La icónica imagen de un genocida después de medio siglo.

por Frank Kotermann
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Pronto a cumplirse los 50 años del acierto fotográfico del neerlandés Chas Gerretsen, esta imagen del entonces debutante dictador – cuyos restos fueron finalmente cremados y sus cenizas trasladadas a la parcela familiar de Los Boldos, evitando eventuales profanaciones – se ha transformado en emblemática y provoca polémicas que involucran actualmente al propio fotógrafo.

Al momento de difundirse esta fotografía tomada el 18 de septiembre de 1973, durante el tedeum realizado en la antigua iglesia de la Gratitud Nacional, los admiradores y adherentes de la que continúan denominando gesta heroica del 11 de septiembre valoraron la fortaleza implacable que registró Gerretsen. La propia Lucía, esposa del tirano, que alentaba su implacable bestialidad para borrar la imagen de vacilante que le había imputado en los días previos, aplaudió inicialmente la pose brutal de Augusto José Ramón.

Pronto a cumplirse los 50 años del aserto fotográfico del neerlandés Chas Gerretsen, esta imagen del entonces debutante dictador – cuyos restos fueron finalmente cremados y sus cenizas trasladadas a la parcela familiar de Los Boldos, evitando eventuales profanaciones – se ha transformado en emblemática y provoca polémicas que involucran actualmente al propio fotógrafo.

Así para partidarios y detractores del genocida, la fotografía de Chas Gerretsen se fue transformando en un símbolo icónico que ha traspasado el acontecer y herencia de una traumática historia que continúa incidiendo en las vivencias de millones de hombres y mujeres después de medio siglo.

No son pocos los que desconociendo las circunstancias del registro fotográfico y la historia del hoy veterano autor imaginan una intención propagandística para favorecer al general que ya intentaba marcar distancias de poder sobre los demás integrantes de la junta militar.

Entonces Gerretsen había cumplido los 30 años y desde 1967 venía proyectándose como audaz reportero que ganaba prestigio en su registro internacional de fotógrafo en conflictos armados (estuvo en Vietnam y Camboya). Aquel mismo 1973 obtuvo el Premio Medalla de Oro Robert Capa, junto a David Burnett y Raymond Depardon, para luego desempeñarse durante largos años en producciones de Hollywood, retratando celebridades para prestigiadas revistas del mundo.

Llevaba varios meses reporteando fotográficamente el acontecer chileno cuando se produjo el golpe civil militar de 1973 que lo llevaron a inmortalizar aquella imagen del Augusto dictador. El hombre y las circunstancias coincidieron en aquel aserto más allá de cualquier pretensión interpretativa. Gerretsen no hizo posar a Pinochet y el debutante genocida no tenía otra cara que registrara mejor sus sentimientos y aspiraciones de entonces.

Después de medio siglo, la conmemoración de los sucesos traumáticos que detonaron aquel 11 de septiembre anota una polémica no calculada por el fotógrafo neerlandés, cuyos archivos se exhiben en el Museo de Fotografía de los Países Bajos, donde se ha puesto a la venta como una postal aquel registro del genocida en su momento de gloria. La reacción de chilenos residentes no se hizo esperar, sumándose al cuestionamiento el reconocido y premiado fotógrafo nacional Luis Poirot, con el fundamento ético de comparar la circunstancia con una eventual venta como souvenir de fotos de Hitler, Franco o Mussolini.

Quizás tan sorprendido como aquel momento en la iglesia de la Gratitud Nacional, el hoy legendario Gerretsen justificó la puesta en venta de la postal, asumiendo que finalmente aquella imagen ha sido difundida mundialmente para representar “el rostro del mal, el fascismo y la opresión”, empleándose en manifestaciones para denunciar al dictador chileno.

La conmemoración estimula sensibilidades encontradas, ciertamente marcadas por vivencias y consecuencias muy diferentes de aquellos sucesos de hace medio siglo. Más allá de la aspiración del autor del aserto fotográfico que finalmente aceptó la decisión del museo para suspender la comercialización de la postal y su reflexión final poniendo en duda que los eventuales compradores la adquirieran como souvenir, ironizando con la posibilidad de que algún interesado instalara la postal de Pinochet en la muralla o puerta del refrigerador y que si lo hubieran hecho así “seguramente ha sido para usarlo como tiro al blanco”, lo cierto es que la interrogante queda abierta.

¿Qué harían con aquel souvenir distinguidos excolaboradores y todavía admiradores del legado del genocida? Parte de la denominada familia militar, viejos y nuevos nacionalistas, acérrimos admiradores del fotografiado, desde Hermógenes Pérez de Arce hasta José Antonio Kast, pasando por parlamentarios en ejercicio, probablemente ya tienen la icónica imagen en un lugar privilegiado.

Con todo, nada le quitará valor al ojo fotográfico de Chas Gerretsen.

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1 comment

Coach imagen abril 2, 2023 - 3:57 pm

Es interesante La información, pero definitivamente me parece muy poco profesional y “objetivo “ la forma en que el escritor se refiera a Augusto Pinochet. No es grato leer algo que se siente tremendamente acentuado por la ira y el resentimiento. Queremos información, general , clara y preciosa. Pero no adoctrinamientos. Triste a esta etapa de una supuesta Democracia.

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