«Antioquía en la ventana»

por María Isabel Ríos Ruiz- Tagle.

» Quizá la cuestión central que debe ser considerada en toda discusión acerca del cuento es qué se entiende por brevedad. Que un cuento sea breve no significa que deba ser superficial. Un cuento breve debe ser extenso en profundidad, y debe darnos la experiencia de un significado»
Flannery O´Connor

Cristina Wormull es una destacada escritora chilena que escribe poesía, haikús, novela y cuentos. Una narradora y poeta reconocida por muchos lectores que fielmente leen sus creaciones. Utilizando un lenguaje depurado, riguroso y poetico, nos cautiva con la trama de sus obras, indeleblemente.
«Antioquía en la ventana«, segunda edición, de Editorial Latinoamericana, nos ofrece 21 cuentos en los cuales prima un estilo propio:  la excelencia en la brevedad. Todos los cuentos poseen esa magia que acontece en la existencia como un privilegio desplegado en sus letras, plenas de sensualidad, sensibilida y no exentos de conciencia social.

En su cuento titulado » En la calle«, uno de sus escasos cuentos con protagonismo masculino, la autora escribe: » Silvestre soñaba con un mundo mejor y no veía otro camino para lograrlo que una revolución violenta. Quizás era lo que en ese entonces algunos llamaban un joven idealista que empezó a involucrarse románticamente en una lucha armada a la que no le importaba entregar su vida«(página 63).  

La fuerza e inclemencias del pre y post golpe militar están muy bien retratados en el contexto de miedo y amor entrelazados en la historia.
Sin embargo, cabe destacar que el gran leitmotiv de esta obra es la mujer, sus roles en la sociedad, su capacidad de amar, su sometimiento a las costumbres establecidas por el patriarcado, de forma directa o indirecta.
En el cuento » La mirada de Aurora» se expresa la angustia de la protagonista al caer por el desagüe del baño, el anillo del aniversario de matrimonio número cincuenta, que su marido José le regalara. Es una forma directa, a través de ese objeto, de sentir culpa y alivio a la vez producidas por el futuro accionar violento del marido al que teme y siente que debe mentir para soslayar la incómoda situación y con eso solucionar el problema. 

El reflejo social de lo que muchas mujeres hacen para esquivar la violencia extrafamiliar.

Estos cuentos prolijos además no carecen de sensualidad, se puede percibir en ellos el reinado de los sentidos subyacente o descrito, tal cual aparecen en el maravilloso cuento titulado «Galo y la sal«:

“Volvió a adentrar un poco más el pie y lo introdujo totalmente hasta el talón sintiendo que los cristales lo acariciaban como si lo estuvieran esperando desde hace mucho tiempo. Sintió que la sal lo abrazaba y lo jalaba suavemente hacia ella y un profundo amor le brotó desde lo más profundo de su ser. 

Y empezó a comprender que la sal lo llamaba, que lo necesitaba que sabía cuán importante era ella para él, y siguió entrando y avanzando hasta que la sal lo cubrió más y más arriba, mientras el la sentía y comprendía hasta el momento en que fueron uno y nada más que uno en un amor perfecto sin tiempo ni espacio” (página 45).

Una excepcional descripción del amor, como metáfora, sensualidad y poesía.

Diversas épocas de cruzan en los relatos, y la pandemia surge en algunos como una metáfora de la ausencia de amor, la no presencia del otro: un ser humano a quien abrazar.

Párrafo del cuento «Antioquía en la ventana:

Cada día es igual al otro y el trabajo se sucede de lunes a domingo, sin cesar, invadiendo todos los espacios de su existencia. Es raro pensar que alguna vez la vida fue de otra forma, que hubo una época en que los rostros que ahora ve en las pantallas tenían cuerpo, emitían calor y se los podía tocar” (página 12). 

Es un placer leer a Cristina Wormull ya que en todos sus cuentos encontramos humanidad, realismo mágico y social. 

Su literatura está plena de significado, es entretenida pero nunca superficial, profunda y contingente.

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