El sorprendente ascenso de Rodrigo Paz

por Fernando Molina M.

Estábamos en 2024 y Bolivia vivía una grave crisis económica que se manifestaba en falta de dólares para importar y en un “corralito” bancario de la divisa. Además, la guerra fratricida entre los líderes de la izquierda, el presidente Luis Arce y el expresidente Evo Morales era intensa y se sabía que terminaría en la inhabilitación electoral del segundo de ellos. Quedaba por averiguar cuál sería la reacción del expresidente, que algunos calculaban efectiva pues lo seguían considerando muy poderoso y hábil. Lo cierto era que el Movimiento al Socialismo (MAS) estaba en un proceso irreversible de descomposición y que el propio Evo Morales ya no era el de antes, atrapado como estaba en el culto a su propia personalidad. 

Esta era la situación, pero la inercia llevó a los principales precandidatos de la “oposición” a aplicar una estrategia dictada por sus necesidades del pasado y no del presente. Así, formaron un “Bloque de Unidad” por si el MAS resolviera su sangrienta disputa interna y se rearmara. Una posibilidad que, aunque era fantasiosa, siguió en la mente de los más radicales y también de los más desinformados antimasistas hasta la inscripción de los candidatos, que finalmente ocurrió sin Morales ni Arce. 

Pero volvamos al 18 de diciembre de 2024, cuando Carlos Mesa, Luis Fernando Camacho (por medio de un poder, ya que estaba en prisión acusado de organizar el derrocamiento de Morales en 2019), Samuel Doria Medina y Jorge Quiroga firmaron un acuerdo por el que se comprometían a encontrar la forma de designar un candidato único a la presidencia. Respondían así a la “demanda histórica” del electorado antimasista.  

Quedaron por fuera de este acuerdo el alcalde de Cochabamba Manfred Reyes Villa, a quien Camacho consideraba “masista” por no haberse posicionado a favor suyo tras su detención en 2022, y Rodrigo Paz, senador de Comunidad Ciudadana, que se había lanzado a la presidencia por su cuenta, lo que había irritado al jefe de su agrupación, Carlos Mesa. 

Ulteriormente, Paz sería invitado al Bloque de Unidad, pero declinaría participar. “Respeto a este intento; no he participado del mismo porque considero que [la población] busca una nueva generación y una nueva etapa para Bolivia”, justificó. También señaló que los principales precandidatos del Bloque, Quiroga y Doria Medina, no eran una “respuesta factible, por los negativos que tienen”.[1]

No entrar en la bolsa de los opositores tradicionales fue la primera de las buenas decisiones de campaña que conducirían posteriormente a Rodrigo Paz a la presidencia de Bolivia. Al parecer, este político de centro derecha había heredado el legendario olfato político de su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora.

Tras mucho negociar, el Bloque de Unidad decidió que designaría a su candidato único aplicando una batería de encuestas, un acuerdo que poco después Quiroga, que ya recibía asesoramiento del estratega ecuatoriano Jaime Durán Barba, descartó tras ver que los sondeos favorecían a Doria Medina en lugar de a él.

Esto sucedió con gran ruido mediático, y por tanto confirmó el estereotipo ya presente en la mente del público del político incapaz de ceder el poder, que había sido justamente el caso de Evo Morales. ¿La alternativa a este sería entonces cuál? Los estudios electorales mostraban un gran rechazo a los políticos, sobre todo a los del MAS, pero también a los políticos de oposición por actitudes como la de “Tuto” respecto a sus socios y, por otra parte, por el respaldo de la mayoría de ellos al gobierno transitorio de Jeanine Añez en 2020. La mesa estaba servida para un “outsider” que, saliendo de la nada, acabara al mismo tiempo la agonía política del MAS y el monopolio de la representación opositora de los políticos seniors. Pero ese advenedizo no aparecería más que en vísperas de la primera vuelta electoral. 

Tras la renuncia de Mesa a postular y su neutralidad en la guerra entre Quiroga y Doria Medina (su partido, en cambio, se dividió entre ambos líderes y desapareció como entidad independiente), el Bloque de Unidad quedó escindido en dos grupos: el de Doria Medina-Camacho (UNIDAD) y el de Quiroga y sus aliados cruceños (Demócratas, en crisis por su participación en el gobierno de Añez, y, por otra parte, el “halcón” Branko Marinkovic, recién vuelto del exilio en Brasil donde se había refugiado de la persecución judicial por un supuesto intento terrorista de separar Santa Cruz de Bolivia en 2008). El grupo de Quiroga se llamó Libertad y Democracia (LIBRE) y constituyó la referencia de la derecha y la extrema derecha del país. Quiroga es activo miembro del grupo homónimo Libertad y Democracia, que incluye a expresidentes como José María Aznar de España e Iván Duque de Colombia, y a la boliviana Jeanine Añez, actualmente presa por su papel en el derrocamiento de Evo Morales en 2019.

Después de esto, el imperativo de la unificación, que ya era, como dijimos, fantasmal, porque el MAS estaba extinguiéndose, desapareció y ambas facciones se atacaron abiertamente, en particular la de Quiroga contra la de Doria Medina, que encabezaba las encuestas un palmo por delante de la otra. Curiosamente, pero de acuerdo con los aires de la moda de nuestros días, se criticó a Doria Medina, un importante empresario partidario del “capitalismo con rostro humano”, por “zurdo” y “socialista”, porque pertenecía a la socialdemocracia internacional.

Esta guerra entre la derecha y la centroderecha llevo a que estas elecciones se consideraran las “más sucias de la historia boliviana” por los dispositivos de guerra digital usados por los partidos, en particular por LIBRE y Durán Barba.

Rodrigo Paz, invitado por el Partido Demócrata Cristiano, con una inversión mínima de campaña y partiendo de una intención de voto de 3% a principios de año, finalmente ganó la presidencia. Figura de segunda línea de la política de las últimas décadas, de una posición política parecida a la de Doria Medina, pero menos articulada, logró sin embargo mostrarse como una alternativa de renovación respecto a los otros aspirantes a “superar el ciclo del MAS” y fichó como acompañante al verdadero outsider, un popular tiktokero, el expolicía Edman Lara. 

Paz y Lara lograron la adhesión fervorosa de la ciudad de El Alto, el principal bolsón de votos populares, y en otras ciudades y áreas rurales del occidente del país, es decir, atrajeron el voto de los sectores que antes confiaban en el MAS. Durante la primera vuelta, Paz-Lara se beneficiaron de su posición rezagada y casi no recibieron ataques digitales. En cambio, en la segunda ronda, Lara fue blanco del equipo mercenario de Duran Barba y estuvo a punto de sucumbir, pero la fortuna volvió a intervenir, con la forma de unos tuits racistas que fueron encontrados en la cuenta de X de Juan Pablo Velasco, el vicepresidente de “Tuto”. Este hecho fortuito galvanizó al occidente cholo en torno a Paz-Lara. En la primera vuelta, también fue la suerte de Paz por haber fichado a Lara como acompañante la que le permitió interpretar el deseo de renovación de la población.

Al final, el balotaje boliviano no fue el enfrentamiento entre una opción de izquierda y otra de derecha, sino entre dos facciones de derecha, una que representó a la élite tradicional y otra que, por una serie de detalles casuales, terminó expresando a los sectores populares y “cholos” del país, que ya no querían seguir votando por una izquierda en franca descomposición. Quedó demostrado, una vez más, que los “cholos” son más numerosos que los “señores” bolivianos. 


[1] UNITEL. 3 de abril de 2025. “Rodrigo Paz critica al bloque de unidad de la oposición porque ‘no generan un proyecto victorioso’”.

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