No sé si Jeannette Jara, la candidata de centro izquierda chilena, ganará las elecciones presidenciales; pero lo que sí se; es que está ganando.
También sé que hay varios que están perdiendo.
Por de pronto pierden los agoreros que presagiaban un final con dos candidatos de derecha. Ya nadie ve esa posibilidad apocalíptica.
De igual forma pierden los que como en otras ocasiones le dictan al pueblo lo que debe hacer; “Si votas así no podrán ganar en segunda vuelta”, “esta no porque es comunista”, “la derecha económica jamás permitirá” y, varios etcéteras más.
Como si quisieran complacerme especialmente perdieron varios de los economistas WC (léase economistas proconsenso de Washington) que llevan imponiendo durante décadas la visión única y dogmática de las recetas neoliberales para la sustentabilidad del modelo económico.
Perdió -como en esta humilde tribuna se había presagiado- la estrategia errática de la eterna candidata derechista, prisionera de sus impulsos, de erráticos pensamientos y vacilantes estrategias que en el vendaval de la jaraneta se fue desplazando a un incómodo tercer lugar. Incómodo, sorpresivo, después de liderar las encuestas por más de un año. Que se las juraba y rejuraba. Mal camino.

Perdieron los programas mañaneros que machaconamente una y otra vez, una y otra vez proclamaron a través de sus morbosos programas que Chile era derechista, que necesitábamos un Bukele, un Milei, un Trump criollo con pocas ideas y mucha fuerza bruta y tras un programa del tamaño del Tick-tok enrielara a un pueblo incorregible a fuerza de insultos, chantaje y represión. Y menos Derechos Humanos y otras mariconadas izquierdistas.
Perdieron, por supuesto, los que ayer revolucionarios y progresistas, visten ahora el traje de los defensores del mercado (que en Chile rima con Supermercado) y tras una pretendida defensoría del centro político, mostraron, nuevamente, que pesan menos que un paquete de cabritas, como sus falsos arrepentimientos.
Obviamente perdieron los medios y no diré los medios de derecha porque en Chile son sinónimos. Toda la prensa gráfica lo es. Y ellos son los que proclaman los apotegmas anticomunistas en la forma y antidemocráticos en el fondo.
Al parecer el pueblo empieza a comprender que esos apotegmas son solo lentejas: los tomas o los dejas. Y los van dejando.
Hay como siempre en este tipo de escenarios, ganadores y perdedores grandes y pequeños.
Entre los perdedores chicos están aquellos viejos concertacionistas que pretendían reconocer predestinados al poder. Y aquí de predestinados nada. Y si algo ha cambiado es precisamente eso: ya no hay vacas sagradas, intocables ni vestales protegidas por la casta sacerdotal.
Esta fue una gran derrota para los que mediante bots, y todas las formas de inteligencia artificial, apoyándose en la industria de la mentira, buscan distorsionar las visiones de la realidad para imponer las mentiras dolosas sobre la candidata y sus apoyos.

Para que ignorar que entre los derrotados estuvieron varios de sus propios compañeros. Y no porque quisieran que la candidata fuese derrotada. No. De eso no se trata. Más bien, la cuestión es la expectativa felizmente frustrada de que la candidata diera un triunfo al Partido Comunista y sus cegueras políticas que le habrían dado una victoria táctica y una derrota asegurada en segunda vuelta. Y todo ello para nada: Cuba y Venezuela no son, como antaño fueron, la Revolución Cubana o Vietnam, un ejemplo para las luchas de las generaciones más jóvenes.
La mejor noticia y el mejor regalo de Jeannette es que se despeja la contienda de cualquier privilegio o diferencias de entrada: Nadie tiene ventajas. Que gane el más mejol como diría nuestro Leonel Sánchez.
Esta elección no trata de premio simpatía, ni de reconocimientos a características secundarias de los candidatos. Excepto en una cosa: Jeannette es simpática, a veces irónica, incluso divertida, pero eso no la hace especial sino completa y total. Quiero decir que así son las mujeres chilenas auténticamente líderes. Hablan desde sus ojos negros, cuestionan con una sonrisa, ironizan a los que se muestran agresivos y validan sus argumentos con las experiencias de su vida, que relatan sin complejos ni poses.
Y tienen una especial inclinación en cumplir sus promesas. Mienten, por lo general, menos que los hombres. Y como les ha costado tanto, se preparan mejor que ellos.
Trump, Bolsonaro, Milei, Bukele son más simples que un palo. Básicos como un plato de fideos. Predecibles como culebrón venezolano.

A eso juega ser Kaiser y le sale más o menos. También J. A. Kast, aunque a éste, más menos que más.
Lo que sí les sale bien a los dos ultraderechistas, es el alemán racista, clasista, y discriminador de los colegios cuicos.
Y por eso se sienten cómodos con las actitudes prepotentes como aquel que me tiró el auto encima en Frutillar porque no lo dejé colarse en una bencinera.
Porque se creen eso; son así.
El problema es que tienen poco que ofrecer: mucho palo a cambio de unas poquitas zanahorias. Y ya se lo han comido casi todo: se comieron las pensiones y dejaron unas pocas migajas; se comieron las ISAPRESsalvadas con la complicidad de parlamentarios arreglines, aunque quedó palpitando la sangre caliente de un inocente tirado en la cuneta: El juez Muñoz, que las había castigado como la ley ordenaba.
Queda poco y acaso por eso no son pocas las generalidades: que si sacar pitutos del Estado; bajar impuestos; tirar unos pesitos a la PYMES (pesitos. No confundir con pedacitos de mercado que de eso ni hablar).
Y el resto: palos y más palos.
¿A quién? Pues, a los mismos de siempre: venezolanos, colombianos, peruanos, bolivianos, ecuatorianos, haitianos, etc. Aunque eso puede cambiar. Hay que ser flexibles. La vida cambia en lo que toca a perjudicar a los grupos más vulnerables.
Lo que no puede cambiar es respecto de los que se benefician: algunas decenas de familia que lo tienen todo y saben -porque en ello se les va la vida- que abrir las puertas que dice compartir puede ser fatal.

Esta contienda, pienso, que se dirimirá en el campo de las ideas, algo que tan poco valoraba mi venerado viejito alemán barbudo que escribía en la Gaceta Renana (no puedo decir su nombre porque mis amigos de siempre, hoy vejestoritos como yo, se pueden espantar y dejarme en el ostracismo).
Ahora las ideas parecen serlo todo o casi todo.
Y para ganar esa batalla hay que tener armas y las más eficiente de todas son las conversaciones. Verbales, escritas, por las redes, los medios, da igual.
El que domine las conversaciones domina las ideas y el que domine las ideas dominará el voto.
Unos y otros tienen lo suyo, pero ninguno de los dos lo tienen todo.
La centroizquierda, tiene, sin embargo, una candidata mujer en tanto que la candidata de la derecha se está desfondando.
Esta es una ventaja que la centro izquierda debe aprovechar. Porque no se puede ganar sin el voto de las mujeres, y ni Kast, ni Kaiser, representan a la mayoría de ellas. Ellos son, además, misóginos convictos y confesos.
Pero ya hemos visto que no basta con declararse feminista. Es preciso construir interpretaciones compartidas que se hagan cargo de sus preocupaciones concretas mediatas e inmediatas.
Ya no basta con los gestos y el estilo, aunque no cabe duda de que son importantes.
Las mujeres reclamarán ahora algo más que señales para todos.
Y eso Jeannette lo sabe. Y no solo porque es mujer, sino porque, en mi opinión, la perseverancia, es su mayor virtud, Solo los que se empeñan en superar las dificultades logran sus objetivos.

Y Chile tiene varios, como, por ejemplo, superar los niveles escandalosos de baja productividad. Algo que los economistas WC no consiguieron, ni conseguirán, porque entre otras cosas, no consideran la productividad de factores. O sea, la capacidad de producción de bienes y servicios se realice con mayor calidad, velocidad y menores costes considerando la totalidad de los factores que intervienen en ello. Y esto es algo que los economistas WC no pueden ni quieren hacer, porque para ellos bajar los costos solo pasa por pagar mal a los asalariados o que el Estado (¡oh El maldito Estado!) subsidie sus insumos rebajando impuestos, por ejemplo, al combustible. Además, la productividad pasa hoy por hoy principalmente por invertir en ciencia y tecnología e infraestructura. De lo primero, para la derecha, ni hablar; y de lo segundo tampoco.
La derecha, en este ámbito, no lo tiene bien. Porque escuchando a sus candidatos todo pasa por invertir la curva de crecimiento económico. Y esto se hace, según ellos, disminuyendo los impuestos pata incentivar la inversión. ¿Y de dónde salen los recursos para financiar un Estado cada vez más caro? Simple: despidiendo los funcionarios pitutos. O sea, aquellos que no tienen más mérito para ocupar esos puestos que ser operadores políticos. ¿Tantos son los funcionarios apitutados en Chile y tan altas sus remuneraciones que su desvinculación permitiría incidir en los equilibrios fiscales? ¿Han sacado bien las cuentas? Probablemente no; pero no importa. La economía es simple cuando se trata de conseguir votos.
Para los que afirman y critican la simpleza de los programas económicos de los partidos de la centroizquierda, les digo que para los de la derecha chilensis, hasta yo soy economista. Que es mucho decir.
Me encuentro otra vez, fuera de Chile. Miro a mi Chile desde afuera pero mi patria siempre está dentro de mí. Tengo dos nacionalidades, pero muchas patrias. Ahora amo las pequeñas ciudades, las costas, los ríos y las selvas. Me siento cómodo entre las comunidades pequeñas porque allí la cercanía de los seres humanos es mayor.
Veo a Chile con cariños y esperanza. Como dijo el inolvidable presidente Salvador Allende, Creo en Chile y su destino. Y desde esta mirada lejana y entrañablemente cercana, no veo el destino de Chile con gobiernos que se opongan al progreso. Si. Al progreso. A la prosperidad de los chilenos, o sea que cuando se dice que Chile crece ellos vean que su economía pobre de todos los días crece. Creo en la libertad y la democracia no en regímenes de terror y represión. Y como mi Fe no es negociable, aunque pierda todos los apoyos diré que nunca he creído en la pena de muerte ni en los que intentan restituirla. Veo el destino de Chile como el país que acoge, valora, y promueve la riqueza de los inmigrantes sin perjuicio de regular su entrada, estadía, y posibilidades con apego a las leyes. Veo el destino de Chile luchando unido contra el crimen organizado. Pero de verdad. No para perseguir a las poblas sino a los narcos, en sus guaridas. O sea, los bancos y empresas que los protegen. Con penas muy duras a los sicarios y más duras si pertenecen a instituciones armadas.

Y, en fin, me pongo a pensar con simplicidad y me pregunto si Chile merece un presidente con pelo rubio e ideas enrubiadas o, una mujer morena, e ideas morenizadas y la respuesta aparece como una imagen: A las 21:00 el último escrutinio ya es oficial. Se anuncia la victoria de la candidata y saco el coñac español regalado por mi padre, que, sin saberlo, sirvió de despedida. Lo bebo a tragos cortos y sonrío. Entonces, mi alma dice:
¡Felicitaciones!
Esta es tu hora,
Jeanette del alma mía.