Debilitamiento institucional manifiesto. Politización judicial explícita. Caminos iluminados por la corrupción y desintegración. Realidades emergentes y visibles en una realidad política que se hace feroz. En una guerra eleccionaria donde la piedad solidaria deja de existir. Como en todas las guerras.
Competencia como guerra social, en un contexto neoliberal individualizador. Matar o dejar morir (políticamente). A veces físicamente. “Prevalencia de la fuerza entre los animales humanos”. Con visos de crueldad. La política, el lenguaje, devienen incapaces de someter la ferocidad animal. Se debilitan las estructuras de contención democráticas institucionales.
Paradojalmente, distintos análisis y estudios muestran que “El debilitamiento institucional puede ser una estrategia política. Una elección política consciente”. La fortaleza y la debilidad institucional pueden estar en el centro del conflicto político y social. Como fue en la crisis del 2019, seguida por los dos intentos fallidos de cambio constitucional.
La tolerancia a los pobres y a la presencia de campamentos ha aumentado. En términos formales se hace poco para financiar formalmente el trabajo y vivienda para los pobres. De forma complementaria, la “tolerancia del Estado hacia actividades ilegales como la venta ambulante, trabajo informal y la ocupación indebida” ha sido permanente y creciente (salvo excepciones). Esto ha generado una “distribución considerable de recursos a los pobres”. Se ha creado un “Estado de bienestar informal” que generaría una forma de “justicia social liquida”. Permitida por una tolerancia o no aplicación deliberada de la ley, con una “redistribución de recursos hacia abajo”. El Estado deja que suceda ¿y/o incentiva? Basta ver la presencia reconocida de un amplio “fraude social” en la solicitud y distribución de beneficios sociales, junto a los abusos con licencias médicas. Lo mismo podría decirse sobre la inmigración ilegal y la presencia de migrantes con puestos de trabajo irregulares como “recursos” laborales asociados a un fomento de un “rejuvenecimiento” poblacional.
Respecto a la política, la mayoría de los estudios muestran en los gobiernos intentos de diseños o rediseños de las normas electorales. Guiadas por objetivos a largo plazo y motivados por interés propio: maximizar su ventaja en los comicios. Los presidentes intentan alargar o disminuir los períodos de gobierno facilitando o inhibiendo reelecciones. Por su parte, el sistema judicial alteraría sus decisiones mirando los cambios de gobierno próximos. Normas, leyes y procedimientos vulnerados estratégicamente, y si es necesario, tácticamente. Para evitar la extinción.

Por otro lado, la teoría de la desviación social reconoce que conductas desviadas como el consumo de drogas y la delincuencia, con su ligazón a la violencia, pero humanas, no pueden ser suprimidas. Sí controladas en un límite “tolerable” para minimizar los daños evitando el dolor y la muerte. Pero la guerra, el crimen organizado con su vertiente terrorista, no pueden compartir esta mirada “comprensiva” y entendible. Esto es, por su” ferocidad animal”, donde no existe la piedad. Una “desintegración moral y psíquica, psicopática”. Donde se disuelve el bien.
Finalmente, la falta de bien, junto a la presencia de un liberalismo extremo desregulado donde naufraga la ética, nos arrojan a un “fracaso del proyecto humanista y universalista que tomó el nombre de “civilización”. Víctimas de una “ferocidad animal” que permea el mundo. Donde pareciera no existir la bondad, ni el perdón.
Intertextualidad: “Pensar después de Gaza. Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano. Franco Berardi Bifo; “La ley y la trampa en América Latina”. María Victoria Murillo, Steven Levitsky, Daniel Brinks.