El foro de Santiago y PROSUR. La arriesgada apuesta de Sebastián Piñera

por La Nueva Mirada

El próximo 20 y 21 de marzo tendrá lugar en Santiago el denominado  “Foro por la Democracia”, organizado por la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA), agrupación política que reúne a los partidos de derecha en la región, a la que se encuentran afiliados los de Chile Vamos (Renovación Nacional, UDI, Evopolis y el PRI).

Según sus organizadores – que incluyen a la vicepresidenta de Renovación Nacional, Paulina Núñez como coordinadora y que integran el Secretario General de la UDI, Issa Kort, Luz Poblete por Evopolis, Antonio Muñoz por el PRI – se pretende convertir el llamado Foro de Santiago en una instancia permanente de coordinación de la derecha de la región, como contra partida al llamado Foro de San Pablo, que reúne a partidos de izquierda.

“Tenemos una realidad política inmejorable en la región, que nos obliga a reunirnos, debatir y tomar decisiones para proyectar nuestro gobiernos de centro derecha en los diversos países”

“Tenemos una realidad política inmejorable en la región, que nos obliga a reunirnos, debatir y tomar decisiones para proyectar nuestro gobiernos de centro derecha en los diversos países” ha señalado Paulina Núñez, al precisar los objetivos de la cita a la cual ya han confirmado su participación 17 partidos de derecha, además de los mandatarios, Sebastián Piñera, Iván Duque, Jair Bolsonaro, Martin Viscarra, Mauricio Macri y el paraguayo Mario Abdo.

La cita no tendría nada de particular y sería normal que los partidos de derecha o centro derecha, que hoy están en el poder en la mayoría de los países de la región, se reunieran y debatieran acerca de cómo proyectarse en el poder. Lo novedoso es la participación de  los mandatarios de cada uno de estos países en la cita y su objetivo declarado de superar UNASUR para impulsar una nueva organización regional- PROSUR- que defienda la democracia y el libre mercado, como la ha definido Iván Duque, uno de sus promotores, junto al Presidente de Chile, Sebastián Piñera, que busca consolidar un protagonismo a nivel regional con esta iniciativa y su involucramiento en la crisis venezolana.

Piñera ha defendido con energía la idea de superar UNASUR, que fuera promovida en su momento por los gobiernos progresistas que dominaban la región y que hoy se encuentra paralizada, reemplazándola por una agrupación de países con gobiernos de derecha o centro derecha comprometidos en la “defensa de la Democracia y el libre mercado”.

Lo novedoso es la participación de  los mandatarios de cada uno de estos países en la cita y su objetivo declarado de superar UNASUR para impulsar una nueva organización regional- PROSUR- que defienda la democracia y el libre mercado, como la ha definido Iván Duque, uno de sus promotores, junto al Presidente de Chile, Sebastián Piñera, que busca consolidar un protagonismo a nivel regional con esta iniciativa y su involucramiento en la crisis venezolana.

La idea no es nueva. Estaba en el trasfondo de la propuesta del ex mandatario peruano Alan García al proponer la creación de la Alianza del Pacífico, cuando expiraba el primer mandato de Sebastián Piñera en nuestro país. La propuesta original del mandatario peruano apuntaba a unir a los países de la costa pacífico  que compartían, además de su adhesión a la democracia, su compromiso con el libre mercado y el modelo económico neoliberal. No por nada se excluyó a Ecuador de dicha iniciativa.

La nueva presidencia de Michel Bachelet en Chile y los cambios políticos en Perú, Colombia y México despojaron a la Alianza del Pacífico de todo contenido político o ideológico para transformarla en un esfuerzo de integración sub regional, que ha mostrado su dinamismo para potenciar la cooperación y  el intercambio comercial entre los países que la integran, con el propósito declarado de avanzar hacia una mayor convergencia con los países del Atlántico que integran MERCOSUR.

El retorno a la guerra fría. La cruzada de Donald Trump

PROSUR representa el regreso a los viejos alineamientos ideológicos propios de la guerra fría, que enfrentara a los países capitalistas desarrollados con el fenecido bloque socialista, liderado por la desaparecida Unión Soviética y que Donald Trump intenta resucitar con su cruzada en contra de las pocas experiencias definidas como socialistas que aún sobreviven  en la región: Cuba, Venezuela y Nicaragua, según las ha identificado el mandatario norteamericano.

Piñera ha defendido con energía la idea de superar UNASUR, que fuera promovida en su momento por los gobiernos progresistas que dominaban la región y que hoy se encuentra paralizada, reemplazándola por una agrupación de países con gobiernos de derecha o centro derecha comprometidos en la “defensa de la Democracia y el libre mercado”.

La crisis venezolana ha divido las opiniones en la región. No necesariamente a favor o en contra de Maduro o del Presidente encargado, Juan Guaidó, que la mayoría de los países latinoamericanos se apresuraron a reconocer, siguiendo las aguas del Departamento de Estado norteamericano, sino más bien acerca de la salida a la crisis que hoy vive ese país. Y aunque el llamado Grupo de Lima ha rechazado expresamente la alternativa de una intervención extranjera, que el gobierno de Trump no descarta, parece más que evidente que tanto México, como Uruguay y Costa Rica, en consonancia con algunos países de la Unión Europea, privilegian los intentos de diálogo y negociación, en lugar de aquellas amenazas del uso de la fuerza para forzar la salida de Maduro del poder.

Es más que evidente que países como México, Uruguay o Costa Rica, menos Bolivia y algunos países centro americanos y caribeños, con gobiernos de signo progresista, no concurrirán a una iniciativa como la postulada por Piñera.

En este contexto y cuando no tan sólo Venezuela sino también Cuba y Nicaragua se sienten amenazadas por la ofensiva encabezada por EE.UU., la iniciativa de PROSUR sólo puede implicar mayores divisiones a nivel regional, alejando cada vez más la posibilidad de avanzar en el proceso de integración regional.

Es más que evidente que países como México, Uruguay o Costa Rica, menos Bolivia y algunos países centro americanos y caribeños, con gobiernos de signo progresista, no concurrirán a una iniciativa como la postulada por Piñera.

La apuesta del mandatario chileno, de asumir mayor protagonismo para impulsar esta iniciativa, genera más de una duda en su propio sector y acentúa las críticas opositoras a la controvertida política exterior de su gobierno, en temas tan complejos como el medio ambiente, las migraciones, la crisis venezolana y el retorno a los alineamientos ideológicos en la región, deteriorando los consensos que requiere una política de Estado, tal como lo han señalado ex cancilleres, ex embajadores y personalidades políticas de la oposición.

La apuesta del mandatario chileno, de asumir mayor protagonismo para impulsar esta iniciativa, genera más de una duda en su propio sector y acentúa las críticas opositoras a la controvertida política exterior de su gobierno, en temas tan complejos como el medio ambiente, las migraciones, la crisis venezolana y el retorno a los alineamientos ideológicos en la región, deteriorando los consensos que requiere una política de Estado, tal como lo han señalado ex cancilleres, ex embajadores y personalidades políticas de la oposición.

Parece haber llegado la hora para que el parlamento interpele al Canciller sobre la política exterior del gobierno y que se pronuncie el Consejo Asesor en política exterior, integrado por ex cancilleres, ex embajadores y personalidades vinculadas a las relaciones internacionales de Chile.

Parece haber llegado la hora para que el parlamento interpele al Canciller sobre la política exterior del gobierno y que se pronuncie el Consejo Asesor en política exterior, integrado por ex cancilleres, ex embajadores y personalidades vinculadas a las relaciones internacionales de Chile.

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