En política no existen los milagros, pero…

por Marcelo Contreras

Pero sí las sorpresas. En verdad, sería una gran sorpresa que Jeannette Jara ganara la elección, pero no es del todo imposible. Difícil pero no imposible, bastaría que uno de cada dos personas que votaron por algunos de los candidatos (a) que no pasaron a segunda vuelta optara hacerlo por la postulante del progresismo. Por último, como un mal menor frente a la posibilidad que un candidato de la ultraderecha llegue a La Moneda.

José Antonio Kast ha logrado agrupar no tan solo al conjunto de la derecha tras su candidatura, sino también a la mayoría de los disminuídos demócratas y amarillos, que no dudaron en posar junto al candidato republicano (con sensibles ausencias, como la del senador Matías Walker), sosteniendo que no se trataba de izquierdas o derechas, sino de Chile. A ellos se sumó el expresidente Eduardo Frei (que, como dicen los franceses, se perdió la gran oportunidad de quedarse callado). No es mucho lo que puede agregar electoralmente y no constituye precisamente una sorpresa. Desde hace bastante tiempo, el ex mandatario había dado claras señales de rechazo a la candidata que milita en el PC, con criticas muy severas a su partido (“arrastrando el poncho” como describiera el senador Francisco Huenchumilla), sin que haya tomado la decisión de renunciar, tal como lo hicieran algunos de los militantes que no compartían la línea política aprobada por amplia mayoría, de ratificar domicilio en la centro izquierda y apoyar a la candidata del progresismo como su opción presidencial.

La directiva acordó pasar los antecedentes al Tribunal Supremo, que resolvió congelar la militancia del exmandatario, a la espera de una resolución definitiva, que podría terminar con su expulsión. No son pocos los exmilitantes que han criticado esa decisión, afirmando que no hubo un apoyo tan explícito en aquel encuentro del exmandatario con José Antonio Kast, pero eso no pasa de ser una leguleyada. En su propio comunicado, el exmandatario admitió que habrían llegado a importantes consensos respecto de la situación que vive el país y lo que se requiere a futuro. Más claro, imposible.

En verdad, el tema tiene más relevancia en el terreno político que en el plano electoral. Tras la última ruptura, que dio origen a demócratas, muchos pensaron que sería una crisis terminal para un partido que fuera fuerza mayoritaria a partir de los años 60. Sin embargo, el PDC salió relativamente fortalecido de la pasada elección parlamentaria, en donde logró elegir dos senadores (al que se suma el senador Iván Flores que se mantiene por otros cuatro años) y ocho diputados, lo que lo convierte en una fuerza relevante en el área del progresismo. Ello contrasta con el muy modesto desempeño electoral de aquella disidencia (que tan sólo logró elegir a una diputada) y que obliga a su disolución. 

La decisión del PDG

Mediante una hermética consulta interna (cuyo universo no se hizo público), el PDG optó por votar nulo o en blanco en esta segunda ronda, resolución aprobada por el 78 % de los consultados, donde un 20% se habría manifestado por apoyar al aspirante republicano y tan sólo un 2 % por la candidata del progresismo, siempre pensando en la alternativa de Franco Parisi el 2030. En verdad, una opción más que riesgosa en la alternativa que el número de votos blancos y nulos no supere la cantidad de sufragios alcanzada por Parisi en primera vuelta. Y cuatro años pasan rápido, pero pueden ser una eternidad en política.

Es más que evidente que el PDG no controla los dos millones y medio de votos alcanzados por Parisi en primera ronda y que muchos de estos votantes optarán por una de las dos opciones que compiten en esta segunda vuelta. No por nada ambos candidatos han centrado sus esfuerzos para captar a la mayoría de esos votantes. Como es igualmente evidente que el voto nulo o blanco tiende a favorecer la opción del aspirante de la ultraderecha.

Ya se visualizan tensiones internas. La recientemente reelecta diputada Pamela Jiles, esta vez por el PDG, luego de haber renunciado a Acción Humanista (antes militó en el PC), demandó que se diera a conocer el número de militantes que participó en la consulta interna. Pretensión que la cúpula partidaria encabezada por Rodrigo Vattuone rechazó de plano, afirmando que “las decisiones estratégicas las tomo yo con la directiva”. Esa tensión puede ir in crescendo a partir del protagonismo que busca la diputada Jiles (empoderada por su reciente alta votación) al interior de su nuevo partido, en desmedro del rol de su directiva. Ya declaró que le haría la vida imposible a Kast en el caso de llegar a La Moneda y todo indica que no se quedará en el empeño.

Jeannette Jara en los días decisivos

Jeannette Jara no tiene más alternativas que jugarse el todo por el todo en la recta final de la campaña. Salir a enfrentar al candidato de la derecha y buscar ampliar su convocatoria hacia sectores menos politizados, enfatizando que representa a una coalición amplia, que va desde la DC hasta el PC, con un programa moderado y realista, lejos de toda ambición refundacional, que buscará implementar a través del diálogo y la búsqueda de acuerdos, intentado demostrar que, lejos de caerse a pedazos, Chile puede potenciar un liderazgo en la región, sustentado en cifras y proyecciones que desconoce y manipula mediáticamente la candidatura de Kast.

A estas alturas es muy dudoso que los esfuerzos por tomar distancia del gobierno le reporten algún rédito electoral. Es más que evidente que no puede representar un mero continuismo, pero sí una proyección futura. No tan sólo del actual gobierno, sino también de las sucesivas administraciones de signo progresista que ha tenido el país en los últimos treinta años. Y para ello cuenta con el aval del expresidente Lagos y de Michelle Bachelet, además del presidente Boric, que ha mantenido un sólido 30 % de apoyo en sus casi cuatro años de gestión.

Quedan muy pocos días de campaña. La nueva franja televisiva se inició el pasado domingo y aún resta el último foro televisivo en que los dos candidatos están comprometidos a participar. Es difícil que dichos eventos puedan mover la ajuga muy significativamente, a menos que surjan imprevistos y que la candidata del progresismo logre desnudar más nítidamente las obvias debilidades y falencias del candidato de las derechas, tanto en el plano programático (con propuestas económicas del todo inviables), como en lo valórico, social y el ámbito de los derechos humanos, que Kast elude porfiadamente.

Las aprehensiones de la derecha frente a un eventual triunfo de José Antonio Kast

Al igual que los agentes del mercado, la derecha tiene plenamente internalizada una inminente victoria de su candidato, por una diferencia de más de 20 puntos, como predicen algunas encuestas. Pero esa euforia no está exenta de aprehensiones respecto del tipo de gobierno que podría encabezar. Pablo Longueira, el expresidente de la UDI, ha insistido en la necesidad de una amplia coalición de toda la derecha, que vaya desde republicanos hasta demócratas y amarillos, pasando por libertarios, socialcristianos y, por cierto, Chile Vamos. Pero no es una articulación fácil de materializar. Subsisten marcadas diferencias entre sus distintos componentes. Desde luego, entre republicanos y libertarios, como se demuestra en el tibio apoyo de Kaiser esta segunda vuelta; con claras diferencias entre Chile Vamos y la ultraderecha (partiendo por Evopoli y RN). Y, aunque ya es marginal, la distancia del senador Walker complica la eventual incidencia de Rincón. 

Así, todo apunta a una difícil convivencia por conveniencia entre los diversos sectores que se han plegado a la opción de José Antonio Kast. Una convivencia más que precaria, unida por un anquilosado anticomunismo, con fuertes disputas por la hegemonía, que se pondrá a dura prueba no tan sólo en la conformación de un eventual gobierno del candidato republicano, en donde los diversos partidos han demandado estar debidamente representados. ¿Quiénes serían eventuales ministros? ¿A Johannnes Kaiser le interesaría la cartera de Interior o Seguridad ¿Jorge Quiroz asumiría el ministerio de Hacienda? ¿Quién sería el ministro de Relaciones exteriores? ¿Cuántos ministerios asumiría Chile Vamos? ¿Habría un ministerio reservado a Ximena Rincón como premio de consuelo? Son todas interrogantes especulativas que hoy circulan al interior de las derechas.

No será un dato menor lo que suceda en el próximo parlamento, en donde la derecha no tiene la mayoría a que aspiraba y cualquiera sea el gobierno que resulte electo, estará obligado a negociar. Una tarea para la cual José Antonio Kast, a diferencia de lo que sucede con Jeannette Jara, no está básicamente preparado, tal como lo afirmara Carolina Tohá. El PDG, con su confusa pero relevante representación parlamentaria, buscará asumir un rol de bisagra entre el gobierno y la oposición. Y no son pocos los parlamentarios de Chile Vamos que pretenden jugar un rol similar. No así los parlamentarios libertarios o socialcristianos, refractarios al diálogo y partidarios de la confrontación. Por su parte, José Antonio Kast ha insinuado que podría saltarse al parlamento, apelando a sus potestades presidenciales. Pero esa es una vía muy estrecha y riesgosa.

De igual manera, la suerte de un eventual gobierno de Kast se jugaría inicialmente en el empeño por cumplir sus controversiales propuestas de campaña (como expulsar a 330.000 inmigrantes ilegales, reducir en 6.000 millones de dólares el presupuesto fiscal en 18 meses, bajar los impuestos y despedir a más de 100.000 funcionarios públicos), además de indultar a los presos del ex Punta Peuco (cuyos delitos de lesa humanidad por los cuales están condenados son imprescriptibles e inadmistiables, según tratados internacionales suscritos por nuestro país), terminar con el auto préstamo para financiar la reforma previsional, cerrar el INDH y el Comité de búsqueda de detenidos desaparecidos. ¿O privatizar TVN? Puestas en línea, iniciativas propicias para animar una resistencia social, que no pocos asimilan al riesgo de un estallido.

Así la pretendida administración del republicano está lejos de garantizar gobernabilidad y paz social, tal como temen diversos sectores empresariales y amplios círculos de derecha, que aspiran que un eventual gobierno de derecha tenga un perfil más bien moderado y dialogante, algo así como una versión renovada del gobierno de Sebastián Piñera  (del cual Kast se declaró opositor), muy lejos del perfil que hasta ahora ha mostrado el candidato republicano, pese a recibir el apoyo de la familia del difunto exmandatario y el de Eduardo Frei Ruiz Tagle.

Chile enfrenta una muy relevante disyuntiva en esta segunda vuelta. Al contrario de Jeannette Jara, que representa un camino conocido y previsible, José Antonio Kast encarna una opción con sendero más que incierto. La inédita de una ultraderecha en La Moneda, por votación ciudadana. Mas de quince millones de chilenos decidirán entre estas dos opciones y tendrán cuatro años para congratularse o arrepentirse.

También te puede interesar

1 comment

Leopoldo Letelier diciembre 4, 2025 - 5:52 pm

Es un análisis voluntarista. No aporta una reflexión rigurosa que facilite obtener conclusiones desde los factores objetivos. Basar el análisis en factores especulativos como el artículo mismo lo explícita no concita dialogar sobre esas bases.

Reply

Deja un comentario