Carrera electoral. Los candidatos en sus marcas

por Marcelo Contreras

Al cierre de las inscripciones de candidaturas, se oficializaron ocho candidatos (as) a la presidencia de la república, cinco pactos parlamentarios y cuatro partidos que competirán por separado, intentando alcanzar representación legislativa. Sin duda, muchos aspirantes que muestran el grado de disgregación y dispersión política que se vive en el país. Al revisar la lista de candidatos inscritos no deja de sorprender que el PC haya decidido inscribir a Daniel Jadue como postulante a la cámara baja por el distrito 9, pese a estar formalizado por diversos delitos por los cuales la fiscalía está solicitando una pena de 18 años. Es verdad que Jadue no se encuentra actualmente inhabilitado para postularse, pero es evidente que enfrenta un serio riesgo de no poder asumir el cargo en la eventualidad de resultar electo.  “Hubiese preferido que se abocara a su defensa”, sostuvo la candidata oficialista que milita en su mismo partido, evidenciando la incomodidad que comparten varios de los partidos que integran la alianza Unidad por Chile por la postulación de Jadue, sólidamente apoyado por la directiva del PC.

No es Jadue el único candidato que enfrenta problemas judiciales. Pese a estar actualmente desaforado por presuntos delitos de corrupción, el diputado Miguel Ángel Calisto, excolorín que renunciara a la DC para incorporarse a Demócratas, fue inscrito como candidato a senador por Aysén en la lista alternativa del oficialismo, integrada por el Frente regionalista verde y social (FREVS) y Acción Humanista, con la condición de no apoyar públicamente a Evelyn Matthei, que oficialmente es respaldada por su partido más reciente.

También aquel pacto alternativo del oficialismo incluyó la postulación de Jaime Naranjo a senador por la región del Maule, luego que decidiera renunciar al PS para disputar la opción con la presidenta del partido y actual senadora Paulina Vodanovic. 

De igual manera, René Alinco inscribió candidatura a diputado por Aysén, en fórmula electoral con el mencionado Calisto, agregándose la de Jorge Sharp a diputado por el distrito 7 de Valparaíso, aspirantes que poco o nada tienen que ver con los partidos de aquella alianza. Así tienden a asimilarse a los denominados “vientres de alquiler”, que acogen a candidato(a)s de diversos orígenes con propósitos únicamente electorales,

Escudriñando en las listas parlamentarios, más allá de cambios de distrito o circunscripción, se puede verificar el también denominado “turismo electoral”, en donde varios aspirantes cambian de afiliación para “respaldarse” oportunamente. 

Las listas incluyen a numerosos personajes de la farándula y el espectáculo, así como, en variante muy diferente, a varios exconstituyentes, entre ellos a Elisa Loncón, expresidenta de la Convención Constitucional, inscrita como candidata a senadora por la Araucanía en cupo del PC, y Jaime Bassa, vicepresidente de aquella convención, como aspirante a diputado en Valparaíso, por el Frente Amplio.

En lo esencial, la mayoría de los partidos oficialistas, además de la DC, alcanzaron un buen acuerdo, no siendo el óptimo esperado luego de los referidos regionalistas verdes y Acción Humanista decidieran restarse para levantar una lista alternativa. Es un acuerdo generoso con la DC, que se adjudicó 30 cupos, incluyendo tres senatoriales. El Frente Amplio compite en 37 distritos y circunscripciones, en tanto que el PS lo hace en las siete circunscripciones en disputa y 25 distritos. El PPD con 29 cupos y el PC en 23, además de cupos para el PRSD y liberales.

En la vereda opositora, el pacto por omisión que propuso Chile Vamos a la ultraderecha, se redujo a dos circunscripciones senatoriales: en Arica, donde republicanos, libertarios y socialcristianos se omitieron en favor de los candidatos de Chile Vamos, a cambio de la omisión de este conglomerado en la región de Aysén. En el resto de las circunscripciones y todos los distritos, las dos derechas librarán una dura disputa por le hegemonía del sector.

En este escenario de dispersión es muy difícil que alguno de los bloques principales alcance una mayoría, aún cuando la proyección de la pasada elección municipal indicaría que las dos listas de derecha sumadas podrían conseguir una clara ventaja por sobre el oficialismo. Pero se trata de una contienda diferente, inevitablemente vinculada al resultado de la elección presidencial, en donde influirá el peso de los incumbentes (parlamentarios que van a la reelección), la realidad de cada región y la relevancia de figuras nacionales.

Naturalmente las derechas aspiran a obtener doblajes en aquellas circunscripciones en donde ha conseguido materializar un pacto por omisión y alcanzar mayoría en aquellas circunscripciones en donde se elige una mayor cantidad de senadores, como es el caso de la quinta región, en donde el oficialismo actualmente cuenta con tres senadores y la oposición tan sólo dos. Incluso apuesta a alcanzar una representación de cuatro senadores en la Araucanía. De igual manera, sus cálculos a nivel de los distritos son optimistas, pese a que enfrentan la elección con dos listas en contienda, lo que pudiera favorecer a la lista mayoritaria del oficialismo.

En la pasada elección, el oficialismo más la DC, alcanzaron una estrecha mayoría parlamentaria (que se diluyó con el quiebre de la DC), pese a ser superados por José Antonio Kast en primera vuelta (que es donde se decide la elección parlamentaria). Al igual de lo que sucede con la elección presidencial, el resultado de la próxima elección parlamentaria no está resuelto. Con la inscripción de los candidatos, se inicia formalmente la campaña, con despliegue de los aspirantes en el territorio. No caben dudas que los candidatos (as) del progresismo lo harán con la foto de Jeannette Jara. La duda es lo que harán algunos aspirantes de Chile Vamos, cuya candidata se encuentra en un incómodo tercer lugar en las encuestas, con la posibilidad de quedar fuera de la segunda vuelta.

La carrera presidencial

Ocho son lo(a)s candidato(a)s formalmente inscrito(a)s a presidente, pero tan sólo tres con reales posibilidades de pasar a segunda vuelta. José Antonio Kast y Jeannette Jara, que registran un empate técnico por el primer lugar. Y Evelyn Matthei, que enfrenta el duro desafío de remontar su incómodo tercer lugar que le asignan las encuestas en los próximos tres meses de campaña. Los otros cinco inscritos (cuyas firmas aún deben ser revisadas por el SERVEL) parecen, por ahora, arroz graneado. No superan los cinco puntos en las encuestas conocidas. No tienen partidos sólidos que apoyen su postulación y no están apoyados por listas parlamentarias. La gran duda es a quién favorece su postulación. 

El caso de Eduardo Artés, que se postula por tercera vez a la presidencia, es más bien atípico. Representa a la izquierda extraparlamentaria y su objetivo no es intentar ganar la elección presidencial sino dar un testimonio de una izquierda marginal. 

Franco Parisi es un caso digno de análisis. Desde hace varios años vive y trabaja en EE. UU, hacia donde, seguramente retornará luego de perder, por segunda vez una elección. Se postula por el partido de la gente, que ha perdido todos y cada uno de los seis parlamentarios que ganó en la pasada elección parlamentaria y que hoy parece en un proceso de extinción que, con toda probabilidad, culminará con una nueva derrota de su líder, sin que pueda alcanzar representación parlamentaria. Sin embargo, pese a todo lo anterior, aparece mejor ranqueado en las encuestas que el resto de los candidatos outsiders, amenazando, incluso según algunas encuestas, con desplazar a Evelyn Matthei del tercer lugar. Difícil de asumir, pero así se exhiben aquellos discutibles números.

Marco Enríquez es otro fenómeno. Es su quinta postulación presidencial, que muchos califican como su verdadera profesión, en donde ha venido de más a menos, luego de alcanzar un sorprendente 20 % en su primera postulación. El PRO, el partido que fundara tras renunciar al PS, hoy está disuelto. No tiene una lista parlamentaria que apoye su postulación. Se define como un hombre de izquierda, pero una izquierda moderna (¿). No marca mas del 2 % de apoyo en las encuestas, pero, aparentemente, logró reunir las firmas necesarias para postularse y se apronta a entrar en campaña. Esta vez sin un avión que facilite sus desplazamientos.

Harold Mayne Nicolls, un hombre fundamentalmente vinculado al deporte bruscamente decidió incursionar en el terreno político. No como candidato a concejal, alcalde, diputado o senador, sino que, nada más ni nada menos, como candidato a la presidencia de la república. Como independiente. Ni de derecha o izquierda, sino de centro. Salvo por el apoyo de Soledad Alvear, no se conoce respaldo de otras figuras políticas a su postulación. No tiene partido ni es apoyado por listas parlamentarias. Juntó las firmas necesarias para postularse al filo del plazo y hoy se apresta a desplegar una compleja campaña sin una infantería que respalde su esfuerzo.

Cabe destacar a Johannes Kaiser, el candidato nacional libertario, que muchos suponían declinaría su postulación para apoyar a José Antonio Kast, a cambio de una candidatura senatorial. Pero Kaiser, cuya familia parece convencida que está destinada a ocupar lugares destacados en la esfera pública (su hermana es candidata a senadora y su hermano menor, Alex, es un destacado asesor de Milei en Argentina) ha sido fiel a la promesa que mantendría su postulación (aun cuando perjudique a su aliado republicano). Es verdad que ha venido de baja en las encuestas, pero cinco puntos pueden marcar toda la diferencia de cara a la primera vuelta.

Las propuestas programáticas

Finalmente, los candidatos legalmente inscritos han dado a conocer sus programas de gobierno. Mas bien, los lineamientos generales de programas en desarrollo. Jeannette Jara, que ha debido enfrentar más de un problema con su programa de primarias, acaba de presentar un nuevo programa, redactado en poco más de dos semanas, que refleja el trabajo de un renovado equipo programático, con un fuerte énfasis en el crecimiento económico, la seguridad ciudadana y propuestas sociales, con sensibles omisiones en materia de política exterior, inclusión social o temas  valóricos, que deberán ser desarrolladas por su nuevo equipo programático, en dialogo con la ciudadanía.

En el caso de Kast y Matthei, sus propuestas programáticas son mortalmente parecidas. Ambas proponen bajar los impuestos, reducir el gasto fiscal y jibarizar el estado, militarizar las fronteras y la mano dura en contra de la delincuencia, el crimen organizado y la inmigración ilegal. Todo indica que no sería muy difícil consensuar un acuerdo programático entre las dos derechas de cara a la segunda vuelta, cualquiera sea el aspirante en carrera.

Bien es sabido que los programas de gobierno, que muy pocos analizan con detención (menos los votantes), no son otra cosa que una declaración de intenciones, cuya materialización depende, en buena medida de la capacidad de construir amplios consensos, en base al dialogo y la negociación (a menos que se busque gobernar por decretos o potestades presidenciales, como insinuara José Antonio Kast). Pero no es sencillo intentar saltarse al parlamento en un sistema democrático con clara separación de poderes como es el caso de Chile. 

La gran interrogante que dejan las diversas propuestas programáticas es su capacidad para impulsar el desarrollo, asegurar la paz y cohesión social y mejorar los estándares de seguridad en nuestro país. Y si efectivamente es necesario sacrificar libertades públicas a cambio de seguridad (como propone la derecha), o si la democracia cuenta con los mecanismos institucionales para ganar el combate en contra de la delincuencia y el crimen organizado, asumiendo que ello pasa con invertir mayores recursos y nuevas medidas legales y administrativas para enfrentar esa amenaza. 

Serán los más de quince millones de ciudadanos convocados a las urnas el próximo mes de noviembre los que deberán responder esas interrogantes que marcarán nuestro futuro como país.

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