Terminó el gobierno antiguo del puño izquierdo en alto y el dedo levantado. De la retórica performática. De la búsqueda identitaria emocional en medio de una realidad opaca y lejana que arruinó a un gobierno. Lleno de ideales de justicia fallidos.
Se inició el duelo en la añoranza nostálgica de lo que nunca comenzó sin término. De una izquierda posmoderna “cuyo relativismo radical y materia, hipersensibilidad lingüística y trato desigual basado en rasgos identitarios, erosionaron los principios básicos del liberalismo, el compromiso con la verdad, la igualdad ante la ley y el (verdadero) diálogo democrático”.
La nueva-vieja izquierda marxista ya inició la oposición a este nuevo gobierno “del nuevo fascismo neoliberal”. Ya levanta un relato de la lucha unida para evitar el “retroceso sobre los derechos ganados”. Contra un nuevo fascismo que intenta “sacrificar al extraño que contamina o desestabiliza el “ser social”, exigiendo “el “sacrificio” del intruso y el de sí mismo”. Mirada del otro distinto “como un objeto sacrificial”. ¿Única? forma para recomponer el orden alterado. ¿Listas para liberar el infierno? (Cuando sea el momento).
Comenzó un nuevo gobierno con Dios en el discurso político del poder. Alineado con el nuevo orden geopolítico estratégico mundial en desarrollo, que gusta de la “economización del alma”. Del progresismo de izquierdas, al conservadurismo de derechas. Obsesión del control y el orden racionalmente gestionados guiados por verdades eternas y absolutas. (No construidas en la historia y el lenguaje socio cultural).
Del existencialismo al esencialismo. De las culturas, a la cultura. Del género al sexo. De las familias, a la familia. Del privilegio del estado a la empresa y la iniciativa privada. (Con socios comerciales vengan de donde vengan). (Bueno, siempre fue así…). Ya veremos.
Mientras en Chile se aprobó legislar sobre el aborto en tres causales, motivo celebrado el 8M, Masih Alinejad, activista iraní por los derechos de las mujeres, interpela al feminismo de salón de los lazos morados: “Tienen algo que decir al feminismo real que se juega en las calles de Teherán. Las mujeres de Irán no quieren la paz del burka y la mortaja, quieren libertad”. Y en Chile, quieren trabajo.

El nuevo emperador del mundo sonríe complacido. Presume de ser el “libertador” con un ejército invencible. Un nuevo “redentor”. Hacedor del “bien”. Sueña con ser Jesucristo. Lloran los muertos y los no nacidos. Mortajas azules bajo la luna llena. Esperan la resurrección. La religión y el tribalismo mueven al mundo. La historia se escribe con el lenguaje de la guerra sangrante. Con “la sangre (y el dinero) sobre la cabeza”. China y Rusia observan. Europa tiembla en la lucha.
Tiempo de cambios permanentes en los límites del caos. Impulsado por fuerzas turbulentas e incontrolables. Creación de acontecimientos emergentes extraordinarios y sorprendentes. Presencia de líderes soberbios sedientos de poder retuercen su rumbo. Beben de sus derechos inexistentes sobre la vida y la muerte. Muchas veces Inmisericordes. Hijos de su destino lastrado por los monstruos de su carácter. En una búsqueda no reconocida y negada de lo absoluto.
“La historia es portadora, en forma humana de las grandes fuerzas cósmicas de unión y desunión, concordia y discordia. Nos revela en una complejidad permanente…apariciones ininterrumpidas de lo inesperado y lo improbable”. Portadora del bien y el mal. Del tiempo en la eternidad.
No somos más que vagabundos errantes. “Eternautas” solitarios en un universo “creador de dioses”.
Referencias: Edgar Morin. “Lecciones de la Historia”; Paula Biglerie: “Fascismo y estupidez”; Helen Pluckrose: “Como los intelectuales franceses posmodernos arruinaron Occidente”.