta. Con alta probabilidad, la lista mayoritaria del oficialismo retendrá su condición de primera minoría, tanto en el senado como en la cámara de diputados, en tanto que la suma del conjunto de la derecha asegurará mayoría en ambas cámaras. Lo que resta por conocer es la correlación de fuerzas en su interior. En estricto rigor, esta es la primera elección en donde la alianza entre republicanos, libertarios y socialcristianos, compiten con lista propia. Todos sus actuales parlamentarios fueron electos en las listas de Chile Vamos. Cualquier resultado puede ser presentado como un avance por parte de la ultraderecha, Y claramente aspiran a transformarse en el bloque mayoritario de la actual oposición, en desmedro de Chile Vamos.
La segunda vuelta es otra elección. Una que se resuelve en menos de treinta días y que, con toda probabilidad, enfrentará al electorado a opciones polares. De ganar la primera vuelta, como auguran las encuestas, Jeannette Jara parte con ventaja, que no garantiza su victoria en segunda ronda (de hecho, las encuestas pronostican que perdería frente a cualquier candidato de derecha), pero deja la elección abierta. Sobre todo, si la candidata del progresismo supera el umbral del 35 % y le saca una ventaja considerable a su más inmediato contendor.
Esa será la oportunidad para confrontar no tan sólo programas de gobierno sino también dos visiones de país. Analizar, con datos duros e irrefutables, si el país se cae a pedazos, como sostiene la derecha, o si, por el contrario, Chile sigue manteniendo el liderazgo en la región en el combate a la delincuencia y el crimen organizado. Con una muy razonable paz social, retomando la senda del crecimiento, como lo muestran cifras recientes y, pese a sus deficiencias superables, un respetable sistema democrático.
Y tan relevante como lo anterior, es saber si la mayoría de los chilenos quiere seguir transitando por esa senda de transformaciones y perfeccionamiento institucional, con cambios graduales y consensuados, o está disponible para una muy riesgosa e incierta aventura, que sume a nuestro país a la ola de ultraderecha que recorre el mundo y que pareciera debilitarse en algunas latitudes, como acaba de ocurrir en los países bajos y en las recientes elecciones parciales en Estados Unidos.

Estos últimos días de campaña, con la discutible veda de encuestas, algo podrán incidir para el votante aún indefinido o con dudas de última hora, que no es tan marginal, los ecos del último y próximo debate televisivo (el de ARCHI tuvo alta audiencia). Hay veda, pero son éstos los días cuando los votantes más conversan de la elección obligada.
Tan solo resta por conocer la voz de las urnas. De sus derivadas que marcarán señales para la ronda definitiva conversaremos en la próxima edición.
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Excelente comentario