El tesoro de Lord Anson – Puerto Inglés – Archipiélago Juan Fernández

por Gabriel Pérez Mardones

Mucho se ha especulado sobre el lugar exacto que alberga el famoso tesoro de Lord Anson. Sobre todo después de la fugaz aparición del robot Arturito (2005), cuyas lecturas erróneas y un despliegue comunicacional francamente burdo, pasaron por encima de la búsqueda emprendida años atrás por el equipo liderado por Bernard Kaiser.

Lo cierto es que, en 1998, el historiador norteamericano inició excavaciones en busca del mentado entierro. No sin antes realizar una investigación acuciosa que lo llevó a consultar distintos archivos conservados en el viejo continente. Después de indagar minuciosamente durante cinco años en una infinidad de documentos y de comparar las inscripciones que aún pueden apreciarse en la cueva de Robinson con los antiguos sellos de Juan Esteban Ubilla y Etcheverría, elaboró una teoría arqueológica que finalmente ejecutó en la pequeña bahía de Puerto Inglés.

Pero para entender la búsqueda de este preciado botín es necesario remontarse a los años cincuenta, específicamente a la figura de Jorge Di Giorgio, quien a comienzos de esa década llegó con su yate Surazo a la bahía Cumberland, donde oyó por primera vez acerca de esta leyenda.

Decidido a reunir más antecedentes sobre el misterio, se contactó con su amiga Tita Díaz, una hermosa mujer de la alta sociedad chilena que años antes se había casado con el diplomático inglés Sir Archibald Clark Kerr, quien más tarde sería nombrado Lord Inverchapel. De ese modo, Tita Díaz se convirtió en Lady Inverchapel, lo que le permitió acceder a importantes círculos de la aristocracia inglesa de la época.

Decidida a ayudar a su amigo, y haciendo gala de sus influencias, se dirigió al castillo de Lord Anson, donde encontró en un viejo escritorio una serie de cartas escritas en clave, que posteriormente envió a su amigo en Chile.

Di Giorgio no alcanzó a comprender su contenido, pero su esposa, Angélica Lyon —experta en crucigramas y acertijos— logró interpretarlas de la siguiente manera:

“The Horse-Shoe Expedition” (Expedición Herradura)

Primer documento: “Órdenes ejecutadas. Circunstancias adversas me obligaron a enterrar las pertenencias de la Corona en un nuevo lugar y hacer explotar el barco. Espero órdenes.” *

Cabe destacar que junto a la carta enviada desde Londres venía adherido un papel que decía: “Este documento llegó desde Chile seis meses después de que falleciera mi Lord.” *

En el segundo documento, del mismo origen, donde también figura la nota “Este mapa llegó desde Chile dieciséis meses después de que falleciera mi Lord” *. Sin embargo, se incluye un dibujo de una bahía denominada Pascoy, con una serie de líneas que indican un punto en la costa donde, supuestamente, se encuentra la respuesta.

Un tercer documento señala:

“Altura Schuba I. Profundidad Piedra Amarilla.” *

Con estos antecedentes, Jorge Di Giorgio decidió incorporar a su acaudalado amigo Luis Cousiño en la búsqueda de este misterio.

Ambos recorrieron vastas zonas del litoral chileno en busca de una bahía que se asemejara a la descrita en la carta de Pascoy Bay. Para sorpresa de ambos, cerca de Horcón hallaron un cofre que, al ser abierto, contenía un sobre de platino. En su interior había un documento que Angélica Lyon, conocedora de las claves, logró descifrar así:

“Yo, Cornelius Patrick Webb, capitán de la Armada de Su Majestad y patrón del Unicorn, único sobreviviente de la Expedición de la Herradura, dejo este relato a mi Lord George Anson, primer Lord del Almirantazgo, con toda cortesía, pues temo que la enfermedad que me aqueja no me permitirá esperar…

El Unicorn zarpó el 19 de junio, cruzó el Cabo de Hornos el 6 de diciembre y llegó a la posición de latitud 30°8′ el 13 de enero. Se abrieron las órdenes reales, se ubicó la entrada secreta, se inventariaron las pertenencias de la Corona y se cargaron 864 bolsas con oro, 200 barras de oro, 21 barriles con piedras preciosas y joyas, un baúl dorado que contenía una rosa de oro y esmeraldas de dos pies de altura, y 160 cofres con monedas de oro y plata.

El 24 de enero se destruyó la fortaleza. Al regresar, el 28 de enero, una violenta tempestad dañó gravemente el barco, que perdió un mástil. Obligados a refugiarnos en una isla, el 3 de febrero fondeamos en latitud… longitud… Fue imposible efectuar reparaciones que aseguraran el transporte del tesoro, por lo que fue transferido a la isla, nuevo escondite: valle de Anson. Un cable desde el punto de observación en dirección a la gran piedra amarilla, profundidad: 15 pies.

El Unicorn fue reparado para un cruce de emergencia rumbo a Valparaíso. Al informarse de un motín mientras el barco estaba sin viento al oeste de Valparaíso, dispuse del bote auxiliar. El Unicorn fue volado por mí con todos a bordo; seis hombres leales se sacrificaron por la causa de la Corona. Llegué a Valparaíso en 1761.” *

Al unir todos estos antecedentes, Di Giorgio y Cousiño decidieron iniciar la primera gran búsqueda en el archipiélago de Juan Fernández, aunque no hallaron indicio alguno del tesoro. Sin embargo, aquel intento sembró la semilla que años más tarde retomaría Bernard Kaiser, de manos de María Eugenia Bechee, depositaria de los documentos que habían pertenecido a Di Giorgio y Cousiño.

Tras veintiocho años de trabajo, Bernard Kaiser cree estar cerca de descifrar los hechos anteriormente descritos. Entre otras razones, porque a lo largo de estos años han surgido evidencias que respaldan su teoría: huellas de asentamientos humanos en el sector de Puerto Inglés, así como nuevos hallazgos —piezas de porcelana china, botones, inscripciones en una piedra— que, de una u otra forma, se conectan con los antecedentes relatados en la carta de Cornelius Webb.

* El Tesoro de Lord Anson – Anthony Westcott

Texto y Photo: Gabriel Pérez Mardones

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