Cuando aparezca hoy la presente edición de “La Nueva Mirada”, al mismo tiempo, al mediodía, estará entrando a La Moneda el escritor y siquiatra Marco Antonio De la Parra a recibir el Premio a las Artes Escénicas Nacionales Presidente de la República, en la categoría Autores de Obras Escénicas, que reconoce la excelencia, creatividad y labor de artistas, elencos y/o compañías que han aportado al desarrollo del sector desde diversas disciplinas.
Pero, todo aquello no será del todo verdadero. La Medalla y el Diploma, su reconocimiento, por cierto, serán reales, pero lo que sucederá, en realidad, será otra cosa. Las Artes y las Culturas por un mediodía de un mediosueño, de una mediavictoria, de una mediaderrota, se tomarán La Moneda en una insurrección de la belleza. La insolencia de decir las cosas bellas, a nombre del amanecer en destierro del olvido en el atardecer, será la avanzada para tomarse el poder del país por una mediamañana, por una mediaeternidad.
Se siente, se siente… ¡Marco Antonio, presidente!
Rodearán La Moneda las ideas insurgentes, primigenias, del autor señalado. Como el “Matatangos” y “Para una pronta solución a la crisis del fútbol nacional”, tan necesaria para cambiarle el rostro al primer deporte nacional, serán las primeras medidas de su Gobierno. Y, más aún, -como nos avisan esta mañana- habrá aviones a chorro que se desplegarán arteros en el aire con “Lo Crudo, lo cocido y lo podrido”. Las palabras bien dichas, los rocket del idioma en tiempos prohibidos, adquirirán el zumbido del poder y no existirán defensas que puedan evitar el tronar metafórico, ante el idioma teatral. No podrán esquivar el talento de las ideas creativas arriba del escenario.
¡Marco Antonio, presidente, ciudadanas y ciudadanos!
El dramaturgo encabecerá un gobierno de facto con el teatro, en La Moneda.

La puesta en escena volverá a ser un invento humano milenario, de encuentro entre las personas que nunca se conocieron, en una máquina del tiempo, en una caja mágica, en una sala, que es el país de añares. Su talento respetará la Constitución escrita miles años atrás de la “Poética” por Aristóteles y buscará –como buen siquiatra- la catarsis en los espectadores, ciudadanos y ciudadanas del país, para que sientan, vivan, piensen, en una inteligencia iniciática, en el valor de la gracia arriba de un escenario.
Invadirá el país con Marx y Freud semipiluchos con “La secreta obscenidad de cada día” ante el espanto del teatro isabelino. Declarará el Estado de Sitio para imponer “El deseo de toda ciudadana” para que nadie se queje. Y quién incumpla la ley, los declarará arriba de las tablas como “Infieles”. A los de poca comprensión lectora los mandará a adivinar el contenido de “King Kong Palace o el exilio de Tarzán (: tragedia cuasi operática en cuatro actos)”. Y a los más aplicados, los pondrá a prueba con “Dostoyevski va a la playa”.
Desplegado en otras latitudes, su pluma seguirá trazando los planos del nuevo país poniendo arriba de los escenarios “El padre muerto” y apuntará sus cañones desde la vieja máquina de escribir en “Límites (: o los cuerpos del delito)”, así como en el vuelo de “Dédalus en el vientre de la bestia”.
Aunque sea por una mediamañana, por una mediaeternidad.
¡Marco Antonio, presidente, compatriotas!
Gobernará por decretos y secretos con la luz negra de los momentos dramáticos de la iluminación teatral. Sus personajes, ministros del Teatro de la Palabra, dirán sus textos en “La tierra insomne o La puta madre” y de la “Penúltima comedia inglesa”. Se unirán al baile fallido con “Tristán & Isolda: bolero estático” y con “Telémaco/Subeuropa o el padre ausente”.
El país tendrá a un “Héroe” y a una “Heroína: el mito del nacimiento del héroe”, ambos con los pies en el teatro. Su geopolítica se ensanchará en “El continente negro” y su amor enamorado se cuestionará con “Ofelia o la madre muerta (o la pureza)” o con “Lucrecia & Judith: comedia sin cabeza”.

Sin duda, De la Parra tocará la campana en todas las escuelas, colegios y liceos del país en defensa de la Educación Pública. Reconocerá su domicilio original escribiendo – reescribiendo- el decreto de “Gobernar es educar” para siempre en “La pequeña historia de Chile”. El país se llenará de bibliotecas y todos los colegios levantarán salas de teatro para las funciones de las Artes por el Primer Derecho Humano de Vivir las Artes, que bien revindicara el escritor Francisco Zañartu en un sueño que tuvo hace unos años atrás.
Aunque sea por una mediamañana, por una mediaeternidad.
¡Marco Antonio, presidente!

La Moneda será bombardeada por “El Teatro de la Patria o la Patria del Teatro” con la reflexión perenne de “Míster Shakespeare”, como la narrativa para hacer de Chile y de cada uno de sus habitantes, una función para reflexionar por los valores mágicos y humanistas de las Artes. Por sobre el conveniente discurso de la seguridad y el miedo.
Por un instante de la historia, el presidente será un navegante en un viaje virtuoso de más de cien obras de teatro escritas, que interrogan -que reclaman un país- desde el pensamiento crítico y por la diversidad de pensamiento, que pone por delante la existencia del principio de la solidaridad, basado en la condición humana, como lo señalaba un hombre sabio años atrás.

Será un embajador eterno que distribuye la palabra en todos los idiomas pronunciados, en todas las europas, en todas las américas, en los continentes de los teatros del mundo, con más de 400 estrenos en Chile y en todo el orbe.
La obra teatral de Marco Antonio de la Parra, en esta mañana de jueves de diciembre, tendrá el reconocimiento de sus autoridades y de su pueblo para presidir la belleza escénica en el país.
Sin embargo, cerca de la una de la tarde, la ceremonia de entrega de premios a las Artes Escénicas Nacionales Presidente de la República, en la categoría Autores de Obras Escénicas, que reconoce la excelencia, creatividad y labor de artistas, elencos y/o compañías, habrá concluido. Y así, también, la presidencia de Chile de Marco Antonio.

Sus obras dirán lo contrario, una vez más. Porfiadamente, se seguirán estrenando, iluminando los escenarios del teatro del mundo.
Por una mediaeternidad.
1 comment
Excelente… Por un momento el País Real se tomará el poder del país estructural en que nos encontramos…