La persistencia de la mentira

por Antonio Ostornol

El gobierno de emergencia devino en gobierno de reconstrucción. Apenas asumió el nuevo presidente se desplegó la maquinaria propagandística. Detrás de ella han de estar los cerebros de la exitosa campaña de Kast. Me los imagino como esos personajes de los dibujos animados que soñaban y se obsesionaban con controlar el mundo, y cada noche sostienen lo irreductible de su propósito. Pregunta Pinky: «¿Qué vamos a hacer esta noche, Cerebro?» y Cerebro contesta: «Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky… ¡tratar de conquistar el mundo!». Lo que están haciendo ahora, ¿lo tendría delineado?

Escuchaba a algún dirigente de un partido de derecha reclamar que la actual oposición critica todo lo que hace o dice el nuevo gobierno, incluso sin siquiera enterarse de que se tratan sus propuestas. Parece que algo de razón hay en esa apreciación porque las opiniones de la oposición no logran verse como conclusiones elaboradas, consistentes, y bien consensuadas. Como le escuché al senador Juan Luis Castro, con el resultado electoral la oposición se fue a la lona y las semanas siguientes anduvo groggy. Y al igual que en los combates de boxeo, apenas trata de levantarse y afirmarse en las cuerdas, le llega una nueva avalancha de ganchos y rectos al mentón, disparados a los cuatro vientos, con música de fanfarria y muy pocas ideas. Hasta ahora, la estrategia de copar la agenda pública con “medidas” o “anuncios” marqueteros le ha dado resultados al gobierno. La fórmula ha sido probada: un enjambre de mensajes muy variopintos, pequeños en densidad, con tres o cuatro ideas fuerzas que machacan como mantra. Dicen que el método lo inventó Steve Bannon, no lo sé. Pero se ha usado exitosamente al menos en tres lugares relativamente cercanos para nosotros: la elección de Trump, la de Milei y la de Kast.

En lo formal, la estrategia es el copamiento: diversidad de temas, velocidad de enunciados y alta frecuencia de los mismos. En la práctica, imposibilidad de profundizar en ninguno de ellos y, por lo tanto, se apela solo a las motivaciones emocionales. La zanja y las retroexcavadoras, las vallas, los drones, todo enmarcado en un Plan a lo Trump: “Escudo fronterizo”; declarar delito el ingreso ilegal al país (suena precioso, pero puede generar problemas muy serios como la saturación de las fiscalías y la disminución de su capacidad de perseguir al crimen organizado); la incorporación de políticas como el uso de drones, radares y vigilancia militar, todas cosas que ya están definidas en las políticas de seguridad que impulsó el gobierno anterior; disminución  del gasto público (3% en todos los ministerios) y disminución de los impuestos a las grandes empresas o hacer pagar el alza de la bencina a los sectores medios; en fin, a esto habría que sumarle el retiro de los 43 decretos ambientales, restricción de la gratuidad universitaria para mayores de 30 años, el congelamiento de incorporación de nuevas instituciones al sistema. En lo internacional, Chile se abstuvo de adherirse a la declaración LGBTIQ+ en la OEA y le retiró el patrocinio a la candidatura a la Secretaría General de la ONU a nuestra expresidenta Michelle Bachelet.

Y todo esto se lanza a la agenda pública junto a la reiteración de las mentiras que fundaron su campaña presidencial. Un ejemplo patético es el escándalo por la crisis de la economía chilena, asegurando que se encuentra desfondada, cuando el crecimiento anual fue por sobre lo que los “expertos” vaticinaban y, los más importante, es que dicho crecimiento vino de la mano de la inversión (récor de los últimos años) y el aumento de la demanda, o sea, de lo que gastamos, variables claves que indican la confianza en el país… sí, en este país que se cae a pedazos. O sea, no hay que esperar algo mucho mejor en estos tiempos: todo lo que no funciona o no resulta o se escapa de su ansiado control, va a ser culpa o responsabilidad del gobierno anterior. No puedo dejar de recordar la relación entre Trump y los resultados de la elección de Biden, donde aseguró que le habían robado el voto. ¡Hasta el día de hoy lo repite y un porcentaje muy significativo de sus electores se lo cree!

Hay señales de que la estrategia se repite. No sería raro que en unos cuantos años más todavía escuchemos a Kast hablar del país en emergencia. Claro que el discurso ha debido cambiar. Ya no se trata de resolver emergencias sino de reconstruir. La imagen es perfecta: el nuevo gobierno anuncia un plan para reconstruir el país en el mismo lugar donde se incendiaron cientos de casas en Viña del Mar. No se trata de “reconstruir lo destruido por una catástrofe”, sino de reconstruir un país en ruinas como si nos hubiese arrasado el fuego. Pero ese no es Chile, no somos un país arrasado. No por casualidad aparecemos en lugares destacados entre países de similares características y en temas tan disímiles como número de homicidios cada 100.000 habitantes o seguridad para invertir. Tenemos problemas serios sobre los que hay que trabajar, es verdad, pero no estamos en una situación terminal. El país que quieren reconstruir es nuestro país, el que lleva 9 elecciones presidenciales consecutivas luego de terminar con la dictadura, el que amplió el derecho a la educación para miles de jóvenes, ese donde las mujeres tienen más libertad para decidir sobre su propio cuerpo que antes, donde uno no se va preso por opinar distinto al gobierno de turno, en fin, sería muy bueno que este gobierno precisara qué es lo que quiere “reconstruir” y lo dijera frente al país. Hasta ahora, aparte de la parafernalia, no mucho más, excepto una que otra política regresiva que quieren pasar colada. La realidad parece encontrarle razón a lo que dijo Carolina Tohá:

En tres días:

  • Decidieron no contener el precio del petróleo, permitiendo la mayor alza en 40 años.
  • Llamaron a retiro a una de las funcionarias policiales más destacadas del país.
  • Renunciaron a que Chile encabece las Naciones Unidas.
  • Para no asumir sus responsabilidades, declararon en quiebra al estado chileno contra opinión de expertos e inversionistas.

Si antes no había emergencia, la crearon.”

¿Quién los entiende? Yo no. Lo que a mí me pasa, es que no les creo.

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2 comments

Jorge marzo 26, 2026 - 6:03 pm

EXCELENTE

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MATILDE RIOSECO marzo 27, 2026 - 4:54 pm

Toño, que locura, esto es una terrible vuelta a muchos años atrás.

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