¿Cómo te amo? Déjame contarte las maneras…Elizabeth y Robert, una pasión victoriana.

por Cristina Wormull Chiorrini

En una Inglaterra victoriana que exigía silencio y obediencia a las mujeres, Elizabeth Barrett Browning escribía versos como quien respira: con urgencia, con dolor, con belleza. Enferma, recluida en su habitación por orden de un padre autoritario, Elizabeth parecía destinada a vivir entre libros y sombras. Pero en 1845, una carta cambió el curso de su vida. Robert Browning, joven poeta admirador de su obra, le escribió: “Amo sus versos con todo mi corazón”. Así comenzó una correspondencia que se transformaría en una de las historias de amor más intensas de la literatura inglesa.

Elizabeth nació como Elizabeth Moulan-Barrett, en Kelloe, Reino Unido, en marzo de 1806. Su padre, Edward Moulton-Barrett, había amasado una considerable fortuna gracias a las plantaciones de azúcar en Jamaica, y con parte de ella compró Hope End, una finca de 500 acres cerca de Malvern Hills. Allí, Elizabeth vivió una infancia privilegiada cabalgando su poni por los alrededores, visitando familias vecinas y organizando producciones teatrales junto a sus once hermanos y hermanas. Aunque era delicada, no presentó problemas de salud hasta 1821, cuando le recetaron opio para tratar sus afecciones nerviosas.

Antes de cumplir diez años, Elizabeth había devorado numerosas obras de Shakespeare, pasajes del Paraíso perdido, parte de la traducción homérica de Pope y todo lo que encontró sobre la historia de Inglaterra, Grecia y Roma. Se autoeducó con fervor, incorporando en su adolescencia la lectura de los principales autores griegos y latinos, así como El Infierno de Dante, todos en su lengua original. Su apetito por el conocimiento la llevó aprender hebreo para leer el Antiguo Testamento de principio a fin. El placer que halló en las obras de Paine, Voltaire, Rousseau y Wollstonecraft se reflejaría más tarde en su interés por los derechos humanos, presente en sus cartas y poemas.


Te amo hasta la profundidad, la anchura y la altura

Mi alma puede alcanzar, cuando se siente fuera de la vista

Para los fines del ser y la gracia ideal.

Te amo al nivel de cada día

La necesidad más silenciosa, a la luz del sol y de las velas.

Te amo libremente, como los hombres luchan por la justicia.

Te amo puramente, como ellos se apartan de la alabanza.

Te amaré aún más después de la muerte.

¡Como te amo! Elizabeth Barret Browning (fragmento)

A los doce años escribió un poema épico compuesto por cuatro libros en rimas pareadas. Más tarde, se referiría a este primer intento como “rehacer de nuevo a Homero, o más bien no hacerlo”.

A los veinte años entabló amistad con Hugh Stuart Boyd, un estudioso ciego de mediana edad que reavivó su interés por la literatura griega. Durante esa relación, Elizabeth profundizó en los textos de Homero, Píndaro, Aristóteles y otros clásicos. Con el tiempo, la amistad —o amor— se disolvió en la nada.

Desde 1822, su vida se volcó cada vez más hacia lo intelectual y literario. Las pérdidas financieras de su padre a comienzos de la década de 1830 lo obligaron a vender Hope End y aunque no llegaron a la pobreza, la familia se mudó tres veces a partir de 1832.

En 1838 apareció El serafín y otros poemas, el primer volumen de poesía madura que Elizabeth publicó bajo su propio nombre. Ese mismo año, su salud la obligó a trasladarse a Torquay, en la costa de Devonshire, acompañada por su hermano favorito, Edward quien a poco andar, se ahogó.  Fue un golpe devastador que la postró durante meses. Nunca se recuperó del todo.

Al regresar, Elizabeth se convirtió en una inválida ermitaña, pasando la mayor parte de los siguientes cinco años en su habitación y recibiendo solo a una o dos personas además de su familia inmediata. Una de ellas fue John Kenyon, hombre rico y generoso, amigo de las artes.

La colección de poemas que publicó en 1844 la convirtió en una de las escritoras más populares de su tiempo, y atrajo la atención de un joven Robert Browning, poeta y dramaturgo, admirador de los poetas románticos, particularmente de Shelley.

Browning, fue precoz y ya a la edad de catorce años hablaba con fluidez, además de su lengua materna inglesa, el francés y el italiano, y las lenguas clásicas, griego y latín, de las que realizó alguna traducción en sus últimos años de vida (el Agamenón de Esquilo, por ejemplo). Si bien el público y la crítica fueron muy duros con él en sus comienzos, fueron derrotados por su originalidad, que se manifestó también en su vida personal. Hechizado por la lectura de los poemas publicados por Elizabeth Barrett, enclaustrada en su habitación, consiguió hacerle llegar cartas donde le testimoniaba su admiración.

Kenyon organizó su encuentro en mayo de 1845. Así comenzó uno de los noviazgos más célebres de la literatura a través de uno de los poemarios más notables de las letras. Seis años mayor que él e inválida, Elizabeth no podía imaginar que Robert la amara con la intensidad que decía. Sus dudas quedaron plasmadas en los Sonetos de la portuguesa, escritos durante los dos años siguientes.

Durante veinte meses intercambiaron casi 600 cartas. Elizabeth, frágil pero lúcida, halló en Robert no solo admiración, sino libertad. Él la alentaba a salir de su encierro, a respirar el mundo, a creer en su fuerza. Ella, que había perdido a su hermano en el mar y había vivido cinco años enclaustrada, temía al amor como quien teme al fuego. Pero Robert insistió, con ternura y coraje.

Te amo hasta donde alcanza la profundidad, la anchura y la altura de mi alma
Elizabeth Barrett Browning, Soneto 23.

El 12 de septiembre de 1846 se casaron en secreto en la iglesia de Marylebone. Elizabeth desafió a su padre, quien la desheredó por casarse sin su consentimiento. Juntos partieron a Italia, donde vivieron quince años de creación y complicidad. Allí, Elizabeth escribió los Sonetos de la portuguesa, que Robert consideró “los mejores sonetos escritos en cualquier idioma desde Shakespeare”. No sé si era muy objetiva su apreciación, pero coincide con la de los críticos de la época.

Soy de esas mujeres débiles que veneran a los hombres fuertes. Carta de Elizabeth Moulton-Barrett

Elizabeth había heredado dinero, por lo que no le importó el repudio de su padre y permitió a los Browning vivir cómodamente en Italia. En 1849 nació su hijo, Robert Wiedeman Barrett Browning. Por insistencia de su esposo, la segunda edición de sus poemas incluyó los sonetos de amor, lo que aumentó su popularidad entre los victorianos y consolidó su prestigio como poeta.

Tras la muerte de William Wordsworth en 1850, fue nominada para el cargo de poeta laureada, aunque finalmente se eligió a Tennyson.

A pesar de las especulaciones, no está claro qué enfermedad padecía. Las recetas de opio probablemente agravaron su condición, aunque el cuidado de Browning, al llevarla al sur y mimarla con ternura, sin duda prolongó su vida. Murió entre sus brazos el 29 de junio de 1861.

La tierra está repleta de cielo, y cada arbusto común arde con Dios” Elizabeth Barret Browning, Aurora Leigh, Libro VII.

Ninguna otra poeta alcanzó el prestigio de Elizabeth entre los lectores cultos de Estados Unidos e Inglaterra en el siglo XIX. Su obra tuvo un profundo impacto en Emily Dickinson, quien la admiraba. El tratamiento de las injusticias sociales —el comercio de esclavos, la opresión austríaca en Italia, el trabajo infantil en minas y fábricas, las restricciones impuestas a las mujeres— se manifiesta en muchos de sus poemas. Las ventanas de la casa Guidi y Poemas antes del Congreso abordan directamente la lucha italiana por la independencia. 

La primera parte de Las ventanas… fue escrita con esperanza en el movimiento liberal; la segunda, tras su derrota, expresa desilusión. Poemas antes del Congreso critica al gobierno inglés por su indiferencia. Uno de los textos, “Maldición para una nación”, atacaba la esclavitud y fue publicado previamente en un periódico abolicionista de Boston.

Aurora Leigh aborda injusticias sociales, especialmente el sometimiento de las mujeres y su papel como creadoras. Aunque su popularidad disminuyó tras su muerte, los críticos victorianos tardíos reconocieron que siempre sería recordada por El llanto de los niñosEl niño de IsobelBertha en el sendero y, sobre todo, por los Sonetos de la portuguesa.

Virginia Woolf afirmó que la heroína de Aurora Leigh, “con su apasionado interés por la cuestión social, su conflicto como artista y mujer, su anhelo por el conocimiento y la libertad, era auténtica heredera de su época”. Sus elogios precedieron a la revaloración crítica contemporánea, que ha devuelto la atención al conjunto de su poesía.

Ella, con su apasionado interés por la cuestión social, su conflicto como artista y mujer, su anhelo por el conocimiento y la libertad, era auténtica heredera de su época.” Virginia Woolf sobre Aurora Leigh.

La obra de Robert Browning da para otra crónica.  Pero quizás el lugar donde reposan los restos de esta notable pareja de la literatura nos señala algunas de las diferencias que hasta hoy perduran:  ella está enterrada en el Cementerio Inglés de Florencia, en Italia. Su tumba está ubicada en este lugar de descanso de varios miembros de la comunidad anglo-florentina del siglo XIX. En cambio, Robert Browning reposa  en el Rincón de los Poetas de la Abadía de Westminster; su tumba es la inmediatamente contigua a la de Alfred Tennyson.

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1 comment

Bernardita noviembre 6, 2025 - 11:19 am

Muy bueno , muy interesante.

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