Tomando las preguntas clásicas sobre qué, cómo, cuándo, a quién y dónde ocurrieron los hechos que llevaron a las hermanas Lisbon a terminar con sus vidas; esta novela de Jeffrey Eugenides no deja la resolución del misterio para el final, sino que dedica a sus páginas a entregar atisbos para que el lector comprenda el por qué de los hechos.
Los muchachos del barrio lograron comunicarse con las hermanas Lisbon a través de canciones que ponían por el auricular del teléfono. Parece absurda la forma pudiendo haberles hablado, o abordado en el colegio, o mandado una carta, o simplemente golpeando la puerta de la casa familiar; sin embargo lo simple resultaba un imposible ya que Lux, Bonnie, Mary y Therese terminaron confinadas en su domicilio luego que la menor de ellas, Cecilia, se suicidara el verano anterior.
Publicada en 1993, Las vírgenes suicidas es una novela que rememora los años 70, ambientada en el barrio residencial de Grosse Pointe, Míchigan. Jeffery Eugenides narra a través de un colectivo, ahora adulto, los hechos que los marcaron en su adolescencia, cuando en solo un año y medio las cinco hermanas Lisbon se suicidaron; el padre perdió el trabajo como profesor; la madre se hundió más en ella misma; la casa terminó convertida en un basural nauseabundo; y la que era una familia se transformó en un recuerdo amargo para los vecinos.
La investigación de los muchachos, todos enamorados de las hermanas Lisbon, a quienes idolatraban como ángeles perfectos, se enmarca en recopilar todos los antecedentes posibles y realizar entrevistas a todos los sobrevivientes de la tragedia con el fin de lograr comprender por qué Cecilia, Lux, Bonnie, Mary y Therese se suicidan.
La mañana en que a la última hija de los Lisbon le tocó el turno de suicidarse –esta vez fue Mary y con somníferos, como Therese–, los dos sanitarios llegaron a su casa sabiendo exactamente dónde estaba el cajón de los cuchillos y el horno de gas y dónde la viga del sótano en la que podía atarse una cuerda.
(Fragmento)

La novela puede analizarse desde el punto de vista psicológico, social o feminista, pues trata de cinco adolescentes muy controladas que tras la muerte de la menor de ellas tienen menos oportunidades de comunicarse con el mundo, reprimidas por una madre que teme a lo que los jóvenes sienten por ellas, creyendo que ocultándolas reprimirá el deseo colectivo en medio de una sociedad que valora la pulcritud y virginidad femeninas.
Dos de los tres hechos fundamentales ocurren luego de una fiesta: Cecilia se suicida en medio de la celebración que los padres realizaron en su honor -en el sótano- para tratar de alegrarla tras su primer intento de suicidio. Ceguera de los Lisbon incapaces de entender que un baile no quitará el deseo de desaparecer de la menor de las niñas.
Luego de la primera muerte las oportunidades aún existen para las cuatro hermanas que quedan, quienes deben enfrentar diariamente la mirada de los vecinos que las analizan constantemente por su comportamiento que no parece doliente ni en duelo. Son los chicos del barrio, quienes las espían, los que verdaderamente conocen lo que hacen en su intimidad. Y es por ello que, tras volver al colegio, uno de ellos convence a los padres para que les permitan a Lux, Bonnie, Mary y Therese asistir al baile de inicio del año escolar.
En la fiesta Lux es coronada reina y junto con ello se pierde de la mano de Trip, no cumpliendo con la hora de llegada impuesta a fuego por los padres. En castigo, o a modo de cuidado, (depende de la interpretación del lector), las cuatro quedan confinadas en la casa, como en una cárcel, desatando la furia sexual de Lux quien comenzó una frenética vida sexual en el techo de su casa.
Tiempo después, antes de que arreciaran los primeros fríos aproximadamente, la gente empezó a ver a Lux copulando en el tejado con hombres y muchachos sin rostro.
(Fragmento)
El tercer evento, que lleva a la muerte de las cuatro hermanas restantes, se desata tras las llamadas telefónicas con canciones y los papelitos misteriosos que cubrieron el barrio. No hay sorpresa para el lector en el desenlace, sino en el por qué los hechos se desarrollaron de esa forma.
Remembranza del policial no clásico
Desde la primera página, el lector de Las vírgenes suicidas sabe que sus protagonistas terminarán muertas: lo que no conoce es el por qué llegaron a quitarse la vida. Esta es la misión del (los) narrador: rememorar cada uno de los hechos desde que Cecilia, de 13 años, logró su cometido saltando desde la ventana de su dormitorio, mientras sus hermanas y los chicos del barrio festejaban en el oscuro sótano de la casa.

Jeffrey Eugenides comentó – The Paris Review – que la idea de la trama la pensó cuando la niñera adolescente de su sobrino le dijo que ella y sus hermanas alguna vez habían pensado en suicidarse. Cuando el autor le preguntó por qué, la chica respondió: «estábamos bajo mucha presión«.
Y las hermanas Lisbon, ¿se suicidaron por sentirse presionadas? Tomando las bases actuales de la novela policial, al más puro estilo de Ernesto Sabato en sus obras El túnel y Sobre héroes y tumbas, en donde el lector no espera descubrir al asesino ni a la víctima, sino que solo comprender por qué los hechos terminaron en tragedia; en Las vírgenes suicidas el misterio radica en la razón que tuvieron las chicas para quitarse la vida.
Mientras la novela policial tradicional finaliza cuando el investigador descubre el enigma y conoce quién y por qué cometió los hechos, la obra de Eugenides se mueve en una superficie psicológica donde el misterio no es el crimen sino las causas que desencadenaron los hechos.
Martín Cerezo, en La poética del relato policiaco, afirma que el buen escritor, por un lado debe adherirse al género, pero por otro proponer algo nuevo. Y es que si el lector es capaz de predecir el final, el autor está obligado a innovar.
Eugenides, por su parte, no aclara el todo por qué las hermanas Lisbon se suicidan, pero si entrega las pistas suficientes para que el lector, tomando en cuenta todos los antecedentes, como uno más de los vecinos que alguna vez presenció la tragedia de la familia, se forme una opinión e interprete a su gusto el desenlace.

A fin de cuentas, daba igual la edad que tuviesen, el que fueran tan jóvenes, lo único que importaba era que las habíamos amado y que no nos habían oído cuando las llamábamos, que seguían sin oírnos ahora, aquí arriba, en la casa del árbol, con nuestro escaso cabello y nuestra barriga, llamándolas para que salgan de aquellas habitaciones donde se habían quedado solas para siempre, solas en su suicidio, más profundo que la muerte, y en las que ya nunca encontraremos las piezas que podrían servir para volver a unirlas.
(Fragmento)