Si me hubieran preguntado hace tres años y medio, cuando me confirmaron la muestra El Psiconauta en Sala Gasco, si en 2025 íbamos a estar atravesando una de las peores crisis humanitarias de nuestra era moderna, no lo habría imaginado siquiera. Pero así es: estoy a punto de inaugurar mi exposición en medio de la guerra, el genocidio, hambrunas forzadas, conflictos nucleares, tarifas unilaterales y crisis económica.
Por eso mismo, me he preguntado durante estos últimos años: ¿de qué sirve hacer arte?, ¿para qué pintar?, ¿cuál es el objetivo detrás de ir al taller todos los días, ocho horas diarias, a crear nuevas visiones del mundo?
Esa pregunta me persigue todos los días.
Para mí, antes que todo, el arte no es una carrera, ni una búsqueda de reconocimiento, fama o dinero. Es una necesidad vital; literalmente, sin la pintura o la música, mi vida estaría vacía. Ese es el motor principal, algo que me cuesta describir con palabras y que tiene que ver con tantas cosas que espero explicar más adelante.
El Psiconauta es una palabra griega que significa el navegante de la mente, es un viajero de la conciencia, un emisario de la creatividad, y, por sobre todo, una muy bella analogía de lo que es mi vocación como creador. El artista es una antena que conecta con el mundo inmaterial de las ideas, los sentimientos, el inconsciente colectivo; una matrix universal donde yace la fuente de todo lo que nos rodea en forma potencial. Y es este quien descarga esa información y la transforma en obra.
Por eso, para mí, el arte que realizo se enmarca en la corriente del arte visionario latinoamericano. Es un arte que pinta lo que no se ve, lo que va a ocurrir: visiones del futuro, lo desconocido.
Yo, como artista, no busco pintar el pasado ni emular épocas de oro. Mi misión es crear y materializar lo que vendrá, imaginar el futuro. Esa es mi misión y mi obsesión como pintor.
El arte para mí no reside en las elites, ni en los discursos rebuscados, ni en las inauguraciones, o eventos de marketing, el arte es un vínculo, tanto con el espectador, con los colaboradores y por supuesto con el mundo que nos rodea. Es por eso que mientras más sincera y honesta sea una obra, más universal será, más vínculo, contacto y afecto logrará.
Volviendo al contexto de esta muestra, mi objetivo es entregar una visión de futuro, mostrar lo no visto, conectar con el misterio de las imágenes, invitar al espectador a construir su propio relato de lo que está viendo, y por sobre todo bajo un mensaje de esperanza, de que es posible un mundo más humano, cariñoso, empático, y que podemos trascender del
actual estado de insensibilidad, miedo, ostracismo, violencia extrema e incertidumbre en el que habitamos.
Sin ir más lejos, este último año de trabajo ha sido el más duro. Los coleccionistas dejaron de comprar, y seguir haciendo arte en ese silencio económico es profundamente desmoralizante.
Llevo 25 años como pintor, y gracias al mercado también he podido seguir vigente. Todo esto está hoy en entredicho: la incertidumbre, el miedo, la guerra, el fantasma del fascismo hacen ver nuestra profesión como lo más inútil de la sociedad.
Por eso duplico el esfuerzo, quemo mis últimos cartuchos, y en mi interior sé que, en cada obra, en cada exposición, uno como artista se juega la supervivencia.
Porque yo, a diferencia de muchos colegas, vivo de mi arte; y si no vendo, no como. No tengo propiedades ni una familia poderosa que me respalde —aunque agradezco de corazón el apoyo de mi familia, que siempre me ha ayudado en tiempos difíciles.
Por lo mismo, anda rondando el fantasma de que esta pueda ser la última exposición. Y espero que no sea así, porque yo vine a este mundo a crear.
Chile es un país difícil para los artistas; no somos valorados como corresponde. Bueno, afuera también es difícil: está repleto de artistas geniales triunfando en todas las latitudes, y en ese mar de información, el quehacer personal se vuelve una carga pesada.
Por eso siempre estoy autoterapeándome, porque ser artista profesional es como ser un deportista de alto rendimiento: el cuerpo te exige muchísimo, y la mente, aún más.
Hacer arte es un privilegio que me tomo muy en serio, con mucha responsabilidad y metodología, porque nunca sé hasta cuándo podré seguir haciéndolo.
Yo hago exposiciones grandes como esta cada 5 o10 años, y en esta en particular presentaré 26 pinturas al óleo, que se inscriben en el arte visionario latinoamericano figurativo, subcategoría del surrealismo, también con influencias del simbolismo y arte romántico. El montaje está pensado como un relato: el viaje del psiconauta, que nos lleva por diversos estados de conciencia y visiones.
Aparece la pareidolia (tendencia mental a ver imágenes reconocibles, como caras o animales en manchas); el metabolismo urbano (teoría que concibe a las ciudades como seres vivientes); el glitch fractal de la matrix (una visión de cómo todo está compuesto por el lenguaje irreductible de la matemática: los números de Fibonacci, es la fibra oculta del universo); y el símbolo del creador, como metáfora de cómo la conciencia va imaginando, materializando y expandiendo el mundo que nos rodea.
En esta exposición está presente la realidad aumentada, son contenidos expandidos de las obras y del universo de la exposición. Podemos decir que la muestra se divide en presencial y en digital. Este último, un reino nuevo en las artes visuales y en mi caso se accede a través de códigos QR al lado de cada pintura, donde puedes acceder con el celular o tablet a audioguías grabadas por mí, soundtrack hecho por diversos músicos chilenos que invité a participar como Yadak, Leo Quinteros, Alekos Vuskovic, Felipe Jimenez, Frank Benkho, Usted No!, María Perlita, Vfm, entre otros. También hay animaciones de las pinturas en video generadas vía inteligencia artificial, poemas, y mucho más. Es así como he podido unir dos de mis grandes pasiones como son la pintura y la música, en un solo gran espacio de expresión.
Los invito a visitar la Sala Gasco, desde el 24 de julio al 12 de septiembre, a vivir la experiencia inmersiva de “El Psiconauta” mi última gran exposición desde “Cuando desperté no había nadie” en el MNBA (2013). Aunque de corazón espero que no sea “La última”. Esto dependerá de ustedes, de mí y por supuesto de cómo evolucionen las guerras…