La casa de entonces

por Juan Enrique Piedrabuena

Allá arriba en la colina,

 se dibuja la casa amarilla de entonces,

como nuestro paraíso sobre la tierra. 

Acodados en sus ventanales

 contemplábamos absortos:

el mar vestido de espuma,

un botecito a lo lejos,

una pareja en la playa,

cascos de caballos que corren.

La casa festejaba en primavera

 la visita de poetas peregrinos.

que jugaban con nosotros

a la chiflota, al bridge, a la canasta,

al punto y banca, al póker,

a la veintiuna, a “el perro colorado”.

 Vagabundos recitando poemas 

¡poetas jugando solitarios

contra la muerte!

Hojas amarillas caen arremolinadas,

 mariposas peregrinas se tambalean 

en el vaivén del viento,

un pajarillo que canta,

un mantel sobre el prado,

un canasto con empanadas.

Un casto humo azul cubre la tierra 

y en la casa allá en lo alto, 

¡una doncella divaga!

La tarde se recuesta entre los cerros,

con la soledad de los pájaros

y me pregunto donde estarán

las bellas muchachas que bailaban con nosotros

al ritmo del Cha cha chá.

Ahora un gran silencio invade

la casa abandonada allá en lo alto de la colina,

mientras,

¡el otoño de nuestras vidas, avanza!

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