Hubo mucho de patético en la última reunión de la OTAN celebrada en La Haya los pasados 24 y 25 de junio recién pasados. En el fondo y en la forma. En la forma porque se coló el mensaje privado (que Trumpno tuvo empacho en hacer público) que el Secretario General de la OTAN, el holandés Mark Rutte, le envió al presidente norteamericano diciéndole: Vuelas hacia otro gran éxito en La Haya (…) No ha sido fácil, pero hemos conseguido que todos firmen el 5%…agregando a ese mensaje de la aplicación comercial SIGNAL considerado de alta seguridad, Europa va a pagar a lo GRANDE, como debería, y será tu victoria.
El alto representante de la Alianza Atlántica usó las mayúsculas para resaltar las adulaciones. Esas que tanto complacen al presidente estadounidense.
El texto que fue reeenviado infinitamente por las redes en otros tiempos habría constituido un auténtico manjar hasta para los más desprevenidos periodistas. Pero en la Europa actual, sometida y dependiente, la escandalosa filtración si bien no pasó inadvertida gravitó muy poco en el ambiente de la reunión.
El razonamiento de fondo, que se resumía en la exigencia de EEUU a sus socios europeos no tenía nada de novedoso: Si la OTAN es una alianza que representa a una comunidad de naciones que tienen en común la necesidad de una defensa colectiva frente a las amenazas de otras alianzas militares que constituyen un peligro para los sistemas políticos y de valores con los que se autoidentifican y que se consideran los del pensamiento occidental, resulta lógico considerar que su financiamiento debe involucrar a todos desigual pero proporcionalmente. El problema es que esa pretendida igualdad es solo aparente: El liderazgo norteamericano jamás consideró que la OTAN fuese una relación de primus inter pares como tampoco lo era su antípoda el PACTO DE VARSOVIA, donde otrora el liderazgo de la URSS era igualmente incontrastable. Y no hay que olvidar que los mencionados pactos se entienden casi exclusivamente en el contexto histórico de la Guerra Fría, o sea, el enfrentamiento entre las experiencias socialistas y capitalistas, entre las naciones que se agruparon a uno u otro lado de la denominada Cortina de Hierro.

Caído el muro de Berlín y disuelto el Pacto de Varsovia la Alianza Atlántica tenía mucho de personajes en busca de autor. Hasta que V. Putin, con los mejores argumentos de la Guerra Fría, invadió a la Ucrania pro unionista y pro OTAN pretextando que su acercamiento a los países occidentales representaba un peligro inminente para la seguridad de sus fronteras. Todo se complicó, después, cuando Ucrania decidió resistir y el desfile militar que el líder ruso presagiaba se fue convirtiendo en un desfile de bolsas de cadáveres de soldados rusos muertos en combate. Y después de tres años de guerra, aunque por una cuestión de tamaño Rusia termine imponiéndose militarmente, el costo en recursos militares y vidas humanas (incluidas, entre ellas, las de soldados de Corea del Norte) deja en mal pie a las Fuerzas Armadas rusas en el plano de una guerra convencional. También la resistencia de los ucranios complicó las cosas para los países europeos, Reino Unido entre ellas. En poco tiempo, tuvieron que suministrar una enorme cantidad de municiones, equipo militar, armas, especialmente artillería misilística, así como bases de entrenamiento para equipar a los ucranios con armamento occidental. El Reino Unido, se hizo cargo del apoyo de inteligencia, sin duda un aporte fundamental mientras que Alemania lo hacía con tanques y Francia con aviación. Todo ello representa obviamente un costo no menor, especialmente desde que los países europeos empezaron a comprometer en el curso de la guerra su propio stock de armas, equipo y municiones.
Pero es EEUU, el que tuvo que soportar, como se suponía el peso de la guerra. Hasta ahora, el país del Norte lleva gastado la friolera de US 350.000 millones. Además, comprometió una ayuda de 183.000 millones más, de los cuales ya se han adelantado 140.000 millones. Después de Estados Unidos, y por ese orden, Alemania, Inglaterra y Francia son hasta ahora los mayores contribuyentes al financiamiento de la guerra.

Nadie desconoce que todo lo que hace Trump, en cualquier ámbito, lo hace mirando la reacción que sus votantes tienen de sus medidas. Por eso debe conciliar, a veces, lo inconciliable: apoyar a Ucrania sin forzar un gasto militar que lleve al desequilibrado presupuesto de Estados Unidos a un endeudamiento mayor. De allí su discurso provocativo: si no ayudan a defender su continente, tendrán que defenderse solos.
Por eso, en esta difícil coyuntura, con Donald Trump, actuando, como cowboy en su estancia ganadera, y los países europeos mostrando un comportamiento indigno y servil, destaca aún más la actitud clara, independiente y soberana del presidente español Pedro Sánchez que se enfrentó prácticamente solo frente al presidente de EEUU Donald Trump, resistiendo a la imposición de este último de elevar al 5 por ciento del PIB de todos y cada uno de los países miembros su contribución a la OTAN.

Las razones esgrimidas por el líder español eran sólidas pero inesperadas para una reunión de esta clase: Dicho con las propias palabras de Sánchez: Si hubiéramos aceptado el 5%, España tendría que destinar, hasta el 2035, 300.000 millones de euros extra a defensa. ¿De dónde saldrían? De recortes en sanidad y educación. Lo que tengo claro, escuchando al líder de la oposición, es que, si hoy hubiera aquí otro presidente, España habría firmado el 5% en defensa, y eso sería un absoluto error para España y por eso no lo hemos hecho. Hemos decidido ir por la vía de las capacidades. Más claro agua y en botella.
En España se es consciente que un aporte de esta magnitud comprometería directamente el estado bienestar algo que los socialistas y sus socios no estarían dispuestos a sacrificar, menos aun cuando el fantasma de las elecciones generales empieza a volar bajo.
Pedro Sánchez, en la actual coyuntura europea, no solo es un guerrero que lucha prácticamente solo contra el gran imperio del Norte, es también el único que representa la oposición o la resistencia frente a una ola reaccionaria contra los derechos de las mujeres, de las personas LBGTI, y por supuesto, los inmigrantes.
Trump no es responsable de la derechización de Europa, eso es cierto. Mas bien llega cómodo a una fiesta que ya estaba encendida. La fiesta de degradación del respeto por los Derechos Humanos, o sea, por aquello que es la gran conquista y símbolo de Europa desde que en la Revolución Francesa se aprobó la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano. Estoy de acuerdo con los que afirman que sin esto Europa no es más que un puñado de países con un mercado que pugna por arañar un pedazo de la torta de los ingresos mundiales.
Es cierto, sin embargo, que la cuestión del financiamiento de la OTAN viene de largo. Y desde luego, de un tiempo muy anterior al de la segunda venida del mesías norteamericano. Pero no solo viene de largo la cuestión de los aportes europeos al financiamiento de la alianza atlántica sino también la cuestión de la hegemonía de USA en su dirección estratégica.

Recordemos, al respecto, que al presidente De Gaulle le molestaba esta hegemonía norteamericana especialmente. Al punto de que en el año 1966 el histórico líder de francés decidió retirar a Francia de la dirección estratégica de la OTAN si bien no de la Alianza misma.
Finalmente, lo que verdaderamente ha cambiado en la actual coyuntura son dos cosas: la invasión de Ucrania por la Rusia de Putin, la resistencia de Ucrania, y la prolongación de una guerra que ya alcanza los tres años, en suelo europeo, y el apoyo de la Unión Europea y los estados atlantistas a la nación invadida, como también ha cambiado que el presidente norteamericano ha conseguido encerrar la conversación de la contribución europea a la defensa de Europa en un guarismo del PIB.
España ha dicho, y en esto según la mayoría de los economistas no le falta razón, que poner una cifra concreta del PIB es el peor modo de enfrentar un gasto militar futuro. Porque tal fórmula implica poner la carreta delante de los bueyes: primero habría que definir el objeto, los propósitos, y el Plan Estratégico Militar europeo para posteriormente, definir sus medios de financiamiento. Esto no es solo lógico metodológicamente desde un punto de vista de la asignación de recursos en el análisis macroeconómico, sino además práctico y realista.

Un detalle: hay socios de gran importancia que no están en condiciones de afrontar ese gasto y se sabe: estamos hablando de Italia, entre otros. Porque este país está en mucho peores condiciones de enfrentar el incremento de ese gasto que España. Pero a Meloni le da igual. Prefiere indolentemente tirar la pelota para adelante. Luego ya veremos. Hay que apoyar a Trump se adivina que se dice.
Además, y esto es fundamental, la situación y actitud política de los países unionistas no es igual. Por supuesto, se comprende la posición ultra atlantista de Polonia y los países de los Balcanes, especialmente Estonia, porque éstos son los primeros y directamente comprometidos en una agresión directa de la Federación Rusa. Polonia ya es, de hecho, una víctima de la agresión rusa, con millones de ucranianos inmigrantes en su territorio.
Por otra parte, y respecto de los países que, no perteneciendo a los Balcanes se muestran más entusiastas en aprobar la regla del 5 por ciento del PIB se encuentran el Reino Unido, Alemania y Franciaque son los mayores proveedores de armas en Europa después de Estados Unidos. Se comprende entonces su interés directo en apoyar el armamentismo atlántico.
En realidad, en el contexto militar europeo hay un equilibrio dado por las posibilidades residuales de sus dos antípodas. Por parte de los países de la OTAN existe la determinada en la cláusula 5ª del Pacto, y según el cual la agresión militar a cualquiera de los estados miembros de la Alianza supone una agresión a todos los demás. Y por parte de Rusia está el hecho asumido por todos de ser una de las potencias que junto a Estados Unidos cuenta con los mayores arsenales nucleares del mundo.
Por último, no hay que olvidar que Europa se encuentra -quiera o no- envuelta en varios ejes de conflictos mundiales cuyas situaciones y posiciones los desordenan y dividen: El eje de los conflictos en la guerra de Ucrania, como se ha visto. Aquí Europa está directamente involucrada, por cuanto Ucrania pertenece al continente. Sin embargo, no todos los estados miembros de la Unión Europea tienen la misma actitud frente al enemigo, es decir, la Rusia de Putin. Mientras Polonia y los países de los Balcanes están a la vanguardia del enfrentamiento y las posiciones más hostiles, el presidente de Hungría Víctor Orbán suele oponerse a incrementar las sanciones a la Federación Rusa. Está también el eje de los conflictos en el medio oriente, destacándose la actitud de países como España y Portugal liderando las sanciones y las críticas al genocidio perpetrado en Gaza por Israel y la actitud benevolente y contemporizadora de Alemania junto a otros países centroeuropeos. De igual modo, Europa debe hacer frente a los conflictos en el área del Sahel en Africa donde los intereses de Francia están directamente comprometidos frente al distanciamiento que muestran los países del norte de Europa. Y, por último, está, aunque mucho más distante, los conflictos de Taiwan con la China Continental pero que, en la medida en que compromete las posiciones geoestratégicas de EEUU no puede desentenderse totalmente.

Sin embargo y sin perjuicio de las consideraciones anteriores hay dilemas que Europa arrastra históricamente y tocan ya las campanas para decidir: Europa debe conquistar autonomía en todos los ámbitos. Esto incluye lo militar y no solo por la cuestión de su financiamiento. Salir gradualmente de la órbita de la OTAN es, sin duda, el mejor camino. Porque es muy distinto un apoyo Atlantista que la hegemonía estratégico militar de EEUU e INGLATERRA en Europa.
Lamentablemente en la Europa de estos tiempos, bajo el dominio de las políticas trumpistas es probable que Europa siga siendo esa Europa sometida a los norteamericanos que, a De Gaulle, tanto le molestaba.