Cinco “Razones para no morir”: ¡Palabra de Teatro!

por Felipe de la Parra Vial

El pasado 15 de octubre, se estrenó “Razones para no morir” en el Teatro Nacional Chileno, la tercera obra teatral apoyada por el Fondo para los Teatros Universitarios del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. La pieza dramática está inspirada en el trazado literario del dramaturgo Jorge Díaz y en la destreza teatral de Cristián Marambio Guzmán, su dramaturgo y director.

Las funciones se extenderán hasta el 1 de noviembre, con el guiño jungiano de la causalidad para conmemorar el Día de los Muertos o el Día de Todos los Santos, según sea la lectura personal a lo que sucede en la obra. 

Primera razón: El Teatro del 2025

La obra sucede en Chile. Por cierto, en este año, en el 2025. Así pareciera, pero no hay que aceptarlo así, de primeras. Chile es un escenario de un stand-up. Chile es un living, donde viven los protagonistas. Como el living de todos los chilenos. Podría haber sucedido en el Chile de los noventa. 

Desde su primer instante, se rompen las reglas del teatro tradicional. El protagonista se dirige a la platea y entabla su monólogo que es respondido con risas y silencios. Con la tensión del verbo que apuñala las conciencias y con la habilidad de la gracia simpática. El público también se ríe. El público también se pregunta desde el tránsito brechtiano, en el distanciamiento cercano.

Es una apuesta nueva, donde se vive el teatro tradicional con las formas del nuevo milenio. Cohabitan como si hubieran existido hace tiempo.  

Se trata de una puesta en escena innovadora, sin necesidad de artilugios, piruetas y saltimbanquis. Tiene el arrojo de crear un género teatral distinto. Unir la forma moderna en que los comediantes se comunican con las audiencias en los festivales y bares. Sin embargo, habitan el escenario Agustín Siré María Cánepa. Y, en rigor, actúan Néstor Cantillana y Carla Casali

Segunda razón: Te creo Casali, te creo Cantillana

El secreto del buen decir arriba de las tablas se funda en “hacer creer” lo que ven y escuchan los espectadores. Es un sentimiento que enamora a la razón pura. El espectador se involucra con lo que sucede arriba del escenario y cree a pies juntillas de la historia actuada por los protagonistas de la obra teatral… ¡Cuando hay una buena actuación!

¡Y eso lo hacen a la vez Carla Casali y Néstor Cantillana!

Lo piensan y lo sienten, a la vez “sentipensantes”, en una inteligencia iniciática con domicilio en Brecht, Radrigán y Aguirre y, a la vez, en Beckett, Ionesco y Genet.

¡Y eso lo hacen a la vez Carla Casali y Néstor Cantillana!

¿Quién no se enamora de Amanda? ¿Quién no abraza el dolor del hijo del camionero?

Sin duda, estarán en el podio de las mejores actuaciones del año.

Tercera Razón: El conjuro de los escritores

La obra está escrita de manera magistral. Jorge Díaz escribe “Amanda” y “Razón de ser”. Esa es la premisa inspiradora.

Cristián Marambio da vuelta la realidad y la pone al alcance de cada uno de los espectadores. Sabe que Díaz escribía en medio de la gente. No tengo duda que se deben haber reunido en el Tavelli, donde deben haber trabajado en la cuarta dimensión de la creación.

El constructo teatral se funda en el relato absurdo, cohabitando con la cruda realidad y la irreverencia. Cruza la calle de las preguntas del drama duro y en la próxima esquina se ríe de la existencia. Sin embargo, es un teatro realista.

Marambio es un talentoso taumaturgo-dramaturgo, que saca conejos en pleno dolor y lo cambia por el desacato de la vida. El texto de la obra es notable. La nobleza de su revelación no necesita tener carnet de ningún partido. Las heridas quedan a la vista y la vida golpea a la puerta con ingenio y humanidad.

Cuarta Razón: El Contrapunto de las sombras

No fue necesario que apareciera un familiar de los detenidos desaparecidos bailando la cueca sola. Ni que se mostraran los rostros de los que cometieron los crímenes de lesa humanidad.

No fue necesario, aunque no habría sido extraño por el relato del drama. Las sombras cruzan toda la obra. Viven en el imaginario de cada uno.

En un momento, un canto gregoriano irrumpe a las palabras. Todos están vivos. Los espectadores estamos vivos. El elenco teatral está vivo. Los que quedaron en el camino están vivos.

Las sombras cruzan toda la obra. 

El amor de Amanda es el contrapunto para vivir. El cantus firmus que sostiene al hijo del camionero. El contrapunto al odio. La ternura escribe su mejor página de la belleza de la obra.

Quinta Razón: El Teatro de la Palabra

No hay que hacer ningún malabar. Ni de llenar de humo el escenario. 

En la vieja escuela teatral, el susurro tenía la obligación de ser escuchado hasta la butaca número 400 de la Sala Antonio Varas. Tanto así, que se hizo de usos y costumbres del teatro de excelencia.

En su libro “La Voz Hablada” Rubén Sotoconil dejó todo por escrito, como ley. Uno reconocía al “buen teatro” en el valor de la Palabra. En la Palabra bien dicha. Y eso se agradece.

El Teatro de la Palabra tiene residencia en esta pieza teatral. Las voces habladas de Cantillana y Casali calan en los corazones de la audiencia. El teatro habla desde la convicción.

Y eso sucede en las “Razones para no morir”. Y vale el titular de la obra de Díaz y Marambio. De Casali y Cantillana. 

El Teatro, la vida, tienen aquí razones para vivir.

¡Palabra de Teatro!

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1 comment

Humberto Escobar Rosende octubre 28, 2025 - 8:28 am

Pastelero a tus pasteles.
Eres un pes en el agua.
Sabes de teatro, de la historia y cultura del teatro.
En la crítica positiva está tu fuerte
Construir al arte del escenario es muy valioso. Y eso es un mérito del que domina el tema
Contribuir con las letras de una positiva crítica

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