“Recordamos que la violencia en manos del pueblo no se llama violencia, se llama Justicia revolucionaria”. (Jóvenes del partido Socialista, ¿mal- educados?).
Nostalgia revolucionaria: “Lujo melancólico de izquierda”. Producto de un “duelo imposible”. Lleno de grandes derrotas. Algunas con violentos “éxitos” que transformaron la historia del mundo. Sin victoria final. Hoy: “Tendencia conservadora sin ningún potencial de transformación”. Sin capacidad para lograr justicia social.
Por fin la franja electoral. En medio de algunos homicidios, Halloween, la Teletón, y cuentas de luz “erróneas”. (Debilidad crónica de la falta de gestión). En medio del hartazgo de las masas y desintegración política. Buscando una libertad que ¿” siempre está afuera”? Sólo sueños de futuro.
La I.A. hizo de las suyas agitando fantasmas de un pasado con miles de muertos. Apareció el Chile delfín. Lleno de personas sonrientes, con el agua hasta el cuello. Un Chile lleno de banderas. Lleno de problemas socio económicos, pero hechas de imágenes luminosas. Vi nuevamente el fuego y la destrucción de un embrión revolucionario anómico-nihilista. Melancólicamente abortado. A un millón de personas marchando pacíficamente. Vi bailes y canciones con personas de la política que “luchan siempre” por los necesitados. Con promesas que encandilan: Por la “libertad” y la “seguridad”. Aparecieron los derechos de las personas “trabajadoras”. La clase media. No vi la pobreza profunda, ni los campamentos y tomas. Sí, la venta de candidatos por sus tropas urbanas y mediáticas. Movilizando emociones negativas y positivas. Escuché grandes soluciones para las demandas y deseos materiales de los ciudadanos. Casi nada sobre las espirituales. Pocas ideas para evitar la pauperización del pueblo y de los “sobrantes”. Pero sí a muchos niños hechos naturalmente de sueños y esperanzas. Evitando ser parasitados (para no terminar como “hormigas zombis”. Infectadas con hongos parásitos). Tratando de no ser devorado por las máquinas de la elite políticas. Del consumismo depredador. Donde la pobreza es “un bien de consumo”. Eternamente neoliberal.

Vendiendo estilos de vida y pertenencia de clases. Uniformándonos. “Narcisos del bienestar”. De la grandiosidad. Donde se gana o se pierde. Donde no hay segundones. Sólo culposos y frustrados. Exitosos y fracasados. “Hoy es cada vez más dominante la idea de que la vida perfecta y el éxito – entendidos como la riqueza y el estatus social – son algo a lo que pude acceder cualquiera que se esfuerce lo suficiente”.
¿Se pondrá en juego la “hipocresía como base de la civilización”? ¿En la democracia con sus ritos eleccionarios? Como un refugio para no enfrentar una realidad “que suele (muchas veces), ser bastante horrible”. Horriblemente luminosa.
El espectáculo eleccionario sí vale. Tiene un precio visible por su acción sobre lo invisible. Sobre la apatía de la insensibilización y el letargo psíquico. Logrando un chaparrón empático con los más débiles y vulnerables. Contra la angustia y la inseguridad. Embarazando al país de sueños e ideas de futuro. De un futuro con sentido dibujado en la historia. Más allá de los acontecimientos. Obligándonos a pensar y ser reflexivamente críticos. Sin ser “maleducados”.
Pero no, a “sobre pensar”. Eso es depresivo.
(*) Citas e ideas (más las propias): “Maleducados” Renata Salecl; “Poesía del Futuro” Srecko Horvat; “Hipocresía” Slavoj Zizek; “Final de la partida. Élites, Contra élites y el camino a la Desintegración Política” PeterTurchin.