En la actualidad los relatos y estrategias comunicacionales de las derechas nacionales convergen en la demonización y desautorización de sus adversarios asociándolos a un grupo peculiar, los octubristas, es decir, un conjunto de personas a las cuales se les imputan poco compromiso democrático, así como también justificar la violencia como herramienta política y odiar las instituciones uniformadas, por decir solo algunas de las características atribuidas por ellos a este singular grupo. Debido a lo anterior, esta columna busca ofrecer algunas luces sobre el concepto y acotaciones que llaman a su renovación, revitalización y/o regeneración para un mejor y más fructífero debate público entre conciudadanos.
Dentro de las múltiples formas de abordar el octubrismo desde la academia, propongo que se analice como Concepto Esencialmente Disputado (CED) o Significante Vacío (SV), dos conceptos que a su vez provienen de la Filosofía Analítica del Lenguaje y la Teoría Política Discursiva (postmarxista/postestructuralista), siendo desarrollados en los trabajos de W. B. Gallie y Ernesto Laclau en sus campos respectivos.
Antes de este sucinto análisis como CED o SV es imperativo comprender que el octubrismo es un fenómeno histórico, social y político en el cual el pueblo manifestó sus necesidades y aspiraciones de diversas formas. Históricamente se extiende desde el 18 de octubre de 2019 al 4 de septiembre de 2022, no se agota ni limita solo al Estallido Social, sino que convive a la pandemia del COVID, el primer proceso constituyente, el de la Convención Constitucional, y el inicio de la administración Boric. Socialmente las demandas que expresaba la ciudadanía correspondían, de acuerdo al Centro de Estudios Públicos a diciembre de 2019, a salud, educación, delincuencia, corrupción, desigualdad, empleo, pobreza, derechos humanos y reforma constitucional. Políticamente es más complejo, como la historia reciente nacional, porque desde el inicio demanda la renuncia del presidente Piñera, ejemplo excelente de lo que Abraham Lincoln señalara en 1861 al decir que “este país, así como sus instituciones, pertenece al pueblo que lo habita, y cuando éste crea que el gobierno existente no es lo bastante bueno, puede modificarlo en virtud de su derecho constitucional, aun cuando para ello tenga que apelar a la revolución”, si bien no vivimos una revolución, un progreso logrado a raíz de la revuelta fue el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, momento que distinguiría al actual mandatario, esperanzaría a la gran mayoría del pueblo y despertara profundas pulsiones negativas en la poderosa y rica minoría controladora de la nación.

En razón de lo anterior, el octubrismo en tanto CED cuenta con un núcleo normativo permanente a raíz del cual se pueden generar interpretaciones rivales, en cambio como SV cuenta con un vacío de significado estable que permite significados múltiples, en otras palabras, en el octubrismo conviven interpretaciones opuestas en base los mismos hechos, por ejemplo, se puede ver en él tanto la expresión de la voluntad popular expresada en manifestaciones masivas y simultaneas en todo el país demandando cambios políticos, económicos y sociales estructurales, como también la amenaza de inestabilidad de un estatus quo dado por sentado por casi todo el espectro político desde 1990 a 2019. Así como puede significar cosas muy disimiles, como progreso y desarrollo equitativo e inclusivo de todas las naciones y minorías existentes en el territorio nacional, así como también la perdida de seguridades jurídicas que afectan patrimonios formalmente legítimos de cierta clase social minoritaria.

Recientemente el octubrismo ha sido utilizado como un calificativo peyorativo, por José Kast Adriasola –hijo de José Kast Rist candidato a presidente y fundador del Partido Republicano (discípulo de Jaime Guzmán, colaborador civil de la dictadura e ideólogo de la actual constitución), nieto de Michael Kast militante del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (partido de Adolf Hitler, Führer del Tercer Reich o Alemania Nazi)– quien señaló en Radio Agricultura que “volviendo a los refranes, “dime con quien andas y te diré quién eres”, el Partido Comunista recibió a Gustavo Gatica, icono del octubrismo, lo que nos dice que finalmente no creen tanto en la seguridad, no creen tanto en la institucionalidad, entonces este personaje que han ido construyendo alrededor de Jannette Jara se cae por las personas que la acompañan”. Habiendo hecho esa sucinta genealogía puede uno señalar otros refranes como “de tal palo, tal astilla” o “la manzana nunca cae lejos del árbol”. Lo señalado por Kast nos permite dos breves análisis tangenciales.
Primero, podemos recoger desde la psicología el concepto de proyección, según el cual frases como la precedente se formulan como mecanismo de defensa en el cual identificó en otros características propias, o en este caso familiares, porque es innegable que la persona que no cree en la seguridad ni en la institucionalidad es su padre, no Gustavo Gatica ni Jeannette Jara, porque fue él quien se ausentó de la citación a la Comisión Investigadora de la Cámara sobre robos de cables de cobre debido a que el cabecilla era militante activo de su partido político, así como también fue él quien declaró “el Congreso es importante, pero no tan relevante como ustedes imaginan” dejando en evidencia su latente y profundo autoritarismo, en esencia antidemocrático, que nos recuerda momentos y experiencias inenarrables por su inhumanidad, como la dictadura civil-militar que él buscó perpetuar en la campaña del “Sí” en 1988.
Segundo, nos permite deslumbrar su percepción sobre dichas personas, a Gustavo Gatica como icono y a Jeannette Jara como personaje. Reducir a Gatica a un icono es exfoliar su experiencia vital de contexto histórico y político en el cual algo le causaron, porque lo que en realidad sucede con él, haber sido cegado por un agente del Estado, es más un símbolo o emblema que representa lo que cientos, sino miles de personas tuvieron que sobrevivir producto de la represión Estatal durante el Estallido Social. Tal como menospreciar a Jeannette Jara al denominarla personaje solo reafirma un profundo clasismo, junto a un palpable anticomunismo, en el cual no se le ve como una persona que en igualdad de derecho y oportunidades presenta propuestas de gobierno a la nación, privándola también de su propia historia de progreso personal, siendo también emblema o símbolo de la meritocracia.

Todo lo anterior se ve envuelto en la narrativa política de Republicanos en la cual “Chile se cae a pedazos” debido al “Estallido Delictual”, en la cual se reduce el octubrismo a violencia, incendios de iglesias o metros, saqueos de negocios y locales, además de destrucción de propiedad pública y privada. Esta miope mirada del fenómeno excluye hechos como la Marcha Más Grande, en donde más de un millón de personas desbordaron pacíficamente la Alameda y sus alrededores, el 25 de octubre de 2019. Hechos como aquel son los que debe hacer propio un octubrismo renovado, en el cual la manifestación popular oxigene un impulso de transformación estructural tan dilatado por debates estériles, como el que impulsa José Kast Adriasola con su declaración deshumanizante y caricaturesca, que buscan desviar la atención pública de las acciones de su padre y líder. Esto sobre todo porque no ha de olvidarse nunca que el octubrismo nace desde el descontento popular, pero se curte y forja con las masivas, generalizadas y sistemáticas violaciones de derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad, que, entre otras atrocidades, cegaron a Gustavo Gatica y Fabiola Campillai, ella ha buscado contribuir al país desde 2022 en el Senado como víctima. Gustavo Gatica ha tomado un camino más largo, siendo cegado durante sus estudios universitarios decidió terminarlos y desempeñar su profesión, la psicología, en sectores vulnerables generalmente excluidos, en una Unidad de Víctimas.
Gatica ha sido claro en los pilares fundamentales de su candidatura para representar a sus coterráneos del distrito 8, siendo estos la discapacidad, la salud mental y los derechos humanos, sabiendo que estos se relacionan profundamente con la solidaridad, los cuidados y la democracia en sus ejercicio más profundo y efectivo. Porque si bien la seguridad pública es elemental para la práctica de cualquier otro derecho, también la seguridad económica y social son protecciones que los habitantes deben exigir. Y, sobre todo, seguridad nunca al precio de la libertad y garantías mínimas de cualquier sociedad moderna, sino que en un sano equilibrio y armonía que funde el progreso y desarrollo de la nación.
Su propuesta sin lugar a dudas plasma las mejores aspiraciones de una candidatura o liderazgo octubrista, dejando este de ser un término negativo, sino que demostrándose, por medio de los hechos, su cara más empática y representativa de la porfiada esperanza del pueblo chileno, que como expresara el compañero presidente Salvador Allende en sus palabras inmortales hace 55 años, “piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria”. Su candidatura, en tanto emblema y símbolo, tiene pasión y cariño, los cuales se funden con el profesionalismo y responsabilidad propias de quien merece acceder al poder para contribuir a hacer más justa la vida en nuestra patria.